jueves, 27 de diciembre de 2012

St. Cowell´s Institution. ~Novela Colectiva. ~Parte 5.

ST. COWELL´S INSTITUTION - Parte V.

 #REGINA.

NOMBRE COMPLETO: Regina Sound Field
OCUPACIÓN: Doctora, especialidad en bipolaridad
FICHA COMPLETA AQUÍ




Estaba caminando por St. Cowell, leyendo el expediente de una pacienta -Emmeline Bryanette ….estrés, depresión y bipolaridad – leía en mi planilla el caso de Emmeline. Pobre, ya casi nadie le ve esperanzas, solo Edward, yo y algunos otros. Yo creo que si se curara, es muy buena y es muy positiva -cuando no esta depresiva-

-Sus parientes vienen de vez en cuando…. – continúe leyendo -A veces recuerda los abusos que sufrió en el colegio…- trague en seco -Colegio…-pensé. Y los recuerdos vinieron a mi mente.



*5 de Mayo de 2002



Caminaba por los pasillos de la odiosa escuela. Normalmente no me notaban pero hoy toda la atención estaba en mi. La gente me veía y después se secreteaba con sus amigos, al parecer ya se habían enterado de lo que sucedió ayer. Tiré mis libros al suelo y empecé a correr por los pasillos. Entre al baño corriendo y con las lagrimas apunto de caer, en el instante que entre todas las que estaban ahí salieron corriendo. Las lágrimas cayeron, era seguro, ya todos lo sabían. Me sentía la persona más tonta el mundo,

- ¿Porque hice eso? - me preguntaba desconsolada. -Pero es que, yo solo ataque a la Miss Sophia porque… porque… - buscaba alguna excusa para consolarme. Estaba triste, pero de repente un enojo se apodero de mi, me odiaba. Me odiaba por haber echo eso, por ser tan fea, por ser yo, por existir, por todo. Me levante de la equina del baño.

-Soy una basura, no sirvo para nada- me repetía enojada, mientras caminaba hacia el gran espejo que había tras los lavabos.

Con el puño de mi mano, di varios golpes al vidrio del baño, haciendo que se rompiera en miles de pedazos muy filosos. Tome uno con cuidado y con una esquina, empecé a hacerme pequeñas cortadas en mi brazo izquierdo, una, dos, tres, cinco, diez. Entre mas me hacia mas grandes y mas profundas eran las cortadas. La sangre caía por mi brazo. Pero me empezaron a aburrir esas cortadas, quería algo más unas simples cicatrices. Así que tome el vidrio, apunte con la esquina mas filosa y puntiaguda hacia mi estomago, pensaba clavármelo, pero antes de que pudiera hacerme mas daño, la psicóloga entro por la puerta del baño, al parecer se había enterado que vine aquí y seguramente ya sospechaba que estaba loca después del incidente que tuve con la Miss Sophia, donde ataque a esa maestra por que mi lápiz se rompió, luego me puse a llorar sin consuelo y después casi la mato de nuevo.

En el momento en que vi a la maestra, gire mi cabeza hacía mi brazo que estaba prácticamente desangrándose y empecé a llorar, ahora me odiaba a mi misma aun más. Después me desmaye.

Desperté con un dolor de cabeza horrible, abrí los ojos de poco en poco y me di cuenta que estaba en mi habitación. Mire mi brazo con la esperanza de que todo había sido un sueño y que apenas me levantaría para ir a la escuela. Mi brazo estaba vendado, lentamente empecé a quitar la venda y vi todas y cada una de las cortadas que me había echo. Cuando las vi, un grito salió de mi boca.

Mi mama entro a mi cuarto corriendo, sus ojos estaban rojos e hinchados al parecer de tanto llorar. Cuando vio que me había quitado la venda se acercó a mi y me la puso de nuevo.

-Hola mi amor, que bueno que ya despertaste-dijo con el tono de alegría y la sonrisa mas fingida en todo el mundo. Estaba a punto de preguntar que había sucedido, aunque sabía perfectamente lo que paso. Pero antes de que pudiera preguntar entro la psicóloga de la escuela, junto con otra señora. La señora se presento, se llamaba Melanie y era doctora. Me hicieron unas cuantas preguntas sobre lo de la maestra, lo ocurrido en el baño y mi actitud Al final me dijeron algo que no me hubiera gustado escuchar, era bipolar.

Después de eso deje de ir a clases en esa escuela, me metieron a una escuela “especial” con mas personas de mi clase, llamada Jergens. Ahí me explicaban sobre mi enfermedad, me enseñaban a controlarla y también me daban clases normales para no atrasarme, al final del día mi mama pasaba por mi y me llevaba a casa. Pasaron los años y me dejaron ir, obviamente no estaba completamente curada, porque la bipolaridad nunca se cura, pero era controlable mientras me tomara un medicamento. Cuando salí de la escuela, ya estaba lista para entrar a la universidad. Ya sabía que quería estudiar, quería ser doctora y ayudar a las personas que tenían mi misma enfermedad.

*

No me gustaba recordar eso, pero ¿Cómo quería olvidarme de eso, si estaba en un internado para gente con problemas y trataba pacientes todo el tiempo? Definitivamente nunca lo olvidaría.

Después de terminar de leer el expediente de Emmeline, revise mi horario.

- Nada hasta las nueve de la noche-pensé y después vi mi reloj que marcaba las siete cuarenta y cinco. ¿Qué iba a hacer todo este tiempo?

–Regina, Regina- dijo alguien detrás de mi. Gire y pude ver que era el Doctor William. –¿Tienes algo en tu horario ahora?-dijo como si me leyera la mente.

-No, ¿Por qué?-

-¡Que bueno!-dijo feliz- Es que a Eilsel le dio como… un “ataque” ¿Me podrías acompañar a verla?-

-Si claro-

-Genial, entonces vamos-William empezó a caminar y yo lo seguí. Llegamos a la oficina del doctor Joe. Tocamos antes de entrar y un “pase” se escucho del otro lado de la puerta. William se quedo en la puerta y se despidió de mi, pues tenía que ir.

- Regina- dijo sonriente –Que bueno que llegas, es que tengo un problemita con Eilsel-dijo Joe. Eilsel estaba en una orilla hablando sola y él estaba frente a ella.

-¿Qué sucedío?- pregunte.

-Estaba dándole terapia, cuando ella empezó a platicar con “Reslie”, “Reslie” le dijo que se fuera de la terapia, pero Eilsel no quería y empezaron a pelear- dijo –Ya intente todo para que dejen de “pelear” pero no me hace caso- dijo frustrado.

-Mmmm…Voy a intentar-dije acercándome lentamente a la esquina donde estaba Eilsel.

-Hola Eilsel-dije, estaba incada enfrente de ella. Eilsel ni se percato que estaba allí y siguió hablando con “Reslie”. Después de varios intentos fallidos de que me hiciera caso, me levante de donde estaba y fui con Joe.

-¿Ya le dijiste a Remington? Eilsel se lleva muy bien con el-dije al ver mi fracaso en ayudarla. Joe negó con la cabeza y una sonrisa triunfante apareció en su rostro. –Voy por el, quédate aquí-dijo, yo asentí y después el desapareció por la puerta. Vi mi reloj que marcaba las ocho cuarenta y cinco, en quince minutos tengo que estar de guardia en la sección roja. Volví mi mirada a Eilsel, que seguía igual a como estaba cuando llegue. Me acerque de nuevo y me senté alado de ella.

-Eilsel-dije tratando de llamar su atención, pero nada. –Eilsel-repetí. Y otra vez nada, seguía “peleando” con “Reslie”. Intente un par de veces mas sin obtener éxito, después entro Joe con Remington. Me pare de donde estaba. Revise mi reloj, ocho cincuenta y ocho, tendría que apurarme si quería llegar a tiempo. Me acerque a Joe y a Remington.

-No eh podido, sigue “peleando”-les dije a ambos. Tome mi planilla que había dejado encima de una mesita, me despedí y me fui.

Fui corriendo a los pasillos donde se encontraban los cuartos de los pacientes. Me toca hacer guardia en la zona roja hasta las doce, es decir tengo que estar cuidando a los pacientes hasta que acabe mi turno.

Dieron las doce de la noche y otro doctor vino a tomar mi lugar. Sal, me subí a mi Mercedes y fuí rumbo a mi departamento. Fui a mi habitación y me quede dormida

Sonó mi despertador, me levante, me bañe, me vestí y salí de mi departamento. Cuando llegue encontré a Louis que también venía llegado a St.Cowell.

-Hola Regina- dijo saludándome con un beso en la mejilla. Como era la única chica en el personal de St. Cowell -bueno no la única, también estaban las secretarias, pero ellas ya eran una viejitas amargadas- me llevaba con puros hombres doctores, enfermeros y bueno los pacientes y pacientas.

-Hola Louis- dije sonriente -¿Hoy a quien vas a tratar?- pregunte mientras me ponía mi bata blanca de doctora. El trato de hacer memoria, no recordaba bien a quien le tocaba tratar aunque ya llevaba tiempo aquí y el horario era el mismo todas las semanas, solo cambiaban cuando le pedíamos a alguien en especial que viniera a nuestra oficina o algo similar.

-Mmmm…. Creo que a Emmeline y a Lilian- dijo dudoso -¿A ti?-

- A Quinn y Charlotte, claro si se dejan tratar- Louis río ante mi comentario. Quinn y Charlotte eran de las pecientas mas “rebeldes”. Charlotee había mejorado mucho pero a veces se pone depresiva y es mas difícil así. Y bueno Quinn, rebelde hasta morir, a veces copera a veces no. -Y voy a darle una visita a Kelsey, ayer fui por ella para que comiera, pero me tuve que ir, entonces no se si vomito algo o no, así que hoy que tengo tiempo me fijare muy bien de que no vomite nada-

-Muy bien, bueno me despido, yo voy para acá- dijo señalando un pasillo hacia la izquierda, para luego dar la vuelta. Louis era con el que mas me llevaba de todos, soy mas grande que el, pero es muy gracioso y me caí muy bien.

Mientras caminaba hacia mi oficina pase alado de la del Dr .Joseph, al rato le voy a preguntar que paso con Eilsel. No, mejor le pregunto a Remington, porque Joe es algo raro, es bueno, amable y a la vez muy distante. De echo creo que eh hablado mas con el Dr.Cowell que con el. La única explicación es que es muy dedicado a su trabajo y no tenga ni tiempo para hablarme o simplemente le caigo mal. Ayer fue la primera vez -sin contar cuando llegue a St.Cowell- que hablo con el más de un “hola” y un “adiós”. A veces hablamos cuando me tiene que decir algo personalmente, si no prefiere mandar a alguien a que me lo diga.

Entre a mi oficina y empecé a arreglar algunas cosas en lo que Quinn llega a su terapia de hoy.



#JOE

NOMBRE COMPLETO:Joseph Jonas
OCUPACIÓN: Doctor, especialista en bipolaridad
FICHA COMPLETA AQUÍ



*Enero 7, 2010

-Tiene que estar cien por ciento comprometido con su trabajo, nada de juegos, ni bromas. Aquí lo mas importante son los pacientes, ellos pagan para que los ayudemos, si veo que hay algún problema lo correré de inmediato- dijo el Dr. Cowell, yo asentí.



-No puedes tener relaciones sentimentales, ni con pacientes, ni con personal de St.Cowell-continuo Simon con las reglas, yo volví a asentir –No quiero que haya problemas después, señor Joseph- dijo mirándome seriamente a los ojos.

-No para nada señor- conteste, ese día yo estaba muy nervioso. Era nuevo y no conocía a Simon. El se veía tan serio y daba tanto miedo, que hasta pensé salir corriendo. Y lo hubiera echo, en ese momento no sabia que esta ultima regla me traería tantos problemas.

-Bienvenido a St.Cowell, usted es un gran medico, que bueno que trabaje con nosotros-

-Gracias-

-Bueno, esta es la llave de su consultorio -dijo entregándomela- ya sabe las reglas y donde esta, trabaje bien-

-Si claro señor-dije para después salir de su oficina. St.Cowell se veía un lugar muy bueno para trabajar. Tenia un ambiente tranquilo y el personal no se veían malas personas –hablo de los médicos y enfermeros- pues las secretarias se veían tan… no se como, simplemente daban miedo.

