-Argumento-
"El St. Cowell's Intitution recibe pacientes de todas las clases sociales con desordenes mentales. Allí se trata la enfermedad mientras los pacientes conviven los unos con los otros en un ambiente propicio y especialmente controlado para ellos, de forma que puedan seguir su tratamiento sin problemas mientras crean relaciones sociales los unos con los otros con el propósito de que al salir, les sea fácil adaptarse al mundo fuera de las paredes del St. Cowell"
Bueno chicas, soy yo Yae... Esta es una novela colectiva (quiere decir que tiene varias escritoras) y con muchos personajes :D Espero que les guste y que la lean mucho e.e
Pondré el nombre de cada escritora al inicio de su capítulo, y la ficha de los personajes en otra nota...
Esta novela es mía aunque no aparezca mi nombre, después quizá explique ¿Por Qué?
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Escrito por: Derphantasie
CAPÍTULO 1: EL PACIENTE NUEVO
NOMBRE COMPLETO: Charlotte Erin Heynie.
EDAD: 21 años.
ENFERMEDAD (ES): Manía Depresiva (bipolaridad), Dersorden Narcisista, Bulimia.
NOMBRE COMPLETO: Zayn Jawaad Malik.
EDAD: 18 años.
ENFERMEDAD (ES): Psicopatología sexual (Adicción), Pansexualidad, abuso sexual.
I. CHARLOTTE
La mirada sombría de Charlotte se cruzó con la de Daniel. Él lucía nervioso, alterado por algo, las manos le temblaban y tartamudeaba al hablar.
—Yo no lo hice, lo juro —repitió por enésima vez el rubio. Charlotte puso los ojos en blanco y bufó por lo bajo, las veces anteriores había dicho lo mismo y resultó que todas sus cosas robadas fueron encontradas bajo el colchón de Daniel.
—Sólo dime dónde está —le dijo ella con un aire de superioridad. La frialdad de sus palabras hizo dudar a Daniel y finalmente se rindió, con el carácter de Charlotte no se jugaba y si seguía evadiendo la culpa, ella le haría la vida imposible y eso era lo menos que quería, estar cerca de la chica. Nadie quería estar cerca de ella, a excepción de la pequeña Charlotte, pero tan sólo era una niña fascinada por las coincidencias de nombre, se decía Daniel, cuando descubriera el horror de persona que era Charlotte Heynie, se alejaría de ella al igual que los demás.
—Está en mi cuarto —dijo resignado, le pareció ver un atisbo de sonrisa en el rostro de Charlotte, pero ésta nunca llegó, así que pensó que había sido su imaginación y su anhelo por creer que esa chica era humana y no un robot frívolo y egocéntrico.
—Ven que las cosas se solucionan conversando —dijo Edward, el enfermero de turno a esa hora.
Daniel le dedicó una sonrisa melancólica y se puso en marcha hacia su habitación para buscar lo que le había robado la noche anterior a Charlotte. Era inevitable para él, no lo hacía a propósito, pero al parecer ella sí, porque se aseguraba de dejar las cosas de más valor en los lugares más llamativos para él.
Charlotte no dijo nada en el trayecto, pero disfrutaba ver la culpa en el rostro de Daniel, era uno de sus juegos favoritos. Sin embargo, nunca admitiría que lo que hacía era cruel. No, todo lo que ella hacia era perfecto, pensaba, absolutamente todo.
Cuando Daniel abrió la puerta de su cuarto, Charlotte no entró. Nunca entraba a las habitaciones de los demás, lo tenía prohibido por el Dr. Cowell al igual que Daniel, aunque éste último hacia tiempo que había dejado de cumplir con esa regla.
Y la razón era muy sencilla, Daniel tenía cleptomanía y Charlotte bipolaridad. En el cuarto del chico le permitían tener un espejo, algo altamente peligroso para Charlotte: o lo quebraba e intentaba suicidarse otra vez, o despertaba el narcisismo más profundo que escondía en su ser.
Y a pesar de su actitud despiadada e inhumana con los demás, ella quería recuperarse, así que se aseguraba de cumplir con las reglas que los doctores le ponían.
Daniel rebuscó entre su cómoda de ropa, sacó camisas y pantalones tirándolos sobre su cama con desesperación, quería que Charlotte le dejara en paz.
En el St. Cowell tenían permitido usar ropa normal, especialmente los días festivos en los que venían la mayoría de los familiares, aunque por alguna razón Charlotte usaba siempre la bata blanca que le habían entregado el primer día en que llegó. Incluso cuando sus padres venían a verla, ella no se quitaba la bata.
Lo único que usaba a veces era una corona de flores artificiales, la cual Daniel había robado la noche anterior.
Cuando la encontró, se le entregó a Charlotte y le cerró la puerta en sus narices.
—Hablaré con él para que se disculpe —dictaminó Edward, cuando estuvo a punto de tocar la puerta para que Daniel saliera, Charlotte le detuvo la mano y negó con la cabeza.
No dijo ni una palabra y se fue por el pasillo hacia el jardín a tomar algo de sol, ahora que tenía su corona de flores, se sentía más segura.
Edward la observó salir, parecía que nunca le importaba nada, ni como la trataban ni lo que decían de ella. Y sin embargo, al mismo tiempo daba la sensación de que sufría y sangraba por dentro y que eso lo cubría con una capa gruesa de narcisismo.
Charlotte salió al jardín y vio a Emmeline, una chica rubia que desde que la vio, le pareció una chica muy agradable.
Pero no se acercó a ella, como siempre, nunca se acercaba a nadie que no fuera la pequeña Charlotte Grant, una niña que había llegado hace algún tiempo y por quien había comenzado a sentir un gran afecto, más del que creyó sentir por alguien. En cierta forma eso la asustaba, pero el Dr. Joseph Jonas le dijo en una de sus citas en su oficina que eso era un gran avance para ella, sentir aquella maternidad hacia la niña le devolvía algo de humanidad.
Sonrió y se sentó en medio del césped, sin importarle que el sol de verano abrasara su piel.
Sintió los rayos del sol y sólo cuando se aburrió, se levantó de allí y decidió dar una ronda por el establecimiento, tal vez podría ir a fastidiar a la Dra. Regina, parecía tener una paciencia increíble con ella y eso le agradaba, en especial el hecho de que fuera la única mujer que trabajara allí, salvo por algunas enfermeras pero que eran tan odiosas como la misma Charlotte.
Fue a la recepción a preguntarle a una de las secretarias donde se encontraba la Dra. Regina y, una de esas mujeres de horrible cabello decolorado y de largas uñas bien limadas, la miró con burla en sus ojos. Charlotte no dijo nada, estaba acostumbrada a que la trataran de loca, pero con los únicos que no se enojaba era con los otros pacientes.
En cambio, las secretarias parecían tener un poder sobrenatural sobre ella que hacia que se molestara con sólo acercarse a sus escritorios.
—Está ocupada, Charlotte. Y sabes que no puedes venir aquí, tendré que decírselo al Dr. Cowell y me temo que te quitara tu preciosa corona de flores otra vez, ¿quieres eso? ¿Qué te quiten esa estúpida corona? Vete a vomitar y no molestes, tengo mucho trabajo que hacer.
Charlotte refunfuñó, sin decir nada. Si hacía algo que la secretaria considerara como violento, la única cosa que lograría sería un castigo y ser encerrada en el cuarto de paredes blandas y acolchadas en las que se hospedaban de vez en cuando los pacientes más violentos. Ella ya había estado allí dos veces, la primera cuando intentó suicidarse en el baño –razón por la cual le quitaron todos los espejos- y la segunda cuando se peleó con Quinn Manson, sabiendo que tenía todas las de perder. Ese día terminó con un ojo morado y el labio roto, ni siquiera recordaba por qué había iniciado la pelea, sólo sabía que Ethan, el hermano de Quinn, la tenía en la mira desde esa pelea y que en cualquier momento podría hacerle daño. Así que caminaba con cuidado por el pasillo de los hermanos Manson.
Se alejó de la secretaria con la sangre hirviéndole de rabia, a veces le costaba controlarse. En especial cuando la trataban como si fuera una persona vulgar y no como alguien que pertenecía a la clase alta.
Se mordió la lengua hasta que ésta sangró, sonrió de medio lado saboreando el horrible sabor de su sangre.
No, no permitiría que esa secretaria la humillara. Ella era Charlotte Heynie, no una paciente como cualquier otra.
Se devolvió para lanzarse sobre la mujer, arrancarle ese espantoso cabello mal teñido y… ahí fue cuando lo vio.
Estaba apoyado sobre un solo pie, con su cuerpo recostado en la mitad del escritorio. Tenía el cabello negro y la piel morena, eso llamó su atención, porque sus padres eran unas personas muy racistas y por culpa de ellos nunca había conocido a nadie que no fuera pálido. Por eso sentía esa fascinación por la pequeña Charlotte y por este chico desconocido.
—Vamos, Zayn. Con las secretarias no —Charlotte pareció regresar de su nube al oír la voz del Dr. Cowell. Se apresuró en esconderse detrás de un basurero, haciéndose un ovillo lo más pequeño posible para no ser descubierta.
Asomó sus ojos, ya no tan fríos ni amenazadores, para ver al chico. Había algo en él que no podía entender, no parecía estar loco o traumatizado, no se parecía a nadie del St. Cowell. Lucía una sonrisa segura, una presencia fresca y jovial, incluso Charlotte pensó que brillaba como los rayos de sol del jardín.
Se dio cuenta de que no era como nadie que haya conocido.
—Vamos a mi despacho, allí te diré en que pasillo se encuentra tu cuarto y también las reglas que tendrás que acatar si no quieres problemas —le dijo Cowell.
De tal modo que era paciente, pensó Charlotte. Nunca antes se había interesado por alguien como en ese momento.
Se quedó mirando al paciente nuevo mientras seguía al Dr. Cowell por otro pasillo, sin embargo, antes de perderse de vista, Zayn se dio media vuelta y clavó su mirada en el escondite de Charlotte.
Sonrió con una lascivia que Charlotte nunca antes había apreciado en algún chico y guiñó un ojo. Se marchó de allí y cuando ella estuvo segura de que todo había pasado, miró detrás se si misma por si había otra persona. Mas no había nadie más, sólo ella.
Se quedó un buen rato allí, sentada tras el basurero, hasta que la pequeña Charlotte la encontró.
—¿Qué haces allí, Charlie? El Dr. Cowell nos reunió a todos en el taller recreativo, tienes que venir o se enojará contigo —Charlotte la siguió, guiada por la menuda mano de su amiga de 12 años. Se entristeció al ver el contraste de sus pieles, odió a su padres por ser los influyentes en sus problemas se superioridad, si no fuera por ellos jamás hubiese sido así. Seguro les daba un ataque si descubrían de su amistad con esa niña.
Al menos eso le hizo sonreír, cuando estaba de buen humor el pensar en sus padres enfadados le armonizaba el día como una canción de cuna.
Al llegar al taller recreativo, esquivó la mirada de los hermanos Manson, que seguían observándola con hostilidad de vez en cuando. No los culpó, si ella fuera otra persona, se odiaría tanto como los demás, pero lamentablemente no lo era y ser ella tenía sus consecuencias.
El Dr. Cowell se paró frente a todos los pacientes que guardaban silencio. Al lado del hombre le acompañaban el Dr. Niall Horan y William Stephenson, y detrás de ellos el chico de la recepción, Zayn.
Charlotte sintió que algo se removía en su interior, era inquietante sentir tanta curiosidad por una persona que no conocía.
—Chicos, tengo el agrado de decirles que hoy se les unirá un nuevo compañero. Su nombre es Zayn Malik, se acaba de internar hoy así que sean amables.
Y esas fueron todas las palabras de Cowell, que no sonaron secas ni carentes de sentimientos, el hombre era estricto pero muy amable, era como el modelo paternal para todos los pacientes.
Se marcharon para dejar que sociabilizaran con Zayn, quien parecía a gusto con toda la atención recibida.
Charlotte se dio cuenta que esa sonrisa que le heló la sangre hace un rato no desaparecía de su rostro por ningún motivo, y parecía hipnotizar a todos con su encanto y su mirada.
De pronto, fijó su vista en ella y se mordió el labio. Charlotte no bajó su mirada, no estaba avergonzada y jamás podría estarlo –una de las ventajas de su enfermedad-, pero sí estaba muy confundida.
¿Qué clase de trastorno tendría ese chico? Charlotte no lo podía entender, parecía demasiado normal, muy corriente, como si nunca en su vida hubiese sufrido o intentado suicidarse, como la mayoría de los que estaban internados allí.
La primera en acercarse al paciente nuevo fue Eilsel, Charlotte supuso que debía estar siendo dominada por Reslie, su otra personalidad.
Observó cada uno de los gestos de Zayn, cada movimiento. Y todos parecían estar dirigidos hacia ella.
“Genial, además de todo lo que tengo, tendré que agregar a la lista manía persecutoria, ahora seré como Lilian” pensó Charlotte. Le dirigió una mirada rápida a Lilian, sentada en un rincón algo asustada y muy nerviosa, siempre estaba así.
No soportó la presión, salió del taller tan rápido como llegó. La pequeña Charlotte la siguió y apresuró el paso, su amiga parecía tener bastante prisa.
—¡Charlie! —le gritó—. ¡Espérame!
Charlotte se detuvo y espero a la niña, cuando llego a su lado le dedicó una sonrisa para que comprendiera que el problema no era con ella.
—¿Qué te sucede? Si no te conociera, diría que no te agradó para nada el nuevo paciente —le dijo Charlotte Grant.
—Nadie me agrada, Charlotte. Nadie puede agradarme, salvo tú, por supuesto —le respondió con cierto aire desolado.
En parte era verdad, no todos le agradaban. Pero era por el rechazo que creía que todos sentían hacia ella. Todas las mañanas, al levantarse, se repetía una y otra vez que no valía la pena conocer a los demás si no estaban dispuestos a soportarla, hacer eso sabiendo que la odiaban sólo provocaría más dolor y lo menos que quería en esos momentos era tener una recaída e intentar suicidarse otra vez, en especial ahora que la Dra. Regina le decía que había mejorado mucho.
Aún tenía la corona de flores en sus manos, las observó con cariño, eran un regalo de un amigo, el único que había logrado hacer fuera del St. Cowell. No lo veía desde hace un año cuando él viajó a Francia para estudiar. Sacudió la cabeza para quitarse ese recuerdo de su cabeza, le ponía muy triste.
Posó la corona sobre su cabello y le tendió la mano a Charlotte.
—Vamos al jardín, ayer aprendí a hacer una trenza y quiero hacerla en tu cabello, te verás muy bonita —le dijo con una dulzura que sólo salía a flote cuando se encontraba a solas con la niña. En serio la quería mucho, le hacía sentirse tan normal.
—Claro, pero no creo que me vea como dices, por más trenzas que hagas nunca cambiaré —las palabras de la pequeña Charlotte oscurecieron la mirada de la mayor, esas palabras siempre le dolían porque le recordaban que ella estaba enferma, que su amiga estaba enferma, que todos allí estaban enfermos y que probablemente nunca saldrían de esas paredes.
—Eres bonita, no dejes que los demás te digan lo contrario.
—El problema no son los demás… sino yo —le contestó la niña.
—Vamos al jardín, es un día muy agradable para salir a tomar algo de sol —cambió de tema inmediatamente, Charlotte no era buena para hablar de sentimientos y esas cosas, por más identificada que se sintiera con la pequeña.
A pesar de ya haber tomado sol en la mañana, a Charlotte nunca le molestaba estar afuera, se sentía menos custodiada que en su cuarto o en los pasillos, donde estaba rodeada de doctores y enfermeros, después de cinco años en el St. Cowell, nunca terminaba de acostumbrarse al lugar.
Se sentaron bajo un árbol, hacia más calor a esa hora. Charlotte miró los hombros de la niña y se dio cuenta de que sus huesos sobresalían.
—¿Vomitaste el desayuno? —inquirió.
Charlotte Grant se encogió de hombros y sonrió.
—¿Acaso tú no lo hiciste también?
—El desayuno no —se limitó a responder.
Observaron como el resto de los pacientes salían al jardín, acompañados del paciente nuevo que parecía ser él más sociable de todos. Conversaba con cada uno y les sonreía, destacaba ante la mirada de Charlie.
—Charlotte, ¿sabes que tiene el chico nuevo? No parece enfermo —le dijo a la morena.
—No tengo ni la más mínima idea, pero se ve simpático. Deberíamos ir a hablar con él y preguntárselo.
Charlie miró una vez más a Zayn, quien resplandecía alegría. De repente, como si la percibiera, volteó su rostro y se encontró con la mirada de Charlotte. Cruzaron miradas por un largo minuto, el narcisismo de ella le impedía apartar los ojos, no quería perder ese duelo de miradas. Pero él no parecía incómodo por la frialdad de ella, incluso creyó que se veía complacido por haber captado finalmente toda su atención.
Después de un rato, él se rindió y continuó conversando con los demás.
—Ve tú, no me quiero acercar a ese chico, no me inspira confianza —Grant se puso de pie y se dispuso a darle la bienvenida a Zayn, pero antes de irse, Charlie la detuvo y le dijo con seriedad:
—Pero no le preguntes qué tiene, jamás preguntes eso… a nadie —la niña asintió y se alejó.
(…)
Antes de ir a dormir, los enfermeros pasaban por cada cuarto verificando que todos estuvieran ya acostados y que se hayan tomado las medicinas. Charlotte le dio un largo trago a su vaso de agua y se tragó las tres píldoras a la vez, los calmantes no le gustaban, pero le ayudaban a dormir.
Le devolvió el vaso a Justin, el enfermero que le tocaba turno esa noche. Era una persona agradable, a pesar de ser menor que ella, Charlotte le tenía respeto y le hacía caso en todo.
—¿Todo en orden, Charlie? —ella asintió y se cubrió con la manta de su cama—. Edward me dijo que Daniel volvió a robarte… no dejes tus cosas en cualquier lugar, sabes que le cuesta y no lo estás ayudando —Charlotte no dijo nada, pero lo pensó mucho rato, incluso después de que Justin se fuera y le cerrara la puerta, siguió pensando que tal vez el juego de fastidiar a Daniel no era una buena idea. Pero prefirió sumergirse en un sueño profundo, no quería pensar en las cosas malas que hacia.