*

Como mencione antes, las reglas no me molestaron –los primeros años- Soy una persona muy seria y comprometida con su trabajo, aparte de que no venía a buscar novia, venia por un buen empleo -en ese momento, claro- Pues con el paso del tiempo, me di cuenta que aunque St.Cowell es un gran lugar para trabajar, yo ya no tengo nada de vida social, me dedico en cuerpo y alma a los pacientes y bueno eso no me molestaba tanto, hasta que ella llego. Con una sonrisa hermosa, unos ojos preciosos, personalidad única, ella era perfecta. Llego 2 años después de que yo había llegado a St.Cowell. Llego para ser la primera doctora en todo St.Cowell. Creo que fui en único que se dio cuenta de eso, -al parecer porque la mayoría si se tomo enserio esa regla de “No pueden tener relaciones sentimentales, ni con pacientes, ni con personal de St.Cowell”- por que la tratan como uno mas.

Cuando llego, yo quise ser su amigo. Me presente amablemente y trate de hacerle platica, pero eso solo funciono para quedar mas enamorado de ella, por que aparte de ser hermosa, tiene una gran personalidad. Paso el tiempo y me di cuenta que ella era una gran chica, cada día me enamoraba mas. Pensé seriamente en salirme de St.Cowell e ir a trabajar a otro lugar, no soportaría verla todos los días y saber que nunca seremos más que amigos. Pero cuando estaba planeando todo -buscar otro empleo, mi renuncia, etc- me di cuenta que tampoco podría vivir sin ella, tal vez nunca seamos mas que amigos, pero por lo menos la veré todos los días que ella trabaje aquí. Así que me quede en St.Cowell. Traté de ser su amigo, pero no pude; así que preferí ser solamente un compañero de trabajo. Algunos piensan que soy muy cortante cuando le hablo, pero si platico mucho con ella, estoy seguro que algún día no me aguantare las ganas de decirle que siento algo.

Hoy no tenía mucho que hacer, un par de consultas y ya. Me levante, me arregle, salí de mi departamento, me subí a mi auto y fui a St.Cowell. Trate a algunos pacientes, hasta que todos tuvieron que ir al taller recreativo, donde los esperaba el Dr.Cowell. Arregle algunas cosas, trate a mas pacientes y por fin llego la hora del ultimo paciente.

-Eilsel Leandra Avlis…-leí mi horario. -Mmmm… Eilsel es una gran chica, cuando no esta hablando con “los demonios” –es decir, casi nunca- La eh tratado de ayudar, pero no mejora mucho- pensé, recordando las últimas terapias.

-Hola doctor Joseph-dijo Eilsel abriendo la puerta-Vine a mi consulta de hoy- dijo sonriente. –Perfecto-pensé –Viene con ganas de trabajar-

-Hola Eilsel- dije devolviéndole la sonrisa-¿Cómo estas hoy?-pregunte haciéndole un ademán para que se sentara en el sillón.

-Muy bien-

-Que bueno-dije buscando mi libreta para apuntar lo que Eilsel me dijera hoy.

La terapia iba excelente, podría decir que la mejor que hemos tenido. Eilsel estaba cooperando mucho y hasta ahorita no habíamos tenido aparición de sus tantas personalidades. Pero cuando todo parece perfecto, siempre sucede algo malo. No habían aparecido las personalidades de Eilsel. Hasta que apareció “Reslie” y empezaron a pelear. Por lo que puede ver, peleaban por que “Reslie” le decía a Eilsel que se fuera de la terapia, pero Eilsel no quería, así que se paro y empezó a aventar cosas, después se tiro en una esquina a seguir peleando. Trate de que dejara de “pelear”, pero no me hacia caso. Al escuchar el ruido y los gritos que Eilsel daba de vez en cuando, el Dr. William vino. Me trato de ayudar, pero al igual que yo no tuvo éxito. Así que William decidió ir a buscar a Regina para que nos ayudara. Después de un tiempo volvió con Regina y se fue. Ella trato de ayudar y después de varios intentos fallidos, se paro y dijo que llamará a Remington. Él era con el que mejor se llevaba Eilsel así que igual y podría ayudarme. Fui por el y Regina se quedo con Eilsel. Encontré a Remington, quien no dudo en ayudarme, el sentía mucha lastima por Eilsel y siempre que podía la ayudaba. Volví con Remington y Regina se tuvo que ir.

Remington se acercó a Eilsel y se sentó alado de ella.
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Un bello joven de ojos zafiro, cabellos negros y apariencia varonil, bajó de un lujoso Mercedes negro estacionado a un costado del St.Cowells. Habló con el guardia de la entrada, presentándose como el nuevo médico, informándole que tenía una reunión con Simon Cowell, el director del hospital. Amablemente, el guardia le dio las indicaciones para llegar a la oficina y, enseguida, dirigió sus pasos hacia el interior del recinto.

En su andar por los pasillos, las enfermeras y secretarias, más bien, las mujeres en general, se daban vuelta a mirarle con ojos maravillados, para luego, murmurar sobre él a sus espaldas. Su belleza extravagante, su buen porte y elegancia y, su fina caballerosidad las dejó literalmente locas.

El muchacho sonrió orgulloso de sí mismo, aumentando su ego a índices inimaginables, sintiéndose satisfecho por la impresión causada en las mujeres del lugar. Él a donde sea que fuese, arrasaba entre las féminas con su cautivante aire varonil y singular encanto; pero cuando te internabas en su mundo descubrías a un ser totalmente distinto. Cuando su careta caía, despertaba el monstruo frío y cruel que llevaba por dentro, por eso, aunque era un médico exitoso y renombrado, era un hombre solitario y de muy mal genio. Su nombre… William Stephenson, alias Will.

Tras subir por unas escaleras, llegó a la oficina del director del hospital. La secretaria al verle, se apresuró en comunicarle al director de su llegada, haciéndolo pasar de forma casi inmediata. El muchacho ingresó al despacho saludando cortésmente y, así tomó asiento frente al escritorio del hombre.

―¡Me alegra que haya decidido aceptar el trabajo, Señor Stephenson!

―Debo decir que lo pensé bastante, no podía rechazar vuestra invitación ni menos dejar la consulta a la deriva. Pero espero poder dividir mi tiempo en ambas cosas— explicó cruzándose de brazos.

―Recibí muchas recomendaciones sobre usted, así que espero lo mejor de su trabajo profesional. Voy necesitar que ponga mucho entusiasmo a esto. Le advierto que los casos que deseo que vea no son para nada sencillos y, hay un caso en especial que quiero que revise. Ya no sé a quien más recurrir. — El moreno miró con interés al hombre, prestándole su total atención—. He contratado a tantos psiquiatras para que ayuden a este paciente y todo ha sido en vano; usted es mi última esperanza. — El hombre suspiró apesadumbrado.

―Ya me lo habían comentado… Había escuchado algunos rumores, pero no comprendo que tan difícil puede ser… Por lo que leí en el informe que me envió, sólo se trata de un trastorno esquizoafectivo…— reflexionó con tono preocupado.

―Puede que eso suene fácil, pero le advierto que todos los colegas que han trabajado en este caso, han renunciado de forma imprevista…— dijo el director con aire sombrío.

―No comprendo, Director Cowell…

―Se volvieron locos, literalmente―soltó con ironía―. Salieron corriendo de aquí, diciendo que jamás volverían a pisar un hospital psiquiátrico o que dejarían de ejercer su profesión… El último médico que intentó tratarlo duró una semana…— El rubio miró al director con cara de "esto es una broma", pero notó rápidamente que el hombre hablaba muy en serio—. Puede comenzar a trabajar ahora mismo. Mañana ya empezará con los demás casos. Le pediré a su asistente que le entregue la ficha del paciente y lo lleve hasta ella— dijo poniéndose de pie para invitarlo a salir de la oficina, dejando al joven médico al borde de la duda: ¿tan peligrosa era su nueva paciente o sólo era una especie de broma de mal gusto?

―De acuerdo.

El muchacho se levantó y lo siguió a través de la puerta, por unos pasillos angostos a la sala de médicos, donde estaba su casillero y el resto de los hombres y mujeres que allí trabajaban. Entre la gente que había, Will pudo distinguir a una muchacha rubia con delantal blanco, que buscaba en un estante las fichas de los pacientes, suponiendo, en seguida, que esa doctora era de su misma especialidad.

El hombre mayor llamó a la joven que Will miraba, su nombre era Regina, la que volteó a mirar buscando el origen de la voz que pronunciaba su nombre, a la vez que arrojaba al suelo varios papeles. Will se acercó a ella para ayudarla.

―¿Usted debe ser William Stephenson?— Yuki asintió—.Estaba buscando la ficha de tu nueva paciente y no la encontraba por ningún lado, pero ya la tengo. — La mujer le entregó el papel, mientras el moreno dejaba sobre la mesa las hojas que habían caído.

―¿Serás mi compañera, verdad?— preguntó desinteresado ojeando el expediente.

―¡Sí! Espero que tenga mejor suerte que el médico anterior que estuvo con Nicoletta.

―No te preocupes… Sé hacer bien mi trabajo…— Regina miró al nuevo de pies a cabeza. Se notaba que el muchacho tenía dinero, su apariencia en sí decía que venía de una muy buena familia, además era guapo y elegante, un verdadero adonis, pero por alguna razón, se mostraba frío y distante—. Déjame leer la ficha y cuando termine te busco para que me lleves con la paciente, no sé muy bien dónde queda.

―¡Vale! Iré a hacer otras cosas por mientras. Si me necesitas estaré en el jardín. — Will asintió sin ánimos y, luego de varios minutos mirando a la nada, por fin quedó absolutamente solo en la sala.


Ficha Médica Nº 126

Nombre : Nicoletta Williamsom.

Fecha de nacimiento : 16 de abril

Edad : 19 años

Sexo : Femenino.

Años interno : 3 años

Diagnóstico : Trastorno Esquizoafectivo

Descripción: Las causas de su enfermedad mental son completamente desconocidas. Presenta cuadros psicóticos, actitudes bipolares altamente depresivas y, proyecta una imagen materna sobre un peluche que tiene consigo. Por alguna razón ha impedido la aplicación de los tratamientos, por lo que se encuentra aislado y se le prohíbe estrictamente el contacto con otros pacientes. Se desconoce su antipatía hacia los médicos tratantes.

Will continuó ojeando el expediente, aún preguntándose qué tan peligroso y difícil sería curar a su paciente esquizofrénica, más si se trataba de una enfermedad que había tratado con éxito en varias oportunidades. Confiaba plenamente en sus conocimientos y en su profesionalismo, estando seguro que sus colegas anteriores no eran más que una manada de incompetentes. Cerró el documento confiado y con él salió del salón rumbo al jardín en busca de Regina.

Cuando llegó a ella, la divisó cerca de una fuente de agua junto a varios internos, haciendo juegos sin sentido para entretenerlos y así evitar que se pelearan. El médico llegó junto a ella con paso cauteloso, no deseaba interrumpirla pero, curiosamente, estaba muy ansioso por conocer a Nicoletta, a pesar de todas las advertencias. Regina vio al rubio acercarse, saliendo a su encuentro en seguida, no sin antes encargarle a otro muchacho que cuidara de los enfermos.

―¿Está listo?— consultó con tono ingenuo al doctor, el que sólo asintió—. ¡Bien! ¡Sígueme!— le ordenó mientras caminaba en dirección al edificio del hospital.

Caminaron por un ancho pasillo hasta llegar a las escaleras, subiendo una por una hasta el tercer piso. Todo el lugar olía a hospital, todo pintado y ornamentado con un blanco radiante. El pasillo estaba despejado, no era como los hospitales normales, pues no habían mesas ni camillas ni carros de aluminio con utensilios médicos, sólo se observaban puertas y más puertas a ambos lados del pasillo, todas del mismo color de las murallas: blanco.

Avanzaron hasta la cuarta puerta del lado izquierdo. Regina sacó las llaves de uno de los bolsillos de su delantal y, antes de abrir, dejó que el médico mirara a través de la ventanilla de la puerta. Will se acercó al vidrio y escudriñó con la mirada cada rincón de la habitación acolchada: allí estaba su paciente, sentada en un rincón del lugar, abrazando algo que Will identificó como el peluche mencionado en el expediente.

Regina abrió la puerta, pidiéndole al doctor que esperara un momento antes de entrar, para primero, asegurarse de que "Nicca" estuviera de ánimo para recibirlo. Ingresó de forma sigilosa para no llamar la atención de la chica, quien apenas sintió la puerta abrirse, pero que sí notó la presencia de la enfermera. Alzó la mirada con parsimonia y contempló por unos momentos a la mujer que se le acercaba.

―¡¿Nicca?— llamó simulando calma. La rubia la ignoró bajando la mirada—. Tu nuevo médico está aquí. ¿Le haré pasar, de acuerdo?— No recibió respuesta. Regina suspiró y volvió junto a Will.

―Me ignoró rotundamente— susurró Regina —. Pero no parece estar de mal humor. Tenga cuidado— le dijo en tono preocupado.