Se sumió en la oscuridad por mucho tiempo, pero cuando sintió que algo le hacia cosquillas en el brazo, abrió los ojos y creyó que sólo habían pasado algunos minutos desde que Justin se fue. Pero sabía que no, que las píldoras alteraban un poco su percepción del tiempo y que lo más seguro era que pasaron unas cuatro horas desde que se acostó a dormir.
Todo seguía a oscuras, pero el cosquilleo en su brazo seguía. Hizo acopió de levantarse para ver que le molestaba tanto, cuando un peso cayó sobre su cuerpo y le imposibilitó cualquier movimiento.
Sucedió muy rápido, una mano tapó su boca para que no gritara y la otra se coló entre las sábanas hasta llegar a su pijama, esquivó la tela y acarició su estómago, el contacto era demasiado cálido y el peso le hacia daño.
Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, distinguió los rasgos de su atacante. Quiso gritar y escapar cuando se dio cuenta de que era el paciente nuevo.
II. ZAYN
Guardó el último par de calcetines en su bolso y lo cerró, sabía que era la decisión correcta si quería acabar con todo eso.
Su madre tenía los ojos cristalizados y las mejillas bañadas en lágrimas, nunca imaginó el infierno que tuvo que pasar su hijo y que ella ni siquiera fue capaz de darse cuenta. Zayn corrió al umbral de la puerta y la abrazó con fuerza, extrañaría mucho a su madre, pero internarse en el St. Cowell’s Institution era lo mejor para él.
—Hijo, por favor… no vayas… —sollozaba su madre en medio del llanto.
—No, mamá. Si no voy, seré un desastre, estoy seguro. Tú no sabes lo que es sentir esto que llevo dentro y que me impulsa a desear a todas las personas que se me crucen —era la verdad, cruda y maldita verdad.
Era inevitable que ese día no llegara. Se había dado cuenta de sus problemas hace algunos años, cuando sintió que todo lo que hacía estaba mal, que despertar con una persona distinta cada mañana era solitario y que tener sexo y fantasear con las demás personas bajo su cuerpo no era sano. Necesitaba ayuda para superar su adicción, quería seguir adelante y ser feliz, no quedarse estancado por siempre en una cama con desconocidos.
Su madre no dijo nada más. Su padre se había encerrado en su habitación desde el día de ayer, cuando Zayn les comunicó que se internaría porque fue diagnosticado con Adicción Sexual y Pansexualidad, sin mencionar el hecho de que les reveló su más horrible secreto: que fue abusado sexualmente por un profesor cuando tenía ocho años.
Su familia se derrumbó en ese instante, pero Zayn sabía que cuando saliera del St. Cowell, las cosas se solucionarían y todo iría de maravillas.
Se despidió de su madre y le recordó el horario de visitas para que lo fueran a ver, le dijo que se despidiera de sus hermanas y de su padre, ya que no soportaría tener que hacerlo él.
Tomó un taxi, hacia mucho calor y por la ventana del vehículo podía ver a las personas que caminaban por las calles con muy poca ropa. ¿Era su imaginación o en verano todos se veían mejor? Sacudió la cabeza, tenía que llegar pronto al St. Cowell antes de que se tirara del taxi y acorralara a cualquier persona contra la pared para hacerlo en plena calle.
Se miró los pantalones, un bulto se levantaba y maldijo para sus adentros, podía soñar que en un futuro lo superaría, pero en esos momentos tenía una erección y no era una buena señal.
Cuando llegó al centro, se asombró de ver lo grande y moderno que era. Imaginó que sería como un manicomio con rejas hasta el cielo y perros guardianes para que los locos no escaparan, pero parecía una escuela limpia, agradable y con un jardín delantero muy bien cuidado.
Caminó incómodo hasta la recepción, su entrepierna le dolía y necesitaba a alguien, cualquier persona para descargar todo el deseo que reprimía.
Dejó su bolso en el suelo y buscó un baño, había ido allí para controlar su deseo sexual, así que haría lo que hacían los chicos normales de su edad: usar la mano.
Pero fue demasiado tarde, se encontró con los escritorios de las secretarias y eran justo lo que él necesitaba, cuerpos.
Se apoyó en un pie y recargó la mitad de su cuerpo en el escritorio de una mujer con el cabello mal teñido y de ropa pasada de moda, ella parecía encantada por la atención de Zayn, era un chico guapo, se decía, muy guapo.
Zayn la miró fijamente, sabía que con una mirada penetrante la tendría bajo su poder en unos segundos. Pero un carraspeó lo desconcentró y escuchó la voz del Dr. Cowell:
—Vamos, Zayn. Con las secretarias no —se volteó y se encontró con la mirada severa de Cowell, el psicólogo que lo había estado viendo desde hace un mes y que le había sugerido internarse en un centro psiquiátrico.
—Vamos a mi despacho, allí te diré en que pasillo se encuentra tu cuarto y también las reglas que tendrás que acatar si no quieres problemas —Zayn ignoró a la secretaria, cuando estaba cerca del Dr. Cowell se sentía seguro y creía que nada malo lo podría dominar, así que la atracción por aquella mujer se enfrió.
Sin embargo, cuando comenzó a seguir a Cowell, sintió que alguien le observaba. Se dio media vuelta y se encontró con un par de ojos detrás de un basurero, seguramente aquella persona creía estar bien escondida. Mas había algo más, esos ojos estremecieron su estómago y una sensación placentera bajó hasta su entrepierna de nueva.
Se había excitado con un par de ojos, eso era nuevo.
Le sonrió seductoramente y guiñó un ojo. Con eso dejaría con bastantes dudas a esa persona, y tarde o temprano se acercaría a él para aclararlas, y cuando eso sucediera no perdería su oportunidad. Ya podía imaginar cómo sería tener sexo con el dueño de esos ojos.
No le importaba que fuera hombre o mujer, nunca antes se había excitado de esa manera y, a menos que lo medicaran lo suficiente como para estar drogado y trasladarse al País de Nunca Jamás, no descansaría hasta acostarse al menos una vez con esa persona.
Entró al despacho del Dr. Cowell y se sentó en un sofá de terciopelo, con las piernas cruzadas para que no notara que tan mal se encontraba.
—Muy bien, Zayn. Me alegra que hayas venido por voluntad propia a enfrentar tus problemas —comenzó a decir el director. Era un hombre de palabras precisas, había aprendido en sus años como doctor que darle vueltas a un asunto no ayudaba a sus pacientes—. Tu dormitorio está en el pasillo superior en el segundo piso. Está marcado por el color amarillo, y eso significa que no eres un paciente peligroso.
—Entonces no me conoce —le interrumpió Zayn.
—Después del amarillo —prosiguió Cowell, pero diciéndole a Zayn con la mirada que no hablara más—. Se encuentra el pasillo verde, allí están los pacientes con casos más severos, como la bipolaridad o los trastornos de personalidad. Y en el rojo, te aconsejo que no te acerques por las noches, allí están los pacientes que sufren de esquizofrenia o psicopatía, y no es seguro cuando no están vigilados o cuando los calmantes no los ayudan a dormir.
Zayn tomó nota mental de esos datos, pero sin quitar de su mente aquellos ojos. Quienquiera que fuera, ojalá no estuviera en el pasillo rojo.
—Tu cuarto es el 416, no puedes estar en los pasillos después de las nueve, no se admite la violencia entre los pacientes y mucho menos con los doctores o los enfermeros. Todos los días hay actividades recreativas en las que puedes participar, tu horario con los psicólogos están en una hoja pegada en la pared de tu habitación y tu psiquiatra seré yo.
>>Las medicinas se toman en la mañana después del desayuno y en las noches, antes de acostarse. Dependiendo de tu caso, se decidirán la cantidad<<.
Zayn se armó de valor, no sería fácil, pero lo soportaría.
Se prometió que la persona de los ojos sería la última, después de eso estaría en abstinencia.
Cuando Cowell terminó de decirle todas las reglas del establecimiento, y las reglas personal para Zayn, salieron del despacho y afuera, dos médicos los esperaban. Uno era rubio y el otro de cabello negro, ambos de ojos azules. Eran atractivos, pensó Zayn, pero estaba obsesionado con los ojos marrones que vio detrás de aquel basurero y por primera vez, no intentó coquetear con ninguno de ellos. Además, lo tenía prohibido, las relaciones entre pacientes y el personal eran antiéticas.
Se presentaron, el rubio era el Dr. Horan y el de cabello negro era el Dr. Stephenson. Caminaron hasta el taller recreativo, tenía entendido Zayn.
Al llegar allí, comenzaron a reunir a todos los pacientes. Era una habitación espaciosa con muebles y libros, juguetes en el suelo y muchos cojines y sillones esparcidos alrededor de cada centímetro, con una gran mesa repleta de hojas y lápices de colores.
De pronto, por una puerta entró una chica alta y castaña acompañada por una niña morena que debía tener unos doce años.
—Chicos, tengo el agrado de decirles que hoy se les unirá un nuevo compañero. Su nombre es Zayn Malik, se acaba de internar hoy así que sean amables —dijo el Dr. Cowell, sacando de sus pensamientos a Zayn.