―No te preocupes. Sé tratar con este tipo de personas…

―De todas maneras, le dejó unos calmantes— le extendió una jeringa y un frasquito etiquetado junto a las llaves—. ¡Suerte!— Will sonrió calmado y guardando los objetos, ingresó al cuarto con cautela cerrando la puerta tras sí con llave.

"Aquí viene el nuevo", pensó la rubia sin quitarle la vista de encima a su peluche. "Pobre, no sabe lo que le espera… haré que se arrepienta de haber aceptado el trabajo", Nicca continuó hablando para sus adentros moviendo las manitas del peluche, sin tomar en cuenta que su nuevo médico estaba sentado frente a ella, observándole detenidamente. Cuando comenzó a sentirse incómoda con la penetrante mirada del moreno, se atrevió a dirigirle la palabra.

―¡¿Qué miras?— dijo por fin con cierta insolencia, esperando algún tipo de reacción por parte del doctor, a quien aún no se atrevía a mirar.

Will no respondió, de hecho sólo se había dedicado a mirarle y no había puesto atención a sus palabras. Por lo que veía, Nicca demostraba menos edad de la que tenía, en realidad parecía una niña; sus cabellos eran brillantemente rubios y estaban esparcidos desordenadamente por su cabeza. Por lo que podía apreciar era bastante delgada y al parecer no muy alta, tenía un aspecto bastante aniñado y sus ojos aún no podía verlos. Esto lo hizo sentirse inquieto, surgiendo en él la necesidad de poder contemplar los ojos de su paciente.

―¿Te llamas Nicca, no?— La chica le ignoró, acercando el peluche a su boca para susurrarle. Will miró extrañado la acción, parecía que su paciente hablaba con el conejo de peluche.

―A mamá no le agradas…— dijo al fin levantando la vista, encontrándose con la belleza del moreno.

Tanto Will como Nicoletta se quedaron pasmados observando al otro, como si hubiesen encontrado un tesoro invaluable. El médico contempló extasiado las profundas orbes violáceas que adornaban el rostro de la muchacha, sintiéndose, por un momento, volar entre las nubes gracias a la extraña belleza de la rubia, la cual de forma inesperada había cautivado sus sentidos.

Nicca, en cambio, observó los ojos azules del moreno y deseó perderse en ellos, pensado para sí que jamás en su vida había visto algo que se le equiparase. "Es guapo… parece un ángel", pensó la chica para sus adentros.

―¿Quién es mamá?— preguntó confundido poniendo los pies en la tierra, otra vez. Nicca volvió en sí y, a modo de respuesta, indicó al peluche en sus manos—. ¿"Eso" es tu mamá?— Will indicó el conejo rosado.

―No le digas "eso". ¡Es mi mamá!— le recriminó.

―Pero es un peluche… un conejo de peluche— dijo con ironía, esperando ver la reacción de la muchacha.

―¿Eres tonto?— inquirió con plena confianza en lo que diría—. ¡¿No ves que no es un peluche? Es mi mamá, no la insultes. Además, a ella no le agradas y a mí tampoco. — El médico sonrió ante la explicación de la chica, aunque, ciertamente, le causó risa el hecho de tratarlo de tonto por no darse cuenta que era su mamá y no un peluche, se había contenido las ganas de reír a carcajadas, pero ya estaba acostumbrado a los disparates que hablaban los enfermos mentales.

―¿Y por qué no le agrado si ni siquiera me conoce?— preguntó tratando de entrar en el juego

―Porque cree que eres igual de inepto que los demás médicos.

―Dile que en eso se equivoca… no soy ningún inepto. — Nicca le miró con desconfianza—. Seré el último médico que te controle. Te lo aseguro…— La rubia no respondió. Miró al conejo por unos instantes mientras pensaba en la posibilidad de hacerle tragar sus palabras al moreno. Hasta ese momento nadie había podido curarle y él no sería la excepción.

―¿Quieres ser mi amigo?— preguntó con cierta inocencia—. Nicca nunca ha tenido un amigo… sólo tiene a Mamá. — Sus palabras tomaron por sorpresa al médico—. No me gusta estar sola…— Will notó como unas pequeñas lágrimas caían por los bellos amatistas de Nicca. Hace algunos momentos no era más que un cría engreída y ahora lloraba casi como Magdalena. No se sorprendió por ello, después de todo, la chica era bipolar y al parecer padecía algún tipo de trastorno de personalidad.

―No hay problema si empezamos siendo amigos. — Will sonrió cordialmente mientras tomaba a la chica en brazos, quien hecha un ovillo, se acurrucó en su pecho como un gatito. "Que tonto", pensó Nicca refiriéndose al moreno, escondiendo su cara entre el blanco delantal del mayor.

―¿Puedo decirte hermano?

―¿Eh?— Will le miró un tanto descolocado por la pregunta

―Es que yo…— Nicca bajó la cabeza apenado tratando de encontrar una explicación para su pregunta.

―Está bien, no es necesario que des explicaciones… Entre más nos familiaricemos será mejor para ambos.

―Ya veo… entonces, ahora serás mi hermanito— exclamó llenó de alegría, apartándose del regazo del rubio a la vez que repetía una y otra vez su nuevo "nombre" en distintos tonos para ver cómo sonaba mejor—. ¡Hermanito! ¡Hermanito! ¡ito! ¡ito! ¡Hermanito! ¡Hermanito! ¡ito! ¡ito!

―Ya basta— pidió con calma llevándose una mano a la cabeza.

―¡Hermanito! ¡Hermanito! ¡ito! ¡ito!— canturreaba felizmente mientras se movía de lado a lado, sentada con las piernas cruzadas y con Mamá tirada junto a ella. Will miró el conejo y lo tomó acariciándolo con cierta ternura.

―¡Nicca, Mamá dice que te calles!— probó callarla nuevamente y esta vez obtuvo resultados, pues la chica se detuvo al instante y en un abrir y cerrar de ojos le arrebató el peluche y se acurrucó con él en la esquina más lejana al moreno.

Will miró la acción de Nicca con plena extrañeza. Respiró hondo y sin decir nada más salió de la habitación por unos momentos. Necesitaba tomar un poco de aire y analizar su primer encuentro con la supuesta "conflictiva" paciente...

Sin embargo, todo indicaba que su estadía en el hospital iba a ser una muy larga temporada...

―¿Mamá?— llamó bajito mirando al peluche—. Él no parece mala persona... y es guapo... ¿Crees que debemos darle una oportunidad?— Miró al conejo expectante a la espera de una respuesta, para después continuar— Tienes razón, lo pondremos a prueba...

Tras salir de la habitación caminó lo más rápido que pudo hacia la cafetería: necesitaba un café y un cigarro urgente. En el camino, trataba de analizar el extraño comportamiento de la rubia, llegando a la conclusión de que su enfermedad mental era más complicada de lo que pensaba, aunque sólo se trataba de la primera impresión y, por supuesto, Will no tenía idea de todas las sorpresas que se llevaría con el paso del tiempo.

Al llegar a la cafetería, pidió a la camarera que atendía que le sirviera un café bien cargado y sin azúcar, mientras él esperaba con un cigarro. Pronto le entregaron el brebaje y así, con su café, se dio un pequeño descanso después de ese "extraño" encuentro con Nicca.

"Espero no terminar loco", se dijo para sí después de un rato de reflexión, en donde se preguntaba una y otra vez porqué había decidido ser médico psiquiatra. Sorbió un poco de café disfrutando su suave aroma, buscando disipar las dudas de su cabeza, mientras sus pulmones se deleitaban con el tóxico humo de sus amados cigarrillos mentolados. Estaba en eso, ignorando al mundo, cuando apareció Ulliel en la cafetería, mostrándose alarmado y un tanto desesperado; más bien, afligido. Como león furioso, caminó rápidamente hacia el rubio, con el ceño fruncido y un aura irritada, deteniéndose frente a él con los brazos cruzados a la altura del pecho.

―¡¿Qué le hiciste a Williamsom?— dijo con voz grave.

―Nada que yo sepa— mintió con tranquilidad bebiendo las últimas gotas de café.

―¡Te vengo a informar que Williamsom ha tenido un ataque de histeria y tuvimos que doparla mientras tú estás tranquilamente tomando café! ¿No se supone que eres su médico?— Will alzó una ceja en señal de incomprensión. Si recordaba bien, cuando salió de la habitación, la ruba se había aislado en un rincón junto al peluche y ni siquiera se inmutó cuando le dejó. Entonces, ¿qué le había pasado?

Sin hacer comentarios, dejó la taza sobre la mesa y apagó el cigarro, se levantó con plena tranquilidad y se dirigió hacia la salida rumbo a la habitación de la niñata. Necesitaba saber qué mierda le había pasado, por lo menos para tener una idea de qué hacer cuando la rubia despertara. El estado mental de su paciente lo tenía intranquilo, estaba claro que su tarea de "curarle" no sería nada fácil, a menos que descubriera el origen del problema. Por el momento, sólo tenía claro que la chica necesitaba compañía y algo de cariño.

Tras avanzar por los largos pasillos desiertos, llegó a la sala. Allí estaba Nicca acostada en el suelo abrazando su peluche siendo tapada con una manta que le cubría poco más de la mitad del cuerpo. La observó por unos instantes desde afuera y, luego, se decidió a entrar.

Abrió la puerta con mucho sigilo y, así mismo, la cerró, acercándose lentamente hacia Williamsom. Una vez a su lado, tomó asiento muy cerca de ella y se quedó contemplándole estupefacto.

Realmente, Nicca era una muchacha bastante guapa. Tenía un rostro hermosamente angelical mientras dormía, notándose desde lejos, que sólo se trataba de una niña inocente e ingenua. Pero ¿qué le había llevado a ese estado tan deplorable?

Acarició suavemente los cabellos rubios mientras trataba de responder esa pregunta, resignado a esperar pacientemente a que la verdad saliera a la luz. Se quedó impávido por varios minutos contemplando el rostro de Nicca, perdiendo la noción del tiempo.

Luego de un rato, miró el reloj impaciente calculando el tiempo que la rubia dormiría de acuerdo a la dosis dada, lo que daba como resultado unas dos horas o menos. Se levantó decidido para salir de ahí, pensando en que debería preparar unos cuantos exámenes para ver el deterioro mental de Williamsom. También tenía que revisar los expedientes de sus demás pacientes.

Volvió a la sala de médicos con relativa calma, haciéndosele difícil mantenerse tranquilo, sabiendo que aquella chica padecía un extraño trastorno con una causa inexplicable y, que además no tenía cura aparente.

Buscó su bolso en el casillero que le habían indicado a su llegada y de allí sacó su portátil, con el fin de hacer un pequeño registro de su primera impresión de Nicoletta al cabo de su primer encuentro. Esto era una rutina que solía hacer con todos sus pacientes.

En un documento Word registraba día a día los sucesos ocurridos con los enfermos que trataba, dando su impresión al respecto con el fin de sacar conclusiones una vez avanzado el tratamiento.

Anotó los datos del expediente de Nicca y, más abajo, redactó sin omitir detalles el primer encuentro, poniendo especial énfasis en las actitudes de ésta, agregando cuidadosamente cada una de sus opiniones y conclusiones, mientras escudriñaba en los rincones más profundos de sus conocimientos para hacer, en un primer momento, un breve psicoanálisis de la mente de la rubia.

Revisó los archivos en los que tenía varios test y pruebas psicológicas que seguramente le servirían más adelante, y una vez que releyó su "versión de los hechos", concluyó que Nicoletta necesitaba –por ahora- alguien que le escuchara y con quien pudiese hablar sin problemas. Nicca necesitaba alguien que lo quisiera, le demostrara cariño y le comprendiera.

En eso estaba cuando su compañera, Regina, ingresó a la sala. Ella, con su aire juvenil y entusiasta, llegaba para informarle que Nicca estaba consciente y aparentemente dócil, agregando que la paciente se había dado el lujo de corretear y saltar por el cuarto feliz de la vida, como si nunca hubiese tenido una crisis mental. Will suspiró pesadamente y, con algo de cansancio, miró de reojo el reloj en la pantalla: habían pasado casi tres horas desde que comenzó a escribir el expediente. ¡Qué rápido pasaba el tiempo en ese lugar! En dos horas más podría ir a casa y descansar.

Cerró la computadora sin hablar y tras guardarla, decidió ver a Nicca por última vez antes de irse a casa. Dejó a Sound en la sala y se encaminó por si sólo hasta la habitación, encontrándose con la rubia en un rincón, hablando animadamente con el peluche, mientras se reía a ratos con mucho ánimo.

Para no interrumpir, Will abrió la puerta sigilosamente esperando no llamar la atención de la chica, lo que fue imposible, puesto que apenas giró la perilla Nicca ya había notado su presencia. Cuando ingresó, buscó a Nicoletta en el rincón y se encontró con las bellas perlas amatistas que le miraban fijamente sin mostrar emociones.