Se marchó enseguida junto con los otros doctores, la mayoría se acercó a conocer a Zayn y él los recibió encantado, le encantaba ser el centro de atención.
Pero, cuando clavó su mirada en la chica castaña, se dio cuenta que ella fue quien lo había espiado en la recepción. Vestía una bata blanca, pero notaba que era muy delgada. En sus manos sostenía una corona de flores celestes, y tenía un aire de superioridad que parecía decir que estaba fuera del alcance de todos. Eso le fascinó, eso le gustó hasta el punto de no desviar su mirada de la de ella, que no parecía avergonzada de la forma en que él la observaba.
Zayn era amante de los retos, y podía percibir que esa chica no sería nada fácil. La imaginó desnuda bajo él, gritando y gimiendo y algo en su interior se encendió como una fogata incontrolable. La necesitaba, ella sería suya aunque todos los doctores lo regañaran.
Conoció a una chica muy simpática, Reslie, aunque se notaba que no estaba en todos sus cabales.
Su nueva obsesión de pronto, se marchó, y la niña pequeña la siguió.
—¿Quién era esa chica? La de la corona de flores —preguntó.
Reslie lo miró asustada y luego rio.
—¿En serio quieres saber? Se llama Charlotte Heynie, pero no es una “gran persona”, si es que me entiendes. Se cree mejor que todos nosotros, así que no conversa con nadie, salvo con la niña, a la que todos llamamos Pequeña Charlotte.
Después de unos minutos conociendo al resto de los pacientes, salieron al jardín. Allí volvió a encontrarse con la calculadora mirada de Charlotte, algo había en ella que lo excitaba al instante.
Cruzó miradas con ella durante un buen rato, de lejos podía apreciar sus labios y piel pálida, deseó saborearla cuanto antes.
La niña la acompañaba otra vez, pero luego se puso de pie y fue hasta él.
—Hola —le dijo la niña.
—Hola. ¿Eres la Pequeña Charlotte, cierto? —ella sonrió y asintió. Zayn esperó a que los demás se dispersaran y lo dejaran a solas con la niña, cuando eso sucedió, fue al grano.
—Esa chica, la que está siempre a tu lado, ¿quién es?
—Oh, Charlie… —murmuró Charlotte y se mordió la lengua, recordó que a su amiga no le agradaba el chico nuevo, pero era algo absurdo porque a ella no le agradaba nadie y Zayn era muy normal, demasiado normal como para estar allí—. Es mi amiga, pero te digo que no se lleva bien con nadie.
Zayn tomó la advertencia como una invitación. Sonrió de medio lado y le preguntó a Charlotte en que pasillo dormía la chica.
—¿Para qué quieres saber? —inquirió ella, cautelosa.
—Para saber si es peligrosa o no.
—Ah. Está en el verde.
Zayn asintió en silencio y después se despidió. La tendría esa misma noche, de eso estaba seguro.
(…)
Tenía todo preparado. Espero en un costado del pasillo verde y cuando se hizo de noche, los pacientes comenzaron a entrar a sus cuartos. Charlotte estaba en el 308, nunca olvidaría ese número.
Después, se fue a su cuarto y recibió las píldoras para dormir de una mujer baja y gruñona. Cada pasillo tenía un enfermero a cargo distinto, pero le sería fácil evadir a esa mujer.
Cuando ella salió, escupió las pastillas y las aplastó con un zapato, luego las arrojó por la ventana y aguardó el momento indicado.
Como a las dos de la mañana se escapó, la enferma ni siquiera se dio cuenta, al ser del pasillo amarillo había menos seguridad. Colarse a la habitación de Charlotte también fue fácil, la suerte estaba de su lado esa noche.
Se acostumbró a la oscuridad del cuarto, se sentó al lado de su cama y la observó. Alcanzaba a apreciar poco del verdadero atractivo de la chica, pero ya sentía el bulto en su entrepierna y no lo aguantaba más.
Acarició su brazo una y otra vez hasta que supo que ella había despertado. Se preparó para atacar, y cuando ella intentó levantarse, se lanzó sobre ella y tapó su boca con una mano.
La inmovilizó, pero ella seguía resistiéndose. Sin embargo, en vez de retractarse, el que ella se moviera bajo su cuerpo hacia que descargas eléctricas recorrieran la columna de Zayn y que de allí viajaran a toda velocidad hasta su entrepierna.
Con la mano libre, comenzó a tocarla. Sintió cada centímetro de su piel y era delicioso al tacto, no resistió mucho más hasta que tuvo la necesidad de besarla.
Besó su cuello y después la mordió, todo eso sin dejar de tocarla por todo su cuerpo.
Pero algo hizo que se detuviera. Ella había dejado de moverse.
Dejó de besar su cuello y la miró a la cara, se arrepintió en seguida. Charlotte estaba llorando.
Por primera vez evitó la mirada de alguien, por primera vez en su vida se sintió inferior a alguien porque estaba a punto de ser violada. Le robarían algo que ella guardaba.
La cabeza de Zayn comenzó a girar, se levantó de un saltó y cayó al suelo, mareado.
No, ella no tenía que llorar, sino que disfrutar de sus caricias. Quería que gimiera, no que se lamentara.
Se levantó con dificultad, aún con la cabeza dándole vueltas, y la observó: Indefensa y hermosa a la vez. Se sintió desgraciado ¿Qué estuvo a punto de hacer? ¿Violarla como hace años un profesor lo hizo con él?
Nunca antes se había detenido, siempre que lo hacia con alguien era por decisión mutua, pero Charlotte había despertado algo en él que no conocía y se obsesionó tanto en tan poco tiempo que casi comete el error más grande de su vida.
—Yo… Lo siento, de verdad, no quería, no sé que me sucedió… —balbuceó Zayn.
Pero Charlotte había dejado de llorar. Tan rápido como se sintió inferior, el egocentrismo volvió a ella y ahora miraba con desdén a Zayn, arrodillado en el suelo.
—Se lo diré al Dr. Cowell —le dijo.
A Zayn se le vino el mundo abajo, no había pensado con la cabeza, si Cowell se enteraba que había intentado violar a Charlotte, lo echaría de allí y jamás lograría superar su adicción.
—No se lo digas, por favor —le rogó.
—¿Por qué debería tener consideración? —Zayn se sorprendió. Charlotte era frívola, aunque sabía que a pesar de eso nunca lograría apartar de su cabeza la imagen de ella llorando.
—Haré lo que sea, pero no se lo digas.
Y supo que de todas formas había cometido un error.
Un brillo astuto apareció en la mirada de Charlotte, ladeó la cabeza y se levantó de la cama. Encendió la luz de su cuarto y observó aún más a Zayn.
Al parecer, el intento de violación había pasado a segundo plano. Zayn comprendió que ella no estaba del todo bien cuando la vio sonreír y carcajear.
¿Qué había hecho?
—Lo que sea —repitió ella. Se agachó y se acercó a Zayn, demasiado cerca, pensó él.
Le agarró del cabello y tiró su cabeza hacia atrás, Zayn se quejó, eso le había dolido. Charlotte lo observó unos segundos y luego lo soltó. Antes de que Zayn reaccionara, ella respiró sobre él y lo besó.
Zayn no supo cómo actuar. Se suponía que Charlotte estaba devastada porque casi abusó de ella, pero en cambio reía y lo besaba. De todas formas no reclamó, disfrutó ese beso como si fuera el último. Cuando estuvo a punto de saborear su paladar con su lengua, ella se alejó y lo dejó con las ganas.
—Lo que sea —volvió a repetir—. Entonces, desde mañana serás mi sirviente y me deberás hacer caso en todo lo que te diga. Me alabarás, me admirarás y cumplirás todas mis órdenes, y si me haces enfadar, le diré a Cowell que me violaste.
—Pero yo no lo hice, sólo lo intenté —se apresuró en decir Zayn, pero Charlotte le dedicó una mirada burlona.
—¿Y a quién crees que escuchará: a la chica indefensa y deprimida, o al chico nuevo con Adicción Sexual?
Zayn no dijo nada más, aceptó el trató y ella sonrió aún más. Sin importar en las circunstancias en las que se encontraba, Zayn no podía dejar de apreciar lo hermosa que era Charlotte.
Cuando se retiró, apagó la luz y cerró la puerta para que nadie sospechara que estuvo allí.
No se preguntó hasta que salió de la habitación, ¿cómo había descubierto ella que tenía Adicción Sexual?
Su pregunta se respondió sola: al parecer, él no fue el único que estuvo espiando durante el día. Ya que en la puerta de la habitación, debajo del número 308, había una plantilla en la que rezaba:
“Charlotte Erin Haynie. Manía-depresiva, Desorden Narcisista y Bulimia”
Si sería sirviente de una narcisista, sería mejor que se pusiera bien los pantalones, porque no sabía lo que le esperaba de allí en adelante.
_______________________________________CAPÍTULO 1: EL PACIENTE NUEVO
NOMBRE COMPLETO: Charlotte Erin Heynie.
EDAD: 21 años.
ENFERMEDAD (ES): Manía Depresiva (bipolaridad), Dersorden Narcisista, Bulimia.
NOMBRE COMPLETO: Zayn Jawaad Malik.