Will se quedó inmóvil por unos instantes, atento a cualquier movimiento que ella pudiera realizar. Se sentía incómodo con esos ojos profundos y penetrantes escudriñando descaradamente su persona, teniendo la impresión de que aquellos ojos eran capaces de ver en los más profundo de su ser. Se quedó hipnotizado mirando a la muchacha, pero algo le hizo volver a pisar tierra. Cuando salió de su trance, estaba tirado en el suelo con Nicca encima.

―¡Hermanito!— La rubia se había abalanzado sobre él sin previo aviso, tumbándolo al suelo de golpe. Menos mal que la habitación entera estaba acolchada, de lo contrario, el golpe habría dolido bastante.

―Nicca, me estás aplastando. — La chica se hizo a un lado para que el moreno pudiera levantarse, sentándose con las piernas cruzadas —. ¿Cómo te sientes?— Will se incorporó imitándola, quedando sentado frente a ella.

―¡Feliiiiz!— exclamó con una hermosa sonrisa en los labios mientras se balanceaba de un lado a otro.

―¿Por qué? ¿Se puede saber?— preguntó simulando interés.

―Mmm… ¡Nop!— contestó con voz aniñada—. Es un secreto entre mamá y yo— canturreó, sacándole la lengua al doctor.

―Bueno, si no quieres decirme no importa. Pero de ahora en adelante tendrás que confiar en mí y contarme todo lo que te pasa o sientas sin omitir nada, de lo contrario no podré ayudarte. ¿De acuerdo?— Nicca asintió animadamente, sonriéndole.

―¿Nee, Hermaniro? ¿Cómo te llamas? ¿Tienes diminutivo?— preguntó apenada juntando juguetonamente sus dedos índices, mientras se recriminaba por ser tan olvidadiza y no haber hecho esas pregunta antes.

―William Stephenson, pero dime Will. Mi madre algunas veces me llama Snow, porque soy muy paliducho.—dijo él con una gran sonrisa

―¿Nieve? ¿Por qué nieve?— Puso cara de no entender, pero antes de que el moreno intentara darle una explicación, ella abrazó sus rodillas y se largó a llorar desconsolada—. Nicca no conoce la nieve…— dijo entre sollozos escondiendo su rostro a más no poder entre sus rodillas, apretando de paso, al peluche que descansaba sobre su abdomen.

Will se sintió algo incómodo con la rara confesión que claramente no venía al caso. Era cierto que su apodo significaba nieve y que le habían puesto así debido a su belleza y frialdad, pero no pensó que ese diminutivo maternal fuera a causarle a la rubia semejante crisis de llanto. Tal vez, el encierro prolongado y la falta de contacto con otras personas, hacían de Nicoletta una persona tremendamente sensible y de carácter volátil.

―Nicca siempre está encerrada aquí… ¿Por qué no puedo salir?… Mamá no entiende por qué no puedo salir… Es injusto— sollozó con la voz quebrada, abrazando sus piernas lo más que podía.

―Si te portas bien, te llevaré a conocer la nieve y te dejaré salir— dijo el médico, buscando con ello detener el llanto de su paciente. Nicoletta dejó de llorar sorpresivamente, limpió sus lágrimas con las mangas de su camisa de dormir y miró a su doctor con ojitos de cachorrito.

―¿Lo prometes?— le preguntó a Will, con aire esperanzado, quedándose expectante para ver que el chico asintiera en forma silenciosa. Will se acercó a Nicoletta un poco más para acariciar sus rubios cabellos y desparramarlos juguetonamente, logrando que ella le dedicara una amplia y hermosa sonrisa.

Sin embargo, a pesar de que Nicca se mostrará dócil y amigable, su mente le repetía a gritos su más grande objetivo… "Te haré la vida imposible, William Stephenson. De aquí no saldrás como llegaste…Tu reputación y tu vida están en mis manos", pensaba para así, mientras se dejaba acariciar…

St. Cowell´s Institution. ~Novela Colectiva. ~Parte 4.


ST. COWELL'S INSTITUTION - Parte IV.
 
Capítulo 8.
Nombre: Harriet Ferguson.
Edad: 24.
Relación con St. Cowell’s: su hermano Read “Ray” Ferguson (28 años) esta internado.


“Bulletproof”
Ojos aletargados despiertan lentamente con un sonido aturdidor que se detiene luego de sonar dos veces, un teléfono. Harriet esta desorientada luego de una ardua noche de trabajo en la oficina de su aclamada firma de diseño. Mira a un costado de la cama y la pantalla de su reloj digital marca las nueve pm, intenta hallar el autor de dicho ruido y justo cuando lo encuentra al lado de su almohada y lee el nombre que dicta la pantalla se levanta de un tirón como si una corriente electrizante circulara por su columna vertebral quedando sentada de golpe en la cama. Lo había olvidado por completo, la cena con su padre. Abrió el mensaje sin mas y leyó una frase que heló su ahora descubierto cuerpo.
*“Lo has olvidado otra vez Harriet, debiste estar muy ocupada hoy en la oficina te entiendo hija, nos vemos pronto Harry. Te amo, papa”.
Maldijo con todas las de la ley y de su boca se escapo un vulgar “Maldición”. Desesperada por compensar a su padre y atontada por el sueño, el cansancio y la decepción de ella misma, intenta responder el mensaje lo mejor que puede.
*“Discúlpame de verdad, mucho trabajo y lo he olvidado de nuevo. Lo arruine, mañana te invito a almorzar en donde quieras para recompensarte, paso por ti a las 12pm ¿si?”. La culpa la invadía, ya era la cuarta vez que retrasaba u olvidaba la comida con su padre. Se recostó en la cama cayendo pesadamente de espaldas en ella, mirando al techo y con el teléfono en el pecho. Cayó en ese sueño inconstante y fue brutalmente despertada por el mismo sonido agudo que la despertó hace minutos, su teléfono. Este fue a dar contra la pared debido al salto que Harriet experimento, se levantó de la cama, busco en la oscuridad el aparato y leyó el nuevo mensaje que se asomaba en su buzón.
*”Tranquila Harry, nos vemos mañana a esa hora linda”.
Ella respondió con un seco “Ok” y él le retribuyó el acto con un “Te amo hija”. Harriet coloco el teléfono en la mesa de noche no sin antes colocar una alarma que la despertara a las nueve am y sin mas preámbulos se dispuso a dormir “plácidamente” de nuevo entre el calor que emanaban sus sabanas.
(…)
Agudo, molesto e incesante, eran las palabras que describían a la perfección el sonido que despertaba de nuevo a Harriet. Parecía no haber pasado ni treinta minutos desde que se había vuelto a quedar dormida, la cabeza de ella debatía entre levantarse o posponer la incansable alarma que aun sonaba. Se volteo en la cama quedando frente a la mesa de noche iluminada por la pantalla de su celular, el reloj corroboraba las sensaciones de cansancio de Harry, eran apenas las once pm. Tomó su celular que no paraba de sonar y miro la pantalla tentada a callar la alarma y seguir durmiendo, era una llamada y de un numero desconocido. Harriet tomo la llamada con voz ronca y adormilada fregándose simultáneamente los ojos con la mano que le sobraba y dando un pequeño estirón a su espalda.
-¿Hola? –dijo desconcertada soltando un bostezo que la dejó sorda con un segundo.
-Buenas noches señorita ¿Estoy comunicado con Harriet Ferguson? –preguntó la irreconocible voz de un hombre al otro lado de la línea.
-Si ella habla ¿Qué desea? –dijo algo fastidiada, “¿Sera que si me dejaran dormir esta noche?” se preguntó mentalmente.
-Disculpe la molestia al despertarla –dijo el hombre como si hubiera leído su mente- pero surgió un accidente con el que supongo es su padre, Jack Ferguson, él acaba de sufrir un grave accidente de trafico y en estos momentos esta siendo trasladado al hospital, lamento decirle que él se encuentra en estado critico y el auto es perdida total –dijo el mismo con un tono relajado pero serio.
-¿Cómo es eso posible? Hace rato hable con él, él no puede… –las palabras salían difícilmente enredadas de su boca y las lagrimas comenzaban a salir de forma involuntaria de los ojos de Harriet, empapando todo a su paso y llevándose consigo cualquier rastro de sueño, remplazando este ultimo con dolor.
-Sé que es difícil Srta. Ferguson pero será mejor que se dirija al hospital.
-Ok y gracias –dijo ella entre sollozos ya fuera de la cama y antes de cortar escucho la dirección de aquel hospital donde llevarían a su padre. Tomó algo de ropa rápido y un abrigo y se dispuso a bajar hacia el estacionamiento para dirigirse a dicho lugar al encuentro con su padre.
Luego de lo que le pareció un largo camino, llegó al hospital que el hombre le había indicado, estacionó su auto veloz y hábilmente y fue corriendo por la emergencia hacia la recepción del hospital para pedir indicaciones.
-Buenas noches, disculpe ¿El Sr. Jack Ferguson? –pregunto desesperada y agitada por la velocidad con que salió del auto y llego a dicho lugar.
-¿Familiar? –pregunto la joven recepcionista con una sonrisa y sin mirar a Harriet buscando algo en la computadora.
-Su hija, él acaba de tener un grave accidente de transito.
-Oh el Sr. Ferguson, lo están atendiendo en este momento en la sala uno, es por allá, al final a la derecha –dijo la chica señalando un pasillo largo.
Harriet solo le sonrió en forma de agradecimiento y corrió por el largo pasillo hasta que ya no tuvo salida, cruzo a la derecha como le había indicado la recepcionista y se encontró inmediatamente con una sala protegida por puertas de seguridad que rezaba en rojo “No entrar, solo personal autorizado”. Afuera de esta sala se encontraban varias enfermeras y doctores discutiendo el caso y por los ventanales de aquella se veía también un poco de su padre con un manto rojo cubriéndolo y las ropas sajadas.
-Disculpen –Harriet se aclaró la garganta interrumpiendo la charla del personal- alguien me podría decir ¿Cómo se encuentra mi padre? es Jack Ferguson.
-Buenas noches señorita –dijo un hombre alto de mediana edad y cabello canoso- el Sr. Ferguson ha sufrido un accidente muy grave, un ciudadano desconsiderado se ha tragado un semáforo a alta velocidad y por desgracia ha chocado con el carro de su padre que avanzó en el momento, el carro dio varias vueltas en el aire y callo de cabeza lo que hizo difícil el rescate de su padre. Estamos intentando estabilizarlo de momento pero esta muy grave, la situación no se ve nada favorable pero las esperanzas son las ultimas en perderse –dijo el hombre posando su mano en el hombro de Harriet que veía consternada a su padre por el ventanal de la sala envuelta en llanto amargo.
-Disculpe señorita, haremos todo lo posiblemente humano pero necesitamos que por su bienestar se retire a la sala de espera, nosotros conforme pasen las cosas avisaremos de inmediato.
-Ok y gracias –eran todas las palabras que el shock le permitía repetir, ella se alejó guiada por una enfermera hacia la sala de espera que de momento se encontraba vacía.
Harriet se sentó hecha un ovillo en una silla de la esquina en la habitación celestina. Lloró desconsoladamente por una hora y media y por lo que parecieron días para ella. Su cabeza estaba en shock y su cuerpo lo único que asimilaba y reaccionaba era a llorar, miles de frases de las ultimas horas vinieron y azotaron su mente en forma de culpabilidad.
“Lo has olvidado otra vez Harriet”, “Nos vemos pronto Harry”, “Nos vemos mañana”, “Te amo, papa”, “Su padre ha sufrido un grave accidente”, “De momento pero esta muy grave”, “La situación no se ve nada favorable”, “Haremos todo lo posiblemente humano”… esa ultima frase resonó en su cabeza una y otra vez repitiéndose como un eco en su mente. No solo era la ayuda humana, la mano divina debía intervenir. Reaccionó de su trance y de inmediato comenzó a orar, pidió incansables veces la recuperación de su padre, rogó constantemente y el sentimiento de culpa no se hizo esperar con la típica frase “Se que he fallado, que he sido la peor de las hijas, el peor ser humano, pero si me das esta nueva oportunidad seré mucho mejor con él, pero por lo que mas quieras no te lo lleves, no lo alejes de mi”. Rogó, rezó e imploró misericordia para con su padre y miles de veces pidió segundas oportunidades tal cual como hizo con él mismo al olvidar las cenas, exactamente las mismas palabras “Hare lo que quieras déjame recompensarte, pero por favor no te lo lleves, no puede morir”. La frase más repetitiva que volvía a su cabeza era la imagen de su teléfono con un simple mensaje “Te amo hija”, ella lloraba con mas fuerzas ante el hecho.
Hincada en sus rodillas frente a una silla con sus manos entrelazadas ya blancas de tanto apretarlas se encontraba Harriet en la sala de espera, con su cabeza apoyada en la misma silla y su cara todavía mojada por las recientes lagrimas, agotada luego de casi cuatro horas de llanto inconsolable y plegarias al viento, cedió ante el sueño y el agotamiento, pero no perdía las esperanzas de que su padre se encontrara bien al despertar.
Unas suaves manos tocaron el naturalmente alborotado cabello de Harriet. Fue reaccionando de a poco y cuando se dio cuenta de su contexto grito el nombre de su padre debido a los recuerdos que volvían lentamente a su cabeza. El mismo doctor que la había puesto al tanto de la situación anteriormente se encontraba sentado en una silla al lado de donde ella yacía en el suelo. La tranquilizo con palabas y caricias en el hombro invitándola a que se sentase a su lado para charlar. Harriet acato el pedido y se sentó desplomándose con pesadumbre en la silla símbolo del agotamiento que experimentaba su cuerpo y el sobregiro que tenia su mente y se dispuso a escuchar atentamente lo que el doctor tenia para decir esperando que buenas noticias salieran de su boca.
-¿Cómo esta él doctor? –pregunto sobrecogida Harriet.
-Como le dije antes Srta. Ferguson la situación no se encuentra bien, lo logramos estabilizar cuatro veces y tres veces volvió al punto de partida, esperamos que esta sea la definitiva ya lleva unas dos horas en observación y dentro de un rato podrá pasar a verlo. Le advierto desde ya que la situación no es fácil y que él verlo como esta puede causarle mucha impresión. Debería avisarle a su familia que la vengan a acompañar porque usted no se ve muy bien y necesita todo el apoyo que tenga a su alcance, no es fácil.
Esas últimas palabras cayeron como un balde de agua fría en la cabeza de Harriet y la llevaron a la más cruel realidad. Si su papa moría ahora si estaría totalmente sola en el mundo. Su madre muerta en frente de sus ojos, su hermano que la odiaba y se encontraba recluido en un instituto mental y ahora su padre podría llegar a tener el mismo destino que su madre, muertos en un accidente automovilístico, si eso pasaba Ray la odiaría por siempre. Ray, era lo único en que podía pensar y con miles de memorias revueltas en su cabeza recordó como sucedió todo.
Flashback.
La relación con Read era maravillosa, sus enfermedades casi no se notaban y estaban bajo control, hasta novia tenia, este chico era un Don Juan donde se lo viera. Eran una familia de cuatro muy feliz hasta el momento en que su vida cambio por completo.
Una noche de otoño la familia Ferguson se dirigía a un afamado restaurant de la ciudad, uno muy exclusivo. Luego de la cena en la que Jack, el padre, se paso de copas, se dirigieron a su casa en el carro conducido por Harriet la menor de los Ferguson de veinte años. La madre Leila iba de copiloto y en el asiento trasero los dos hombres de la casa, el padre y Read “Ray” Ferguson, el hijo mayor del matrimonio de veinticuatro años. Era un camino largo ya que vivían antiguamente en un barrio de los suburbios alejado del centro de la ciudad y de bullicio urbano. Desafortunadamente ninguno de los presentes en el auto llevaba protección de seguridad al momento de que el camión chocara por detrás al auto, la bolsa de seguridad sostuvo a Harriet y los cojines delanteros los cuerpos de Jack y Read, pero la suerte no acompaño a Leila ya que esta salió brutalmente disparada por el vidrio delantero hacia la calle derrapando con fuerza en el asfalto.
Luego de unos segundos de agonía dentro del auto Harriet comenzó a oír voces luego de despertar de su letargo proporcionado por el impacto, era Read. Read le ordenaba ir a ver a su madre que él se encargaría de sacar ileso a su padre y así lo cumplió. Harriet salió como pudo del carro destrozado y comprimido por el golpe y se dirigió a la vera de su madre. La volteo y tomo en brazos sentada en el asfalto frio bañado de vidrios y sangre, la observo y mimo por segundos y comenzó a sentir un tumulto encima de ellas, personas en la vía se habían detenido a ayudar. Su madre se hallaba débil y casi sin vida, Harriet hacia lo que podía por mantenerla con ella calentándola con su cuerpo y diciéndole cosas positivas. Lo siguiente que escucho fueron muchos murmullos y la vos de su madre diciendo que los amaba a los tres, que le dijera a su padre siguiera adelante, que cuidara de Ray y que fuera feliz. Lo ultimo que recuerda del incidente era la figura de su hermano sacando a su padre del auto con ayuda de unos cuantos hombres y corriendo al lado de su madre justo cuando desfallecía en sus brazos. Pesada la imagen.
Días de duelo acompañaron a la familia Ferguson luego del incidente, como si no fuera mucho ya, la muerte de su madre vino acompañada de muchos problemas asociados a enfermedades mentales, las de Read se descontrolaron e incrementaron al cien porciento y la vida de Harriet se hundió en dolor profundo al ver a su familia destruida bajo el dolor de una muerte.
Read, en su locura, culpó a Harriet de la muerte de su madre, de todos sus problemas mentales y de todo en su vida personal. En ese año luego del accidente, se volvió agresivo con ella y posesivo con su padre. Harriet no daba para más con todo el peso que tenia encima por solo el hecho de ir conduciendo ese auto aquel día. Muchas peleas se dieron pie en esa situación peleas que Harriet no podía ganar “¿Cómo discutir con alguien que esta enfermo de la cabeza?” pensaba ella de momento, esta terminó por alejarse parcialmente de su hermano dándole su espacio en casa, pero la situación no era favorable ya que su padre sumido en la total desgracia no se hacia cargo de su hermano que causaba descontrol con cada ataque que padecía.
Harriet pensó bien las cosas y no quedo más que decidir internar a Read en un instituto mental. Le dolía en el alma verlo así, no sabia como abordar el tema ya que cualquier intento que hacia de solucionar la situación con su hermano y hacer que él entendiera era implacablemente rechazado por él. La decisión del instituto mental fue la gota que rebasó el vaso y fue el accionar que hiciera que Read no le dirigiera nunca mas la palabra, por más que en su interior extrañara su antigua vida, su mente y su situación no le permitía volver a reconstruir la relación con su hermana.
Al año siguiente luego de mucho pensarlo y bajo la completa resistencia de Ray, este fue internado en el St. Cowell’s Intitution, un instituto mental de renombre. Era lo mejor para él. Harriet intento acercarse a Ray luego de recibir varias terapias de aquel centro pensando que estaría más dispuesto a considerar una reconciliación con ella, pero no fue así el rechazo se incremento considerablemente aun luego de estar mucho mejor algo que solo pasaba cuando el veía o le hablaban de Harriet. Los médicos intentaron de todo bajo la presión de la chica desesperada por el amor de su hermano, pero les fue muy difícil.
Ella terminó por resignarse y pedir que siguieran intentando pero ella no aparecería mas en frente de sus ojos, desde luego todas las terapias fueron hechas en salones como los de las oficinas de policía, con un vidrio espejado que ocultaba a Harriet y le permitía ver todo proceso y la recuperación de su hermano Read. Era lo más cercano a la felicidad que Harriet experimentaba.
Ella se concentro en sus estudios, culmino su carrera e hizo infinitos cursos logrando así el gran renombre que poseía actualmente en la industria de arte y el diseño. Abrió su propia firma de diseño y se dedico de lleno al trabajo en ella, era una mujer exitosa, bastante exitosa, pero solo en el ámbito laboral, su vida personal era un desastre y el amor no era su fuerte desde hacia exactamente cuatro años. La relación con su padre no era buena ya que ambos vivían en su mundo, él sumido en una incontrolable depresión que con los años se fue aminorando cuando consiguió una razón nueva por la cual vivir, Theresa, y ella inmersa en la perfección de su ámbito laboral que hacia olvidarse de la dispareja vida que llevaba.
Se alegraba que su padre consiguiera una razón para estar feliz, pero le molestaba el descuido en el que tenia a su hermano, era el único al que deseaba ver en el instituto, el único por el cual preguntaba, algo que quizás le causaba envidia, y pocas veces había ido a verlo, claro que desde que Theresa apareció en su vida todo cambio y para bien, esta lo convenció de ser valiente y enfrentar la situación de su hijo y se convirtió en buen habito ir a visitarlo después de una disculpa justificada por la depresión en la que se sumió en los años anteriores. Por esa simple razón de tener a los dos mejores hombres de su vida contentos ella amaba a Theresa.
Ver a su hermano por medio de un vidrio espejado abrazarse con su padre y verlos sonreír acompañados de la fina presencia de Theresa era gratificante para Harriet pero también era un arma de doble filo, ella se sentía desolada y abandonada por ese hecho, pero su dura coraza de negación no le permitía expresar esos sentimientos en busca de amor y atención. Pocas veces lloro en ese pequeño cuarto, veces en las que eran impresionantes los cambios, veces en las que deseaba ser ella quien abrazara a Read y lo consolara, veces en las que le gustaría ser ella quien reciba toda la atención, veces en las que se encontraba totalmente sola. Estos episodios duraban minutos y luego eran interrumpidos por médicos hablando de los avances de su hermano para bien. Desde esos últimos años en que su padre lo visitó, Read pocas veces había tenido una recaída, simplemente a su manera él era feliz.
Fin del Flashback.
Sus temores se hicieron presentes y el shock volvió a sus facciones. Las palabras del doctor resonaron en su cabeza y en mismo recordó a Theresa “Seguro moriría si sabe del accidente pero sería mejor llamarla” pensó rápidamente. Insistió en irlo a ver y este acepto luego de muchas suplicas, solo podría estar allí si prometía no estresarlo si llegaba a despertar, cosa que acepto Harriet sin problema alguno.
Antes de dirigirse al área donde residía su padre se armó de valor para llamar a Theresa, era tarde y seguro se preguntaba donde se encontraba él después de tanto tiempo. Marco su número y dejo sonar expectante el tono del teléfono, sonó solo una vez y de inmediato se escucho la preocupante voz de Theresa al otro lado de la línea.
-¿Bueno? –dijo Theresa.
-Theresa, habla Harriet –dijo la chica intentando maquinar en su revuelta y atolondrada cabeza que le diría y como explicaría lo que pasó.
-Hola linda ¿Cómo estas? ¿Dónde esta Jack? –dijo un poco mas tranquila la refinada mujer sin saber lo que le esperaba tras esa pregunta.
-Por eso te llamaba Theresa, es algo complicado pero necesito que seas fuerte, por ambas, por mi padre –corto en sollozo Harriet- Jack sufrió un accidente hace horas y esta muy malherido, los médicos temen que no sobreviva a esto –volvió a decir en un hilo de voz las ultimas palabras.
-Voy para allá cariño, no desesperes todo ira bien –dijo rápidamente Theresa escuchando atenta el nombre del lugar donde se encontraba convaleciente su amado.
En menos de veinte minutos Theresa se encontraba al lado de Harriet abrazándola y consolándola oyendo todas sus dolencias en forma de auto reproche. Oyendo como se echaba la culpa de todo, como rompía con todos sus guardados y añejos sentimientos, como se culpaba por la muerte de su madre y como decía con frialdad que si su padre moría seria su culpa por haberle faltado a su cita. Theresa estaba perpleja por las palabras que usaba la chica para acuchillar su alma en forma de protección hacia el dolor.
-Pequeña mírame –dijo separándose de su fuerte agarre propiciado desde el momento en que se vieron, Harriet la miro con ojos expectantes, rojos y bañados en lagrimas- nada de esto es tu culpa ¿Ok? Debes entender eso primero que todo, lo de tu madre fue echado a la suerte del destino era lo que tenia que suceder y tu padre Harry esta siendo sorteado con la misma ruleta, nada de esto es tu culpa, esto no lo decides ni tú, ni yo, ni los médicos, esto lo decide Dios y lo mejor será lo que pase, hay que ser fuertes linda, hay que ser fuertes –repetía quitando las lagrimas sin efecto alguno mientras Harriet caía de nuevo en su pecho haciendo que ambas lloraran incontrolablemente, acto que fue interrumpido por una voz conocida para Harriet.
-Srta. Ferguson, veo que su mama esta aquí, un gusto Sra. Ferguson –dijo ingenuo el doctor encargado de su padre.
-Oh no, no soy su madre doctor soy la novia de Jack, un gusto conocerlo –dijo amable Theresa secando las lagrimas que emanaban de sus ojos.
-Oh disculpe Sra.… -dijo pensativo el medico.
-Theresa, llámeme Theresa ¿Cuándo podremos ver a Jack? –preguntó ansiosa la mujer.
-A eso venia señoritas, ya había hablado eso con la Srta. Ferguson y venia a llevarla a ver a su padre, usted puede acompañarnos también –dijo el hombre cuarentón y ambas asintieron dejándose guiar por él hacia el encuentro con Jack- como ya le había dicho a la señorita, la situación es critica y se nota en su estado físico, por favor mantengan la calma.
El doctor de inmediato las llevo hacia el área donde tenían al señor Ferguson instalado. Las imágenes eran totalmente desfavorables y aterrantes. Jack se encontraba en una camilla conectado a infinidades de tubos y cables que rodeaban todo su cuerpo, cuerpo que era casi irreconocible a los ojos de las mujeres presentes. Golpes, moretones, hematomas, sangre reciente que todavía se hacia presente en la superficie de su cuerpo, miles de vendajes lo cubrían también. Su rostro estaba deformado totalmente, era casi irreconocible. Harriet corrió a la vera de su padre y se arrodillo ante la camilla tomando su mano delicadamente, susurro miles de cosas entre las cuales le pedía perdón constantemente, era una imagen devastadora para cualquiera que la viese y Theresa era la espectadora mas cercana, la cual se acercó y con un pequeño gesto gentil acarició la cara de Jack y prosiguió a abrazar a Harriet.
Las horas pasaron así, contemplando lo que quedaba de Jack, Harriet y Theresa se encontraban ambas sentadas en un no tan cómodo sofá de hospital dentro de la habitación especial donde se encontraba él, hablando acerca de las cosas que pasarían de ahora en adelante sobre todo el tema mas importante y el que más le aterraba a Harriet, Ray. Theresa hizo una confesión acerca del tema diciéndole que él había estado preguntando últimamente por ella gracias al avance que su padre y ella, junto con los médicos, habían logrado y que ella pensaba que si Harriet hablaba con él las cosas se pondrían mejor, pero que tampoco podía ocultarle lo de su padre y ese era el temor que crecía dentro de la cabeza de la joven.
Un ruido extraño las despertó del trance en el que habían caído luego de su conversación, un ruido que temían, un ruido que todos temen, ese famoso “pi” eterno de las películas. La maquina que medía los latidos del corazón de Jack daba a entender que este había dejado de funcionar. Theresa y Harriet comenzaron a desesperar, esta última se aferro a los brazos de su padre suplicándole que se quedara con ellas mientras que Theresa buscaba a gritos ayuda médica, esta llego pronto y los doctores prosiguieron a darle descargas eléctricas al cuerpo sin vida de Jack pero ya era demasiado tarde, ya él se encontraba lejos.
Las dos mujeres lloraban desconsoladas en shock por la noticia y la imagen de Jack desvaneciéndose ante sus ojos, una lloraba encima de la otra pidiendo rescate y refugio en el hombro de su acompañante. Lo ultimo que paso fue el amanecer, un extraño amanecer, resplandeciente y mas brillante que en días.
Luego del papeleo tras la muerte de su amado padre y amante, Harriet y Theresa se dirigieron hacia afuera del hospital para distraerse un rato mientras finalizaban algunos trámites. Era un día raro, estaba descomunalmente soleado y alegre, aunque en sus corazones mandara el dolor, un dolor tan punzante y penetrante como una hojilla. Estas sacaron conclusiones.
-Definitivamente el cielo esta de gozo, un ángel esta con ellos –dijo llorosa Theresa- dos ángeles se unen de nuevo, dos ángeles que nacieron para estar juntos, debes estar orgullosa de tus padres Harry –dijo abrazándola por el hombro Theresa- su amor traspasó la muerte y ellos ahora están reunidos como se prometieron ante el altar, no hay nada mas gratificante que eso.
Los ojos de Harriet estaban que explotaban y los pómulos alzados de una sonrisa que se escapo mirando al horizonte fueron los causantes de que las lágrimas corrieran en cascada. Una imagen alegre recorrió su mente y la hizo sonreír con más potencia, se imagino a sus padres revoloteando por un verdoso paraje como mariposas, libres y juntos al fin. Fue una imagen que apaciguó el dolor que sentía su alma por la perdida y recordando las primeras palabras de Theresa valoró el tesoro de mujer que se encontraba a un lado, su segunda madre.
(…)
Los días habían pasado pero aunque sentía dolor, el regocijo de esa imagen de sus padres en su cabeza la hacia olvidarse del mundo en el que estaba viviendo. Era el día del funeral de su padre quien fue enterrado en la tumba contigua a la de su antigua esposa, hacia un día hermoso igual que en el funeral de su madre hacia ya más cuatro años. Los presentes, algunos amigos del trabajo de su padre más Theresa, se encontraban vestidos de blanco bajo el mismo pedido de Harriet. El blanco le daba la tranquilidad que necesitaba en ese momento. Fue una hermosa ceremonia en la cual Theresa dio unas palabras que rompieron el corazón de Harriet, palabras de despedida hacia su querido. Las personas presentes, unos cinco amigos laborales mas Theresa, despidieron el símbolo terrenal de Jack con rosas blancas acomodadas finamente en su tumba.
Cuando ya todos se habían ido, Harriet compartió un poco más de la soledad en aquel frondoso lugar, aprovecho de renovar las viejas flores de la tumba de su madre y limpiarla un poco. Y luego se dirigió al St. Cowell’s Institution.