EDAD: 18 años.
ENFERMEDAD (ES): Psicopatología sexual (Adicción), Pansexualidad, abuso sexual.
I. CHARLOTTE
La mirada sombría de Charlotte se cruzó con la de Daniel. Él lucía nervioso, alterado por algo, las manos le temblaban y tartamudeaba al hablar.
—Yo no lo hice, lo juro —repitió por enésima vez el rubio. Charlotte puso los ojos en blanco y bufó por lo bajo, las veces anteriores había dicho lo mismo y resultó que todas sus cosas robadas fueron encontradas bajo el colchón de Daniel.
—Sólo dime dónde está —le dijo ella con un aire de superioridad. La frialdad de sus palabras hizo dudar a Daniel y finalmente se rindió, con el carácter de Charlotte no se jugaba y si seguía evadiendo la culpa, ella le haría la vida imposible y eso era lo menos que quería, estar cerca de la chica. Nadie quería estar cerca de ella, a excepción de la pequeña Charlotte, pero tan sólo era una niña fascinada por las coincidencias de nombre, se decía Daniel, cuando descubriera el horror de persona que era Charlotte Heynie, se alejaría de ella al igual que los demás.
—Está en mi cuarto —dijo resignado, le pareció ver un atisbo de sonrisa en el rostro de Charlotte, pero ésta nunca llegó, así que pensó que había sido su imaginación y su anhelo por creer que esa chica era humana y no un robot frívolo y egocéntrico.
—Ven que las cosas se solucionan conversando —dijo Edward, el enfermero de turno a esa hora.
Daniel le dedicó una sonrisa melancólica y se puso en marcha hacia su habitación para buscar lo que le había robado la noche anterior a Charlotte. Era inevitable para él, no lo hacía a propósito, pero al parecer ella sí, porque se aseguraba de dejar las cosas de más valor en los lugares más llamativos para él.
Charlotte no dijo nada en el trayecto, pero disfrutaba ver la culpa en el rostro de Daniel, era uno de sus juegos favoritos. Sin embargo, nunca admitiría que lo que hacía era cruel. No, todo lo que ella hacia era perfecto, pensaba, absolutamente todo.
Cuando Daniel abrió la puerta de su cuarto, Charlotte no entró. Nunca entraba a las habitaciones de los demás, lo tenía prohibido por el Dr. Cowell al igual que Daniel, aunque éste último hacia tiempo que había dejado de cumplir con esa regla.
Y la razón era muy sencilla, Daniel tenía cleptomanía y Charlotte bipolaridad. En el cuarto del chico le permitían tener un espejo, algo altamente peligroso para Charlotte: o lo quebraba e intentaba suicidarse otra vez, o despertaba el narcisismo más profundo que escondía en su ser.
Y a pesar de su actitud despiadada e inhumana con los demás, ella quería recuperarse, así que se aseguraba de cumplir con las reglas que los doctores le ponían.
Daniel rebuscó entre su cómoda de ropa, sacó camisas y pantalones tirándolos sobre su cama con desesperación, quería que Charlotte le dejara en paz.
En el St. Cowell tenían permitido usar ropa normal, especialmente los días festivos en los que venían la mayoría de los familiares, aunque por alguna razón Charlotte usaba siempre la bata blanca que le habían entregado el primer día en que llegó. Incluso cuando sus padres venían a verla, ella no se quitaba la bata.
Lo único que usaba a veces era una corona de flores artificiales, la cual Daniel había robado la noche anterior.
Cuando la encontró, se le entregó a Charlotte y le cerró la puerta en sus narices.
—Hablaré con él para que se disculpe —dictaminó Edward, cuando estuvo a punto de tocar la puerta para que Daniel saliera, Charlotte le detuvo la mano y negó con la cabeza.
No dijo ni una palabra y se fue por el pasillo hacia el jardín a tomar algo de sol, ahora que tenía su corona de flores, se sentía más segura.
Edward la observó salir, parecía que nunca le importaba nada, ni como la trataban ni lo que decían de ella. Y sin embargo, al mismo tiempo daba la sensación de que sufría y sangraba por dentro y que eso lo cubría con una capa gruesa de narcisismo.
Charlotte salió al jardín y vio a Emmeline, una chica rubia que desde que la vio, le pareció una chica muy agradable.
Pero no se acercó a ella, como siempre, nunca se acercaba a nadie que no fuera la pequeña Charlotte Grant, una niña que había llegado hace algún tiempo y por quien había comenzado a sentir un gran afecto, más del que creyó sentir por alguien. En cierta forma eso la asustaba, pero el Dr. Joseph Jonas le dijo en una de sus citas en su oficina que eso era un gran avance para ella, sentir aquella maternidad hacia la niña le devolvía algo de humanidad.
Sonrió y se sentó en medio del césped, sin importarle que el sol de verano abrasara su piel.
Sintió los rayos del sol y sólo cuando se aburrió, se levantó de allí y decidió dar una ronda por el establecimiento, tal vez podría ir a fastidiar a la Dra. Regina, parecía tener una paciencia increíble con ella y eso le agradaba, en especial el hecho de que fuera la única mujer que trabajara allí, salvo por algunas enfermeras pero que eran tan odiosas como la misma Charlotte.
Fue a la recepción a preguntarle a una de las secretarias donde se encontraba la Dra. Regina y, una de esas mujeres de horrible cabello decolorado y de largas uñas bien limadas, la miró con burla en sus ojos. Charlotte no dijo nada, estaba acostumbrada a que la trataran de loca, pero con los únicos que no se enojaba era con los otros pacientes.
En cambio, las secretarias parecían tener un poder sobrenatural sobre ella que hacia que se molestara con sólo acercarse a sus escritorios.
—Está ocupada, Charlotte. Y sabes que no puedes venir aquí, tendré que decírselo al Dr. Cowell y me temo que te quitara tu preciosa corona de flores otra vez, ¿quieres eso? ¿Qué te quiten esa estúpida corona? Vete a vomitar y no molestes, tengo mucho trabajo que hacer.
Charlotte refunfuñó, sin decir nada. Si hacía algo que la secretaria considerara como violento, la única cosa que lograría sería un castigo y ser encerrada en el cuarto de paredes blandas y acolchadas en las que se hospedaban de vez en cuando los pacientes más violentos. Ella ya había estado allí dos veces, la primera cuando intentó suicidarse en el baño –razón por la cual le quitaron todos los espejos- y la segunda cuando se peleó con Quinn Manson, sabiendo que tenía todas las de perder. Ese día terminó con un ojo morado y el labio roto, ni siquiera recordaba por qué había iniciado la pelea, sólo sabía que Ethan, el hermano de Quinn, la tenía en la mira desde esa pelea y que en cualquier momento podría hacerle daño. Así que caminaba con cuidado por el pasillo de los hermanos Manson.
Se alejó de la secretaria con la sangre hirviéndole de rabia, a veces le costaba controlarse. En especial cuando la trataban como si fuera una persona vulgar y no como alguien que pertenecía a la clase alta.
Se mordió la lengua hasta que ésta sangró, sonrió de medio lado saboreando el horrible sabor de su sangre.
No, no permitiría que esa secretaria la humillara. Ella era Charlotte Heynie, no una paciente como cualquier otra.
Se devolvió para lanzarse sobre la mujer, arrancarle ese espantoso cabello mal teñido y… ahí fue cuando lo vio.
Estaba apoyado sobre un solo pie, con su cuerpo recostado en la mitad del escritorio. Tenía el cabello negro y la piel morena, eso llamó su atención, porque sus padres eran unas personas muy racistas y por culpa de ellos nunca había conocido a nadie que no fuera pálido. Por eso sentía esa fascinación por la pequeña Charlotte y por este chico desconocido.
—Vamos, Zayn. Con las secretarias no —Charlotte pareció regresar de su nube al oír la voz del Dr. Cowell. Se apresuró en esconderse detrás de un basurero, haciéndose un ovillo lo más pequeño posible para no ser descubierta.
Asomó sus ojos, ya no tan fríos ni amenazadores, para ver al chico. Había algo en él que no podía entender, no parecía estar loco o traumatizado, no se parecía a nadie del St. Cowell. Lucía una sonrisa segura, una presencia fresca y jovial, incluso Charlotte pensó que brillaba como los rayos de sol del jardín.
Se dio cuenta de que no era como nadie que haya conocido.
—Vamos a mi despacho, allí te diré en que pasillo se encuentra tu cuarto y también las reglas que tendrás que acatar si no quieres problemas —le dijo Cowell.
De tal modo que era paciente, pensó Charlotte. Nunca antes se había interesado por alguien como en ese momento.
Se quedó mirando al paciente nuevo mientras seguía al Dr. Cowell por otro pasillo, sin embargo, antes de perderse de vista, Zayn se dio media vuelta y clavó su mirada en el escondite de Charlotte.
Sonrió con una lascivia que Charlotte nunca antes había apreciado en algún chico y guiñó un ojo. Se marchó de allí y cuando ella estuvo segura de que todo había pasado, miró detrás se si misma por si había otra persona. Mas no había nadie más, sólo ella.
Se quedó un buen rato allí, sentada tras el basurero, hasta que la pequeña Charlotte la encontró.