Nombre: Harry Styles.
Edad: 25.
Enfermedad: neurosis y trastorno de identidad disociativo (dos personalidades).


*Paréntesis (explico con brevedad la situación de Harry antes de empezar el capitulo para que entiendan mejor porque quizás sea algo complicado): Harry es el personaje principal pero el sufre de “trastorno de identidad disociativo” que es un efecto segundario de su neurosis, este consiste en desarrollar mas de una personalidad, en este caso dos personalidades. Harry tiene como dos caras por decirlo de alguna manera y hasta las llama de diferente forma, una es la faceta uno que es “Eddy” (el dulce, el alocado, el espontáneo, el que nadie quiere conocer por miedo a Edward) y “Edward” que es su segunda faceta (el misterioso, rudo y sin tacto, en él se presentan todas las cosas malas de sus trastornos). Él esta consiente de las dos facetas que tiene pero solo asume lo que hizo cuando es Edward el que esta actuando, me explico, Eddy se da cuenta de lo que hace cuando esta en modo “Edward” pero Edward no se da cuenta de lo que hace esta en modo “Eddy”. Espero que puedan entender un poco y si no pueden preguntar no hay problema. Coloco esto antes de continuar el capítulo aunque no me guste mucho pero solo es para que puedan comprender con mayor facilidad.

Twisted.
-Vamos Eddy acompáñame afuera ¿si? –dijo Anna con insistencia detrás de Harry por los pasillos del instituto.
-¡Que no! Cuantas veces te tengo que decir que no soy “Eddy” –dijo con sarcasmo y rudeza cortante Harry sacando lo peor de su faceta de Edward.
-Lo siento Harry, sabes que siempre me confundo, por favor vamos a fuera el día esta hermoso, disfrutemos –siguió insistiendo Anna.
-Por favor Anna, no estoy de humor para salir, ve tu si quieres –dijo con hostilidad y misterio.
-Esta bien –completo una Anna triste en la conversación que tenían dándose la vuelta para volver por donde vino.
En menos de cinco minutos ya Harry se encontraba al lado de Anna, su modalidad había cambiado de “modo 2-Edward” y “modo 1-Eddy”.
-¡ANNA! –grito a todo lo que sus pulmones le permitían por el pasillo aun sin llegar a su vera- ¿Como estas An? –dijo Harry algo agitado sujetando su brazo haciéndola detener en su caminar- ¿Vamos a fuera? El día esta realmente hermoso, y lamento de verdad como te trato Edward hace rato, me disculpo por él.
-Siempre me confundes amigo, y ahora que apareciste estoy mejor gracias por preocuparte, me encantaría ir afuera contigo –dijo la Anna sonriente que lo saludo esta mañana- y no te preocupes ya se le pasara la obstinación a ese tontito –termino de decir divertida con una sonrisa renovada en el rostro para aferrase al fuerte brazo de Harry y dirigirse hacia las afueras del lugar a respirar algo de aire fresco y vaciar sus pensamientos en el amplio firmamento.
Anna era una de las pocas personas en el St. Cowell’s que no se desesperaba por los cambios constantes de Harry, casi la única aparte de los médicos que lo trataban. Aunque a veces en los momentos de crisis en su enfermedad la faceta de Edward la afectaba más de lo que quisiera, más de lo que comúnmente se lo permitía, pero nada que el lindo y cordial Eddy no pudiera arreglar con esa sonrisa que brillaba por si sola donde apareciera. Además de ser extraño el hecho de que una chica tan joven congeniara tan bien con un chico atolondrado de problemas ya mayor, era una diferencia de casi diez años.
La vida de Harry era algo triste si se la analizaba con cautela, dos personalidades en una sola persona, en una persona inestable, en una persona golpeada por la vida, sin apoyo mas que de algunos en el St. Cowell’s. Pocos se daban a la tarea de conocer al verdadero Harry, al dulce y alocado Harry, ese que era cuando solo tenía pocos años de edad. Él había desarrollado sus trastornos de personalidad múltiple como método de defensa contra los maltratos que recibió y eso lo hizo ser merecedor del abandono, de un abandono que no superaba aun, el de sus padres.
Se convirtió en un Harry agresivo, con crisis de angustia recurrentes y hasta con trastornos de exhibicionismo, le encantaba estar desnudo por todas partes. Lo tacharon de loco y fue recluido a un instituto mental cuando solo tenia la corta edad de diez años.
No era un caso perdido, Harry luego de tantos años en el St. Cowell’s Institution mejoró notablemente pero no era lo suficientemente mejor como para dejarlo salir. Las angustias se habían reducido aunque había noches en las que se despertaba con pesadillas recurrentes del día en que sus padres lo abandonaron y esto provocaba ciertos ataques que eran calmados con facilidad, los trastornos de exhibicionismo llegaban solo al punto de dormir casi desnudo y andar sin camisa por el recinto algo que no duraba mucho, la agresividad solo se presentaba en casos extremos y solo cuando activaba el modo “Edward”, en general estaba mejorando, pero en su vida desolada faltaba algo mas que mejorías, faltaba amor algo que, por los momentos, solo obtenía de su amiga Anna, la única que se dio a la tarea de conocerlo haciendo aun lado sus trastornos logrando conocer un poco del verdadero Harry.
Todos estos pensamientos pasaron por la cabeza de Harry mientas se encontraba tirado en el pasto boca arriba mirando al cielo con su amiga An, sobre todo el ultimo pensamiento, el amor rondaba en su cabeza y su mente hacia preguntas sin parar.
-Anny ¿Crees que algún día encontremos el amor? –dijo Harry aun hipnotizado por las nubes que se movían en el cielo rompiendo el silencio que se había formado desde que llegaron al patio.
-Claro que si –dijo con convicción Anna.
-La verdad es que creo que será muy difícil para mi, ya llevo mas de diez y seis años en este instituto y por mas que mejore no me dejan salir, no creo conocer a alguien aquí dentro además nadie se toma la molestia de ni siquiera hablarme –dijo cruzándose de brazos Harry con un semblante mas serio.
-¡HEY! –Dijo ofendida Anna- yo si te hablo tonto –dijo golpeando graciosamente el hombro de su amigo.
-Y eres la única que no le presta atención a mis locuras, mas bien te ríes de ellas –dijo y ambos cayeron en risas pero luego de un momento se apaciguaron con sus nuevas palabras- además eres más joven Anny y linda, te falta mucho por recorrer, en cambio yo ya estoy viejo –dijo sentándose en el pasto mirándola fijamente, Anna imito su accionar.
-No digas eso ni en broma ¿No te has visto en el espejo? Eres lindo también y no creo que sea tarde para nadie cuando de amor se trata –hablo sabia la joven- además no eres viejo, para nada viejo, veras que saldrás pronto y podrás conseguir todo lo que quieras.
Harry la abrazó protectoramente como si de la hermana que nunca tuvo se tratase. Y así pasaron en día, viendo caras conocidas e inventando conversaciones que los demás pudieran estar hablando con respecto a sus gestos algo que mataba de la risa a ambos, mirando a todos los que pasaban, charlando del chico nuevo que había llegado el día anterior, hablando de los avances en sus terapias y de todo un poco.
Fue un día bastante bueno para ambos. Se dirigían con rumbo al área roja donde Harry dejaría a Anna y luego seguiría hacia su habitación en el área verde.
Pasos agitados se oían haciendo fondo a la conversación tan entretenida de música que entablaban Harry y Anna. Harry se detuvo en seco para amarrarse el cordón de sus converse y en menos de un segundo se encontraba tirado en el piso encima de alguien. Los pasos agitados que se oían al parecer provenían de una chica de cabello corto que Harry nunca había visto, no parecía alguna internada. La chica que parecía perseguida por un león no se dio cuenta que Harry se detuvo e impactó con él por la espalda volándole por encima y cayendo al piso con estruendo mientras que Harry perdía el equilibrio y caía encima de ella.
-¡Mierda! –dijo la chica de cabello corto y ojos verdosos sobándose su cabeza –discúlpame no te vi –dijo con cara de dolor e intento pararse.
-Oh no, no te preocupes –dijo Harry parándose de encima de ella y tendiéndole su mano, Anna observaba todo con la boca abierta- fui un descuidado no me fije donde me detuve- dijo cordial y la chica se acomodó alocadamente sus cortos cabellos color chocolate.
-No, no –dijo apresurada- no fue tu culpa, no debí de haber corrido por estos pasillos, pero es que iba tarde, ahora debo irme –dijo con una sonrisa algo forzada la chica en tanto les dirigía mirada a ambos y se disponía a caminar de nuevo.
-Hola, soy Anna –dijo Anna deteniéndola en su accionar y proporcionándole una linda sonrisa- él es mi amigo Harry ¿Eres nueva?
-Hola un gusto chicos –dijo tendiéndoles la mano a ambos mientras que un escalofrió pasaba, no tan desapercibido, por el espinazo de Harry- me llamo Harriet, es un placer y no, no asisto al instituto, vengo a ver a mi hermano Ray, perdón Read quizás lo conocen.
-Si claro Read, esta en mi pasillo –dijo Anna codeando a Harry para que hablase.
-Ah… si Read, él demente –dijo con desgano y sorna.
Los ojos de ambas chicas parecieron salirse de sus orbitas, era totalmente normal que se escucharan ese tipo de cosas en ese lugar, era obvio porque era un instituto para enfermos mentales, pero no era normal el desprecio y poco tacto con que lo decía Harry.
-¿Eddy? Por favor… -dijo apenada Anna mirando a Harriet quien había endurecido sus ya toscas facciones como si quisiera golpear al chico.
-Otra vez con eso Anna ¡QUE NO SOY “EDDY”! –grito Harry sacando a su Edward interior.
-Oh disculpa su falta de tacto es que… -dijo Anna interrumpida por Harriet.
-No te preocupes niña, por algo este chico esta aquí, es un loco como todos los demás –dijo igual de grosera y ruda Harriet y se dispuso a seguir en su camino.
Ahora Anna miraba con decepción a Harry y negaba al mismo tiempo con la cabeza, él solo le dirigía miradas desentendidas.
-Te has pasado de la raya esta vez Edward, como te atreves a decir eso en la cara de esa chica ¿No te fijaste lo que paso? –dijo desesperada Anna.
-Simplemente dije lo que él es, como si ella no lo supiera y ¿De que rayos hablas niña? –dijo desafiante Harry.
-Definitivamente Edward tu no ves mas allá de tus narices –dijo ella cruzándose de brazos.
-Deja de defenderla que fue ella la que me llamo loco, además que voy a saber yo que paso y en que momento llego esa loca.
-Solo porque tu comenzaste, eres un insensible, aprende a controlarte que para estamos aquí –dijo Anna y lo único que atino fue a salir corriendo.
Harry, o mejor dicho Edward bufó y metió las manos en los bolsillos de su jean y se dirigió a su habitación silbando por los pasillos con tranquilidad como si nada hubiera pasado. Solo cuando llego a la puerta de su habitación se dio cuenta de lo que había hecho, Eddy estaba de vuelta. Entro a su cuarto con la cabeza carcomida de remordimiento y justo como se sentó en la cama se levanto y se fue. Corrió por los pasillos y se aventuro al área roja mágicamente sin ser visto, área que era peligrosa pero de momento no le importó. Llego a la habitación de Anna y toco la puerta con insistencia, una voz entrecortada y débil habló.
-¿Quién es y que quiere? –dijo entre sollozos Anna.
-Soy yo Anny, Eddy, por favor ábreme la puerta –rogo cruzando los dedos el muchacho y luego de un momento esta se abrió dejando ver a una llorosa Anna.
-Y ahora ¿Qué quieres? –dijo intentando parecer fuerte.
-Quiero que me perdones, sabes que no puedo controlarlo, no era yo en ese momento, lo sabes –dijo aminorando la marcha de sus palabra y el tono en que hablaba conforme llegaba a la ultima frase ya que su voz se cortaba al ver a su mejor amiga aparentemente indiferente y roja por el llanto.
-Me exasperas Styles –dijo Anna fregándose los ojos y secando algunas lágrimas que involuntariamente habían caído.
-Discúlpame, sabes que odio eso pero no lo controlo a veces se sale de mis propias manos, pero podre hacerlo –dijo dejando escapar una lagrima y tallándola de una vez pasando desapercibida.
-Esta bien, pero no es conmigo con quien debes disculparte, la chica de blanco de esta tarde fue la que salió mas herida y molesta, a mi solo me decepcionó.
Estas últimas palabras hicieron recapacitar la ya carcomida mente de Harry haciéndolo dar un fuerte y brusco vuelco, como si le hubiera caído diez litros de agua fría en la cabeza haciendo que por su cuerpo recorriera esa electricidad que era tan conocida para él. Abrazó a Anna con fuerza y le dijo cuanto la quería al oído, luego se sentaron en el pasillo a hablar de lo que había sucedido.
-¿A qué te referías con “No ves más allá de tus narices”? –preguntó curioso Harry.
-No te hagas el tonto Harry, no me digas que no viste la chispa de ese encuentro con Harriet –dijo Anna riendo tiernamente de forma cómplice, dirigiéndole miradas picaras a Harry.
-Mmm… -dijo ganándose un golpe en el brazo seguido de muchas risas- pues la verdad me pareció linda, pero luego de ese insólito encuentro con “Don Edward” no creo que quiera verme ni en pintura, además linda –dijo acariciando fraternalmente el cabello de Anna- ella tiene razón, por algo estoy aquí, no creo que una chica como ella se fije en alguien como yo – dijo bajando la mirada hacían un aparentemente fascinante punto en sus zapatos haciendo que luego riera ya que estos fueron los causantes del encuentro con aquella chica.
-Es linda si que lo es, algo tosca me pareció pero imagino que hiciste que sacara lo peor de ella y no digas eso ni en broma como dicen por allí “en el amor todo se vale” –dijo haciendo caras poéticas y Harry solo reía contagiando a Anna en su accionar.
Un ruido estridente parecido al de una puerta cerrada veloz y ferozmente proveniente del final de pasillo donde se encontraban unas habitaciones donde trataban pacientes, hizo que ambos se callaran pensando que seria alguien de seguridad o algún medico, si encontraban a Harry allí, seria hombre muerto. La figura que corría en su dirección fue apareciendo de las sombras conforme se iba acercando, era Harriet. Harry se paró velozmente y se coloco a un lado del camino y cuando ella pasó por su vera la sostuvo del brazo haciéndola girar en su propio eje y dándose cuenta que esta había estado llorando.
-Oye ¿A dónde vas con tanta prisa? –pregunto Harry curioso aun sosteniendo su brazo.
-No es tu problema loco, apártate de mi camino –dijo Harriet hecha una furia y deshaciendo el agarre que este le proporcionaba, pero no se escaparía de él tan fácil, no de Eddy.
-Discúlpame –dijo llegando de nuevo a donde ya se encontraba la chica y poniéndosele delante para hacerla parar su huida- no quise tratarte mal temprano, la verdad no era yo, no era mi verdadero yo es que yo sufro de… –quedó con la palabra en la boca.
-Como sea rulitos, no vine aquí para escuchar tus problemas eso déjaselo a un psicólogo –dijo con aun mas rudeza y sorna Harriet.
-Por favor no me trates así, no quise herirte, no fue mi intención ¿Por qué llorabas?
-En fin no te preocupes, debo irme además no creo que eso te incumba.
-Pero… –fue lo único que atino a decir Harry no sin que antes ella ya hubiera desaparecido en la oscuridad primero.
Anna miraba atónita todo el nuevo encuentro que Harry había tenido con Harriet, explosivo solo como ellos podían tenerlo y Harry solo atinaba a cerrar la mandíbula y tragarse sus palabras, el día más raro pero emocionante que había tenido en años.
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 NOMBRE COMPLETO:Kelsey Collins Stewart
ENFERMEDAD (ES): Bulimia, Transtorno Desmórfico Corporal (Muy baja austoestima, problemas con su cuerpo y forma de ser), Depresión.

Me despertaron a las nueve de la mañana. Tenia mucha hambre, asi que fui a desayunar junto a muchos de los pacientes.

Comí y comí hasta que me dí cuenta de lo que estaba haciendo, si seguia asi acabaria como una pelota. Empujé el plato de comida y corrí hacia el baño sin que nadie se enterara. Alli proboqué mi vomito e hice que toda la comida que acababa de comer desapareciera de mi cuerpo. Tenia muy claro que no podia engordar. ¿Acaso queria ser más fea de lo que ya era?. Para nada!.

Hoy hace dos meses desde que estoy en el St. Cowell’s Intitution. Recuerdo perfectamente cuando mis padres me dijeron que me internarian por mis problemas de autoestima, también me informaron de que sufria bulimia. Yo sabia muy bien que tenia problemas, que no estaba bien, pero una cosa era aceptarlo y otra era proponerse mejorar y, aunque lo había intentado, yo no podia hacer eso y menos yo sola.

Siempre había querido alejarme de mi casa por varias razones:

Mis amigas no me importaban, ellas no me tenian nunca en cuenta, a veces pensaba que era un estorbo y que estaba con ellas para no sentirme más sola de lo que ya estaba.

En mi familia parecia que estaba todo perfecto, pero eso era solo una imagen que dávamos. Mis padres discutian todo el tiempo, hasta que uno de los dos se cansaba de gritar. Papá solia irse enojado y a todo velocidad en el coche, me hacia sufrir, poque en ese estado no era consiente de nada y podia tener un accidente. Por otro lado, mamá se encerraba en el baño a llorar. Se emborrachaban y fumaban, ¿esque acaso yo no les importaba? No, está claro que yo no le importo a nadie.

En ese momento choqué con alguien, haciendolo caer.

-Lo siento- Dije extendiendo mi mano para ayudarla-Venia distraída.
-No te preocupes, yo era la que estaba dando vueltas en medio del jardín-dijo la pequeña niña un poco avergonzada, yo sonreí enternecida. ¿como una niña tan pequeña y dulce podia estar internada aqui?.-
-Por cierto, el Dr. Cowell nos mando a reunir a todos en el taller recreativo.- le informé recordando la razón por la que me había dirijido al jardín-
-Gracias- me dijo sonriénte, me encogí de hombros y me fuí-[/size]

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~.~

Me encontraba sentada en un sofá del taller recreativo esperando a que el Dr. Cowell nos informara las nuevas noticias. Habían muchisimos chicos internados. Unos con problemas importantes, otros parecen bastante normales y también estoy yo, que estoy aqui porque siento que nunca tendria que haber nacido, porque nunca hago nada bien y, además, soy tan fea y gorda que nadie jamás se fijaria en mi.

Miré hacia mi lado, vi que alli sentada se encontraba Eilsel o bueno, quizá era Reslie o alguna de sus muchas personalidades. Ella notó mi mirada y se giró para observarme, seguidamente me sonrió devilmente.

- hola- me dijo- ¿como estas?- un poco confundida asentí-

- emm... supongo que bien, la verdad es que si estuviera del todo bien no estaria aqui- reímos y en ese momento el Dr. Cowell salió junto con el Dr. Horan y el Dr. Stephenson, entre ellos había un chico alto moreno, bastante lindo, por cierto-

- Chicos, tengo el agrado de decirles que hoy se les unirá un nuevo compañero. Su nombre es Zayn Malik, se acaba de internar hoy así que sean amables -dijo el Dr. Cowell y sin más que decir salió de alli seguido por los doctores-

Rápidamente todos se acercaron a saludar a Zayn, el morocho y sexy chico nuevo. Parece normal y muy seguro de lo que hace, no comprendo porque un chico como él esta aqui dentro.

- voy a saludar- me comentó Eilsel y se dirigió hacia el muchacho-

Me paré y caminé hacia la salida. Vi como Charlotte Heynie salia rápidamente del salón seguida por la pequeña niña, que también se llama Charlotte. Salí después de ellas y caminé hacia mi habitación. El sol se encontraba en lo alto del cielo, pero no tenia ganas de estar rodeada de gente, queria estar sola, al fin y al cabo asi estaré toda mi vida, tengo que acostumbrarme.