—¿Qué haces allí, Charlie? El Dr. Cowell nos reunió a todos en el taller recreativo, tienes que venir o se enojará contigo —Charlotte la siguió, guiada por la menuda mano de su amiga de 12 años. Se entristeció al ver el contraste de sus pieles, odió a su padres por ser los influyentes en sus problemas se superioridad, si no fuera por ellos jamás hubiese sido así. Seguro les daba un ataque si descubrían de su amistad con esa niña.
Al menos eso le hizo sonreír, cuando estaba de buen humor el pensar en sus padres enfadados le armonizaba el día como una canción de cuna.
Al llegar al taller recreativo, esquivó la mirada de los hermanos Manson, que seguían observándola con hostilidad de vez en cuando. No los culpó, si ella fuera otra persona, se odiaría tanto como los demás, pero lamentablemente no lo era y ser ella tenía sus consecuencias.
El Dr. Cowell se paró frente a todos los pacientes que guardaban silencio. Al lado del hombre le acompañaban el Dr. Niall Horan y William Stephenson, y detrás de ellos el chico de la recepción, Zayn.
Charlotte sintió que algo se removía en su interior, era inquietante sentir tanta curiosidad por una persona que no conocía.
—Chicos, tengo el agrado de decirles que hoy se les unirá un nuevo compañero. Su nombre es Zayn Malik, se acaba de internar hoy así que sean amables.
Y esas fueron todas las palabras de Cowell, que no sonaron secas ni carentes de sentimientos, el hombre era estricto pero muy amable, era como el modelo paternal para todos los pacientes.
Se marcharon para dejar que sociabilizaran con Zayn, quien parecía a gusto con toda la atención recibida.
Charlotte se dio cuenta que esa sonrisa que le heló la sangre hace un rato no desaparecía de su rostro por ningún motivo, y parecía hipnotizar a todos con su encanto y su mirada.
De pronto, fijó su vista en ella y se mordió el labio. Charlotte no bajó su mirada, no estaba avergonzada y jamás podría estarlo –una de las ventajas de su enfermedad-, pero sí estaba muy confundida.
¿Qué clase de trastorno tendría ese chico? Charlotte no lo podía entender, parecía demasiado normal, muy corriente, como si nunca en su vida hubiese sufrido o intentado suicidarse, como la mayoría de los que estaban internados allí.
La primera en acercarse al paciente nuevo fue Eilsel, Charlotte supuso que debía estar siendo dominada por Reslie, su otra personalidad.
Observó cada uno de los gestos de Zayn, cada movimiento. Y todos parecían estar dirigidos hacia ella.
“Genial, además de todo lo que tengo, tendré que agregar a la lista manía persecutoria, ahora seré como Lilian” pensó Charlotte. Le dirigió una mirada rápida a Lilian, sentada en un rincón algo asustada y muy nerviosa, siempre estaba así.
No soportó la presión, salió del taller tan rápido como llegó. La pequeña Charlotte la siguió y apresuró el paso, su amiga parecía tener bastante prisa.
—¡Charlie! —le gritó—. ¡Espérame!
Charlotte se detuvo y espero a la niña, cuando llego a su lado le dedicó una sonrisa para que comprendiera que el problema no era con ella.
—¿Qué te sucede? Si no te conociera, diría que no te agradó para nada el nuevo paciente —le dijo Charlotte Grant.
—Nadie me agrada, Charlotte. Nadie puede agradarme, salvo tú, por supuesto —le respondió con cierto aire desolado.
En parte era verdad, no todos le agradaban. Pero era por el rechazo que creía que todos sentían hacia ella. Todas las mañanas, al levantarse, se repetía una y otra vez que no valía la pena conocer a los demás si no estaban dispuestos a soportarla, hacer eso sabiendo que la odiaban sólo provocaría más dolor y lo menos que quería en esos momentos era tener una recaída e intentar suicidarse otra vez, en especial ahora que la Dra. Regina le decía que había mejorado mucho.
Aún tenía la corona de flores en sus manos, las observó con cariño, eran un regalo de un amigo, el único que había logrado hacer fuera del St. Cowell. No lo veía desde hace un año cuando él viajó a Francia para estudiar. Sacudió la cabeza para quitarse ese recuerdo de su cabeza, le ponía muy triste.
Posó la corona sobre su cabello y le tendió la mano a Charlotte.
—Vamos al jardín, ayer aprendí a hacer una trenza y quiero hacerla en tu cabello, te verás muy bonita —le dijo con una dulzura que sólo salía a flote cuando se encontraba a solas con la niña. En serio la quería mucho, le hacía sentirse tan normal.
—Claro, pero no creo que me vea como dices, por más trenzas que hagas nunca cambiaré —las palabras de la pequeña Charlotte oscurecieron la mirada de la mayor, esas palabras siempre le dolían porque le recordaban que ella estaba enferma, que su amiga estaba enferma, que todos allí estaban enfermos y que probablemente nunca saldrían de esas paredes.
—Eres bonita, no dejes que los demás te digan lo contrario.
—El problema no son los demás… sino yo —le contestó la niña.
—Vamos al jardín, es un día muy agradable para salir a tomar algo de sol —cambió de tema inmediatamente, Charlotte no era buena para hablar de sentimientos y esas cosas, por más identificada que se sintiera con la pequeña.
A pesar de ya haber tomado sol en la mañana, a Charlotte nunca le molestaba estar afuera, se sentía menos custodiada que en su cuarto o en los pasillos, donde estaba rodeada de doctores y enfermeros, después de cinco años en el St. Cowell, nunca terminaba de acostumbrarse al lugar.
Se sentaron bajo un árbol, hacia más calor a esa hora. Charlotte miró los hombros de la niña y se dio cuenta de que sus huesos sobresalían.
—¿Vomitaste el desayuno? —inquirió.
Charlotte Grant se encogió de hombros y sonrió.
—¿Acaso tú no lo hiciste también?
—El desayuno no —se limitó a responder.
Observaron como el resto de los pacientes salían al jardín, acompañados del paciente nuevo que parecía ser él más sociable de todos. Conversaba con cada uno y les sonreía, destacaba ante la mirada de Charlie.
—Charlotte, ¿sabes que tiene el chico nuevo? No parece enfermo —le dijo a la morena.
—No tengo ni la más mínima idea, pero se ve simpático. Deberíamos ir a hablar con él y preguntárselo.
Charlie miró una vez más a Zayn, quien resplandecía alegría. De repente, como si la percibiera, volteó su rostro y se encontró con la mirada de Charlotte. Cruzaron miradas por un largo minuto, el narcisismo de ella le impedía apartar los ojos, no quería perder ese duelo de miradas. Pero él no parecía incómodo por la frialdad de ella, incluso creyó que se veía complacido por haber captado finalmente toda su atención.
Después de un rato, él se rindió y continuó conversando con los demás.
—Ve tú, no me quiero acercar a ese chico, no me inspira confianza —Grant se puso de pie y se dispuso a darle la bienvenida a Zayn, pero antes de irse, Charlie la detuvo y le dijo con seriedad:
—Pero no le preguntes qué tiene, jamás preguntes eso… a nadie —la niña asintió y se alejó.
(…)
Antes de ir a dormir, los enfermeros pasaban por cada cuarto verificando que todos estuvieran ya acostados y que se hayan tomado las medicinas. Charlotte le dio un largo trago a su vaso de agua y se tragó las tres píldoras a la vez, los calmantes no le gustaban, pero le ayudaban a dormir.
Le devolvió el vaso a Justin, el enfermero que le tocaba turno esa noche. Era una persona agradable, a pesar de ser menor que ella, Charlotte le tenía respeto y le hacía caso en todo.
—¿Todo en orden, Charlie? —ella asintió y se cubrió con la manta de su cama—. Edward me dijo que Daniel volvió a robarte… no dejes tus cosas en cualquier lugar, sabes que le cuesta y no lo estás ayudando —Charlotte no dijo nada, pero lo pensó mucho rato, incluso después de que Justin se fuera y le cerrara la puerta, siguió pensando que tal vez el juego de fastidiar a Daniel no era una buena idea. Pero prefirió sumergirse en un sueño profundo, no quería pensar en las cosas malas que hacia.
Se sumió en la oscuridad por mucho tiempo, pero cuando sintió que algo le hacia cosquillas en el brazo, abrió los ojos y creyó que sólo habían pasado algunos minutos desde que Justin se fue. Pero sabía que no, que las píldoras alteraban un poco su percepción del tiempo y que lo más seguro era que pasaron unas cuatro horas desde que se acostó a dormir.
Todo seguía a oscuras, pero el cosquilleo en su brazo seguía. Hizo acopió de levantarse para ver que le molestaba tanto, cuando un peso cayó sobre su cuerpo y le imposibilitó cualquier movimiento.
Sucedió muy rápido, una mano tapó su boca para que no gritara y la otra se coló entre las sábanas hasta llegar a su pijama, esquivó la tela y acarició su estómago, el contacto era demasiado cálido y el peso le hacia daño.
Cuando sus ojos se acostumbraron a la oscuridad, distinguió los rasgos de su atacante. Quiso gritar y escapar cuando se dio cuenta de que era el paciente nuevo.