Miré mis horarios de hoy, quizá tenia que ver hoy a algun doctor y, efectivamente, hoy tenia que ir a la consulta del Pscicologo. No tenia ganas de ir, el doctor era un señor que nunca hacia nada interesante, solo me abligaba a hablar y hablar de mi, no lo soportaba!, pero si no me presentaba alli en media hora tendria graves problemas.

Me asomé por la puerta y vi como la Dra. Regina caminaba por el pasillo mirando una planilla. Ella era una chica hermosa, delgada y joven. ¡Le tenia tanta envidia!. Levantó su cabeza y, al verme, sonrió.

- Hola Kelsey!- me saludó mientras se acercaba- ¿como estas hoy?- yo hice una mueca-

- bien...- sonreí falsamente. Ella frunció el ceño y posó una de sus perfectas manos en mi hombro-

- linda, sabes que estamos aqui para ayudarte, asi que puedes contarme todo- sonrió nuevamente-

- estoy bien, Doctora...- volví a decir en un tono de voz casi inaudible-

- bien- suspiró y miró el reloj de su muñeca- ya van a ser las doce, ¿quieres comer ahora o te vengo a buscar para ir a comer más tarde?- mi estómago hizo un ruido extraño, tenia hambre-

- ahora- ella asintió y caminé a su lado hasta el comedor-

Como en la mañana comencé a comer sin parar. Tenia mucha hambre, demaciada. La doctora me dijo que tenia que hacer algo, por lo que se fué y me dejó sola. Miré a mi alrededor y me percaté de lo que estaba haciendo. ¡Siempre hago lo mismo!. Escupí la comida que tenia en mi boca y corrí al baño nuevamente. Sentia como la comida subia por mi garganta. Mi estómago ya no retenia nada.

Caminaba hacia mi habitación, ya había sacado todas esas calorias de mi cuerpo. Al llegar inspeccioné mi alrededor. Otra vez sola en este gran lugar. Habian cientas de personas alli, enfermeros por un lado, doctores y aún más pacientes, pero yo seguia sintiendome sola. Miré el marco de mi puerta, amarillo. No sé quien más se encuentra en este sector. No he socializado con nadie, excepto los medicos y... bueno, he hablado con más personas, pero solo un hola y un adios. Cerré la puerta de mi cuarto y caminé hacia el despacho en donde el pscicologo siempre me esperaba.

NOMBRE COMPLETO: Justin Bieber
OCUPACIÓN: Práctica en Psicología y enfermería.

Caminaba por los jardines avisando a los pacientes que me encontraba por el camino. El Dr. Cowell los queria a todos reunidos en el taller recreativo. Al parecer había un nuevo chico en el St. Cowell’s Institution.

Vi a Allie Payne sentada en una silla verde y con lentes de sol. A su lado recostada en el cesped se encontraba Dominique. Me acerqué a ellas y me percaté de que la rubia tenia los ojos cerrados. Miré a la castaña.

- oye Allie, ¿le ha pasado algo a Dominique?- la señalé. Payne me miró por unos segundos y se sacó los lentes-

- tu eres... eres un Doctor, ¿verdad?- yo asentí-

- soy el Dr. Justin Bieber- ella asintió-

- aahh... si, yo sabia que eras un doctor...- miró a la chica que se encontraba a su lado- creo que se ha quedado dormida...-

– ¿Dominique? – la llamé para despertarla- ¿Dominique? Despierta…-
– ¿Ah? – murmuró, ella aún no reaccionaba.-
– Despierta… te has quedado dormida y necesitamos que vayas a la sala de actividades y lleves a Allie. – Después de unos segundos ella parpadeó rápidamente y miró a su lado, donde se encontraba Allie mirándola dulcemente – Ve… que yo debo ir a avisarle a los demás- le informé-
– Pero no quiero… Quiero irme a mi habitación, ¡váyase!- exclamó ya un poco molesta-
– ¿Puedes llevarme por favor? – le pidió suplicante Allie – Me gustaría saber quien llegara...- murmuró después-
– ¿Ves? Allie quiere ir… - le dije, ella asintió, yo me levanté y caminé hacia dentro.-

~·~

“No podré asistir a mi turno de hoy a las doce y media”. Eso fué lo que me explicó el Dr. Cowell cuando me pidió que lo reemplazara. No pregunté más, solo asentí entusiasmado. Amaba esto de ser pscicologo y ayudar a las personas a sentirse bien. Sabia que no era un trabajo fácil, pero había que esforzarse en todos los trabajos y a mi me gusta más esforzarme por ayudar a una persona que hacerlo para levantar grandes edificios.

Entré al despacho, me senté en el cómodo sillon de piel negro que se encontraba detrás de un gran escritorio de madera. Miré la tablilla de horarios. Hoy solo tenia una paciente. “Kelsey Collins”. Leí su nombre y, seguidamente, sus problemas. En ese momento la puerta se abrió y yo me giré para encontrarme con una hermosa chica, Kelsey. La había visto por los pasillos alguna vez, pero nada más.

- em... hola- dijo ella casi en un susurro y cerró la puerta-

- Hola! Eres Kelsey, ¿verdad?- ella asintió devilmente- ven, sientate aqui- caminé hacia ella y la dirigí hacia un sillon color beige. Me senté delante de ella con mi libreta en las manos y le sonreí.- Te preguntarás porque estoy yo y no el Dr. Cowell, ¿verdad?- ella asintió, parecia ser una chica de pocas palabras- bien, lo sucedido es que él no podia venir hoy y me ha pedido que lo venga a sustituir, ¿te parece bien?- ella se encogió de hombros. Sonreí de lado y la observé por unos segundos.- He pensado que, como no nos conocemos, podemos utilizar esta hora para hablar sobre nosotros, ¿quieres empezar?- negó rápidamente con su cabeza, yo suspiré- bien, empezaré yo- hice una pausa- Me llamo Justin Bieber, tengo 19 años y estoy aqui para poder especializarme en esto y ayudar en mis estudios. Soy Canadiense,- eso pareció sorprenderla, ya que de sus labios se asomó una pequeña sonrisa- pero viví hasta los 18 años en California.- ella abrió sus ojos con asombro- Luego me mudé a Londres para seguir con mi carrera- le sonreí-

- Yo me llamo Kelsey Collins, tengo 17 años. Nací y viví hasta hace dos meses en California- me explicó-

- y dime... ¿sabes porque estas aqui?- le pregunté-

- claro- contestó asintiendo con su cabeza- yo se que tengo problemas... pero no puedo hacer nada para arreglarlo... me temo que me tendré que quedar aqui encerrada hasta que... bueno, hasta que deje de existir...- yo fruncí el ceño, no podia dejar que ella se arruinara de esa forma la vida que tenia por delante-

- mira, desde ahora en adelante cada vez que digas no puedo te cortaremos un poco el pelo- ella volvió a abrir sus ojos con sorpresa-

- ¿enserio?- asentí- No! El pelo es lo único lindo que tengo...- hizo una mueca- creo...

- tu pelo es muy bonito, Kelsey- le sonreí- por eso no puedes volver a decir “no puedo”, ¿está claro?- ella asintió- desde ahora en adelante solo puedes decir “puedo”, ya verás como si podrás...- ella negó-

- no, poeque si yo digo “puedo salir” no se me abrirá un puerta en la pared dejandome salir de aqui...- dijo obvia-

- lo sé... pero si puedes esforzarte por mejorar y, asi, salir- Kelsey no dijo nada. La observé y miré sus ojos, noté como poco a poco se cristalizaban, odio ver a la gente llorar, pero tenia que dejar que ella se deshaogara- ¿por que lloras? Puedes decirmelo Kelsey, no se lo diré a nadie y, almenos, podras soltarlo todo...- murmuré cuando ví como pequeñas y silenciosas lagrimas brotaban de sus ojos-

- Soy horrible Justin, no puedo hacer nada bien... ¿por que no puedo ser como todas las chicas normales?- se secó algunas lagrimas, pero rápidamente más de ellas se deslizaron por su mejilla- Me siento tan inferior a los demás... todos son tan hermosos y yo soy tan... fea...- sollozó, ya no podia contenerse- por esa razón siempre me ha costado tener amigos, nunca he hablado con chicos... además- se señaló- ¿no lo ves? Mira mis piernas! ¿porque tienen que ser tan gordas?- tapó su cara, como si asi no se notara que estaba llorando, yo suspiré y miré sus piernas, eran tan lindas y perfectas, no eran extremadamente delgadas, pero no eran “gordas”, como decia ella, estaba claro que necesitaba ayuda-

- Kesley- la llamé- mírame, porfavor- ella asintió y me miró con los ojos rojos- prométeme que te esforzarás por mejorar, tienes que hacerlo- ella me miró por varios segundos sin decir nada y luego asintió- bien- saqué un panuelo de mi bata blanca y me acerqué a ella para secarle la cara- eres hermosa, no tienes porque pensar todas esas cosas de ti... recuerda, no tienes que ser hermosa como las demás, tienes que ser hermosa como tu...- me miró fijamente a los ojos-

- tu no lo entiendes, es frustrante tener costantemente voces en tu cabeza diciendote: “mírate, estas horrible” o “¿y si ellos no quieren estar contigo?” siempre hay algo en mi cabeza haciendome sentir insegura y, lo peor es que yo sé que soy yo la que pienso eso y no p...- se quedó callada y yo sonreí- y tengo que hacer algo- reímos-

- asi me gusta, linda- miré la hora.- bien, ya te puedes ir- ella me miró sorprendida-

- ¿ya? ¿tan rápido pasó?- yo asentí sonriénte, ella se paró, me miró y luego se dió la vuelta para salir del despacho-

Kelsey tenia que ser fuerte y mejorar. Ella tenia muchas posibilidades de curarse y salir adelante con su vida, sólo tenia que esforzarse. Abrí la puerta del despacho y me encontré con el doctor Cowell con una gran sonrisa en su rostro. Fruncí el ceño, no entendia. ¿que hacia él aqui?.

- ¿que hace aqui?- pregunté confundido-

- Justin...- rió- Sólo te estaba haciendo una prueba, lo has echo genial! Kelsey ha hablado más contigo que con nadie- yo sonreí-

- me gusta ayudar a las personas...- me encogí de hombros- y.. Kelsey... ella tiene muchas posibilidades de salir...- él asintió-

- lo sé... por eso te haré esta propuesta....- hizo una pausa- ¿querrias ocuparte del caso de Kelsey?- yo abrí mis ojos sorprendido-

- seria un honor, me encantaria!- él sonrió y asintió-

- muy bien, es toda tuya joven- colocó su mano derecha en mi hombro- no me desepciones- me sonrió se fué dejandome en ese gran despacho-

Tenia que pensar ideas con las que ayudar a esta chica tan fragil.

Hoy también me tocaba el turno de la noche. Pasaria por los cuartos de los pacientes dando pildoras y apagando las luces para que duerman. Salí de alli y caminé hacia el baño. Miré mi reflejo en el espejo por unos minutos, no podia sacarme a Kelsey de la cabeza, tenia que ayudarla y lo haría.

~·~

Ya eran las nueve de la noche y estaba pasando por todas las habitaciones. Entré a la de Charlotte, muchos decian que era peligrosa, yo no había hablando con ella, ni la habia tratado, por lo que no la conocia.

Me devolvió el vaso con agua y la miré por unos instantes.
—¿Todo en orden, Charlie? —ella asintió y se cubrió con la manta de su cama—. Edward me dijo que Daniel volvió a robarte… no dejes tus cosas en cualquier lugar, sabes que le cuesta y no lo estás ayudando —Charlotte no dijo nada, suspiré y me fuí de alli apagando la luz-

Me dirigí al sector amarillo para hacer lo mismo con esos pacientes. Entré a la primera habitación y ví a la castaña que ahora se encontraba bajo mi responsabilidad. Ella tenia los ojos tristes.

- ¿está todo bien, Kelsey?- ella asintió- me alegro- le dí el vaso con agua y tragó las pastillas que estaban asignadas para ella-

- toma- me entregó el vaso y se acostó, yo caminé hacia la plantilla con sus horarios-

- hasta dentro de dos dias no tienes que ir a mi consulta, pero sabes que cuando me necesites estaré para ti, ¿si?- ella frunció el ceño-

- ¿contigo?- yo asentí-

- ¿no te han dicho?- negó con su cabeza- seré tu pscicologo- ella asintió-

- aahh... bien, hasta mañana- se tapó con las mantas, apagué la luz y cerré la puerta. Juro por mi vida que esta chica se mejorará, que se recuperará y saldrá adelante.