II. ZAYN
Guardó el último par de calcetines en su bolso y lo cerró, sabía que era la decisión correcta si quería acabar con todo eso.
Su madre tenía los ojos cristalizados y las mejillas bañadas en lágrimas, nunca imaginó el infierno que tuvo que pasar su hijo y que ella ni siquiera fue capaz de darse cuenta. Zayn corrió al umbral de la puerta y la abrazó con fuerza, extrañaría mucho a su madre, pero internarse en el St. Cowell’s Institution era lo mejor para él.
—Hijo, por favor… no vayas… —sollozaba su madre en medio del llanto.
—No, mamá. Si no voy, seré un desastre, estoy seguro. Tú no sabes lo que es sentir esto que llevo dentro y que me impulsa a desear a todas las personas que se me crucen —era la verdad, cruda y maldita verdad.
Era inevitable que ese día no llegara. Se había dado cuenta de sus problemas hace algunos años, cuando sintió que todo lo que hacía estaba mal, que despertar con una persona distinta cada mañana era solitario y que tener sexo y fantasear con las demás personas bajo su cuerpo no era sano. Necesitaba ayuda para superar su adicción, quería seguir adelante y ser feliz, no quedarse estancado por siempre en una cama con desconocidos.
Su madre no dijo nada más. Su padre se había encerrado en su habitación desde el día de ayer, cuando Zayn les comunicó que se internaría porque fue diagnosticado con Adicción Sexual y Pansexualidad, sin mencionar el hecho de que les reveló su más horrible secreto: que fue abusado sexualmente por un profesor cuando tenía ocho años.
Su familia se derrumbó en ese instante, pero Zayn sabía que cuando saliera del St. Cowell, las cosas se solucionarían y todo iría de maravillas.
Se despidió de su madre y le recordó el horario de visitas para que lo fueran a ver, le dijo que se despidiera de sus hermanas y de su padre, ya que no soportaría tener que hacerlo él.
Tomó un taxi, hacia mucho calor y por la ventana del vehículo podía ver a las personas que caminaban por las calles con muy poca ropa. ¿Era su imaginación o en verano todos se veían mejor? Sacudió la cabeza, tenía que llegar pronto al St. Cowell antes de que se tirara del taxi y acorralara a cualquier persona contra la pared para hacerlo en plena calle.
Se miró los pantalones, un bulto se levantaba y maldijo para sus adentros, podía soñar que en un futuro lo superaría, pero en esos momentos tenía una erección y no era una buena señal.
Cuando llegó al centro, se asombró de ver lo grande y moderno que era. Imaginó que sería como un manicomio con rejas hasta el cielo y perros guardianes para que los locos no escaparan, pero parecía una escuela limpia, agradable y con un jardín delantero muy bien cuidado.
Caminó incómodo hasta la recepción, su entrepierna le dolía y necesitaba a alguien, cualquier persona para descargar todo el deseo que reprimía.
Dejó su bolso en el suelo y buscó un baño, había ido allí para controlar su deseo sexual, así que haría lo que hacían los chicos normales de su edad: usar la mano.
Pero fue demasiado tarde, se encontró con los escritorios de las secretarias y eran justo lo que él necesitaba, cuerpos.
Se apoyó en un pie y recargó la mitad de su cuerpo en el escritorio de una mujer con el cabello mal teñido y de ropa pasada de moda, ella parecía encantada por la atención de Zayn, era un chico guapo, se decía, muy guapo.
Zayn la miró fijamente, sabía que con una mirada penetrante la tendría bajo su poder en unos segundos. Pero un carraspeó lo desconcentró y escuchó la voz del Dr. Cowell:
—Vamos, Zayn. Con las secretarias no —se volteó y se encontró con la mirada severa de Cowell, el psicólogo que lo había estado viendo desde hace un mes y que le había sugerido internarse en un centro psiquiátrico.
—Vamos a mi despacho, allí te diré en que pasillo se encuentra tu cuarto y también las reglas que tendrás que acatar si no quieres problemas —Zayn ignoró a la secretaria, cuando estaba cerca del Dr. Cowell se sentía seguro y creía que nada malo lo podría dominar, así que la atracción por aquella mujer se enfrió.
Sin embargo, cuando comenzó a seguir a Cowell, sintió que alguien le observaba. Se dio media vuelta y se encontró con un par de ojos detrás de un basurero, seguramente aquella persona creía estar bien escondida. Mas había algo más, esos ojos estremecieron su estómago y una sensación placentera bajó hasta su entrepierna de nueva.
Se había excitado con un par de ojos, eso era nuevo.
Le sonrió seductoramente y guiñó un ojo. Con eso dejaría con bastantes dudas a esa persona, y tarde o temprano se acercaría a él para aclararlas, y cuando eso sucediera no perdería su oportunidad. Ya podía imaginar cómo sería tener sexo con el dueño de esos ojos.
No le importaba que fuera hombre o mujer, nunca antes se había excitado de esa manera y, a menos que lo medicaran lo suficiente como para estar drogado y trasladarse al País de Nunca Jamás, no descansaría hasta acostarse al menos una vez con esa persona.
Entró al despacho del Dr. Cowell y se sentó en un sofá de terciopelo, con las piernas cruzadas para que no notara que tan mal se encontraba.
—Muy bien, Zayn. Me alegra que hayas venido por voluntad propia a enfrentar tus problemas —comenzó a decir el director. Era un hombre de palabras precisas, había aprendido en sus años como doctor que darle vueltas a un asunto no ayudaba a sus pacientes—. Tu dormitorio está en el pasillo superior en el segundo piso. Está marcado por el color amarillo, y eso significa que no eres un paciente peligroso.
—Entonces no me conoce —le interrumpió Zayn.
—Después del amarillo —prosiguió Cowell, pero diciéndole a Zayn con la mirada que no hablara más—. Se encuentra el pasillo verde, allí están los pacientes con casos más severos, como la bipolaridad o los trastornos de personalidad. Y en el rojo, te aconsejo que no te acerques por las noches, allí están los pacientes que sufren de esquizofrenia o psicopatía, y no es seguro cuando no están vigilados o cuando los calmantes no los ayudan a dormir.
Zayn tomó nota mental de esos datos, pero sin quitar de su mente aquellos ojos. Quienquiera que fuera, ojalá no estuviera en el pasillo rojo.
—Tu cuarto es el 416, no puedes estar en los pasillos después de las nueve, no se admite la violencia entre los pacientes y mucho menos con los doctores o los enfermeros. Todos los días hay actividades recreativas en las que puedes participar, tu horario con los psicólogos están en una hoja pegada en la pared de tu habitación y tu psiquiatra seré yo.
>>Las medicinas se toman en la mañana después del desayuno y en las noches, antes de acostarse. Dependiendo de tu caso, se decidirán la cantidad<<.
Zayn se armó de valor, no sería fácil, pero lo soportaría.
Se prometió que la persona de los ojos sería la última, después de eso estaría en abstinencia.
Cuando Cowell terminó de decirle todas las reglas del establecimiento, y las reglas personal para Zayn, salieron del despacho y afuera, dos médicos los esperaban. Uno era rubio y el otro de cabello negro, ambos de ojos azules. Eran atractivos, pensó Zayn, pero estaba obsesionado con los ojos marrones que vio detrás de aquel basurero y por primera vez, no intentó coquetear con ninguno de ellos. Además, lo tenía prohibido, las relaciones entre pacientes y el personal eran antiéticas.
Se presentaron, el rubio era el Dr. Horan y el de cabello negro era el Dr. Stephenson. Caminaron hasta el taller recreativo, tenía entendido Zayn.
Al llegar allí, comenzaron a reunir a todos los pacientes. Era una habitación espaciosa con muebles y libros, juguetes en el suelo y muchos cojines y sillones esparcidos alrededor de cada centímetro, con una gran mesa repleta de hojas y lápices de colores.
De pronto, por una puerta entró una chica alta y castaña acompañada por una niña morena que debía tener unos doce años.
—Chicos, tengo el agrado de decirles que hoy se les unirá un nuevo compañero. Su nombre es Zayn Malik, se acaba de internar hoy así que sean amables —dijo el Dr. Cowell, sacando de sus pensamientos a Zayn.
Se marchó enseguida junto con los otros doctores, la mayoría se acercó a conocer a Zayn y él los recibió encantado, le encantaba ser el centro de atención.
Pero, cuando clavó su mirada en la chica castaña, se dio cuenta que ella fue quien lo había espiado en la recepción. Vestía una bata blanca, pero notaba que era muy delgada. En sus manos sostenía una corona de flores celestes, y tenía un aire de superioridad que parecía decir que estaba fuera del alcance de todos. Eso le fascinó, eso le gustó hasta el punto de no desviar su mirada de la de ella, que no parecía avergonzada de la forma en que él la observaba.
Zayn era amante de los retos, y podía percibir que esa chica no sería nada fácil. La imaginó desnuda bajo él, gritando y gimiendo y algo en su interior se encendió como una fogata incontrolable. La necesitaba, ella sería suya aunque todos los doctores lo regañaran.
Conoció a una chica muy simpática, Reslie, aunque se notaba que no estaba en todos sus cabales.
Su nueva obsesión de pronto, se marchó, y la niña pequeña la siguió.
—¿Quién era esa chica? La de la corona de flores —preguntó.
Reslie lo miró asustada y luego rio.
—¿En serio quieres saber? Se llama Charlotte Heynie, pero no es una “gran persona”, si es que me entiendes. Se cree mejor que todos nosotros, así que no conversa con nadie, salvo con la niña, a la que todos llamamos Pequeña Charlotte.
Después de unos minutos conociendo al resto de los pacientes, salieron al jardín. Allí volvió a encontrarse con la calculadora mirada de Charlotte, algo había en ella que lo excitaba al instante.
Cruzó miradas con ella durante un buen rato, de lejos podía apreciar sus labios y piel pálida, deseó saborearla cuanto antes.
La niña la acompañaba otra vez, pero luego se puso de pie y fue hasta él.
—Hola —le dijo la niña.
—Hola. ¿Eres la Pequeña Charlotte, cierto? —ella sonrió y asintió. Zayn esperó a que los demás se dispersaran y lo dejaran a solas con la niña, cuando eso sucedió, fue al grano.
—Esa chica, la que está siempre a tu lado, ¿quién es?
—Oh, Charlie… —murmuró Charlotte y se mordió la lengua, recordó que a su amiga no le agradaba el chico nuevo, pero era algo absurdo porque a ella no le agradaba nadie y Zayn era muy normal, demasiado normal como para estar allí—. Es mi amiga, pero te digo que no se lleva bien con nadie.
Zayn tomó la advertencia como una invitación. Sonrió de medio lado y le preguntó a Charlotte en que pasillo dormía la chica.
—¿Para qué quieres saber? —inquirió ella, cautelosa.
—Para saber si es peligrosa o no.
—Ah. Está en el verde.
Zayn asintió en silencio y después se despidió. La tendría esa misma noche, de eso estaba seguro.
(…)
Tenía todo preparado. Espero en un costado del pasillo verde y cuando se hizo de noche, los pacientes comenzaron a entrar a sus cuartos. Charlotte estaba en el 308, nunca olvidaría ese número.
Después, se fue a su cuarto y recibió las píldoras para dormir de una mujer baja y gruñona. Cada pasillo tenía un enfermero a cargo distinto, pero le sería fácil evadir a esa mujer.
Cuando ella salió, escupió las pastillas y las aplastó con un zapato, luego las arrojó por la ventana y aguardó el momento indicado.
Como a las dos de la mañana se escapó, la enferma ni siquiera se dio cuenta, al ser del pasillo amarillo había menos seguridad. Colarse a la habitación de Charlotte también fue fácil, la suerte estaba de su lado esa noche.
Se acostumbró a la oscuridad del cuarto, se sentó al lado de su cama y la observó. Alcanzaba a apreciar poco del verdadero atractivo de la chica, pero ya sentía el bulto en su entrepierna y no lo aguantaba más.
Acarició su brazo una y otra vez hasta que supo que ella había despertado. Se preparó para atacar, y cuando ella intentó levantarse, se lanzó sobre ella y tapó su boca con una mano.
La inmovilizó, pero ella seguía resistiéndose. Sin embargo, en vez de retractarse, el que ella se moviera bajo su cuerpo hacia que descargas eléctricas recorrieran la columna de Zayn y que de allí viajaran a toda velocidad hasta su entrepierna.
Con la mano libre, comenzó a tocarla. Sintió cada centímetro de su piel y era delicioso al tacto, no resistió mucho más hasta que tuvo la necesidad de besarla.
Besó su cuello y después la mordió, todo eso sin dejar de tocarla por todo su cuerpo.
Pero algo hizo que se detuviera. Ella había dejado de moverse.
Dejó de besar su cuello y la miró a la cara, se arrepintió en seguida. Charlotte estaba llorando.
Por primera vez evitó la mirada de alguien, por primera vez en su vida se sintió inferior a alguien porque estaba a punto de ser violada. Le robarían algo que ella guardaba.
La cabeza de Zayn comenzó a girar, se levantó de un saltó y cayó al suelo, mareado.
No, ella no tenía que llorar, sino que disfrutar de sus caricias. Quería que gimiera, no que se lamentara.
Se levantó con dificultad, aún con la cabeza dándole vueltas, y la observó: Indefensa y hermosa a la vez. Se sintió desgraciado ¿Qué estuvo a punto de hacer? ¿Violarla como hace años un profesor lo hizo con él?
Nunca antes se había detenido, siempre que lo hacia con alguien era por decisión mutua, pero Charlotte había despertado algo en él que no conocía y se obsesionó tanto en tan poco tiempo que casi comete el error más grande de su vida.
—Yo… Lo siento, de verdad, no quería, no sé que me sucedió… —balbuceó Zayn.
Pero Charlotte había dejado de llorar. Tan rápido como se sintió inferior, el egocentrismo volvió a ella y ahora miraba con desdén a Zayn, arrodillado en el suelo.
—Se lo diré al Dr. Cowell —le dijo.
A Zayn se le vino el mundo abajo, no había pensado con la cabeza, si Cowell se enteraba que había intentado violar a Charlotte, lo echaría de allí y jamás lograría superar su adicción.
—No se lo digas, por favor —le rogó.
—¿Por qué debería tener consideración? —Zayn se sorprendió. Charlotte era frívola, aunque sabía que a pesar de eso nunca lograría apartar de su cabeza la imagen de ella llorando.
—Haré lo que sea, pero no se lo digas.
Y supo que de todas formas había cometido un error.
Un brillo astuto apareció en la mirada de Charlotte, ladeó la cabeza y se levantó de la cama. Encendió la luz de su cuarto y observó aún más a Zayn.
Al parecer, el intento de violación había pasado a segundo plano. Zayn comprendió que ella no estaba del todo bien cuando la vio sonreír y carcajear.
¿Qué había hecho?
—Lo que sea —repitió ella. Se agachó y se acercó a Zayn, demasiado cerca, pensó él.
Le agarró del cabello y tiró su cabeza hacia atrás, Zayn se quejó, eso le había dolido. Charlotte lo observó unos segundos y luego lo soltó. Antes de que Zayn reaccionara, ella respiró sobre él y lo besó.
Zayn no supo cómo actuar. Se suponía que Charlotte estaba devastada porque casi abusó de ella, pero en cambio reía y lo besaba. De todas formas no reclamó, disfrutó ese beso como si fuera el último. Cuando estuvo a punto de saborear su paladar con su lengua, ella se alejó y lo dejó con las ganas.
—Lo que sea —volvió a repetir—. Entonces, desde mañana serás mi sirviente y me deberás hacer caso en todo lo que te diga. Me alabarás, me admirarás y cumplirás todas mis órdenes, y si me haces enfadar, le diré a Cowell que me violaste.
—Pero yo no lo hice, sólo lo intenté —se apresuró en decir Zayn, pero Charlotte le dedicó una mirada burlona.
—¿Y a quién crees que escuchará: a la chica indefensa y deprimida, o al chico nuevo con Adicción Sexual?
Zayn no dijo nada más, aceptó el trató y ella sonrió aún más. Sin importar en las circunstancias en las que se encontraba, Zayn no podía dejar de apreciar lo hermosa que era Charlotte.
Cuando se retiró, apagó la luz y cerró la puerta para que nadie sospechara que estuvo allí.
No se preguntó hasta que salió de la habitación, ¿cómo había descubierto ella que tenía Adicción Sexual?
Su pregunta se respondió sola: al parecer, él no fue el único que estuvo espiando durante el día. Ya que en la puerta de la habitación, debajo del número 308, había una plantilla en la que rezaba:
“Charlotte Erin Haynie. Manía-depresiva, Desorden Narcisista y Bulimia”
Si sería sirviente de una narcisista, sería mejor que se pusiera bien los pantalones, porque no sabía lo que le esperaba de allí en adelante.
ESCRITO POR: Vanni.
NOMBRE COMPLETO: Valerie Johson
EDAD: 19
ENFERMEDAD (ES): Depresión y Bulimia
NOMBRE COMPLETO: Daniel Smith
EDAD: 19
ENFERMEDAD (ES): Cleptomania
Capitulo 2: Ese Dia...
Valerie
Aquella Mañana Le Traia Demaciada Nostalgia A La Castaña, No Podia Creerlo, Aun Le Dolia Y Ya Habia Pasado Un año, Para ella Fue Ayer, Para El Resto Fue Hace Ya Demaciado Para que Le Siga Guardara Rencor Y Aunque No Lo Hacia, Le Dolia.
‘— Valerie—Dijo El Moreno Algo Agitado Por El Hecho de Haber Corrido Para Encontrarla— Te Necesitan En Direccion— La Joven Palidecio Completamente, direccion, Odiaba Ese Lugar, Siempre Que Iba, Nada Bueno La Esperaba
— Pero… no Hice Nada—Dijo
— Solo Me Pidieron que Te Llamara—Esconderse, no era Un Opcion, Nada Bueno Terminaba de eso
— Tay, Le, Ya Vengo—Dijo Sonriendole A Sus UNICAS Amigas Y Siguio Al Moreno Hasta Aquella Espantosa Oficina, Al Entrar Sintio Como El aire Acondicionado Entro A Sus Pulmones Y Le Causo Que Tociera
— Srta. Johnson, Que Sopresa—Dijo con El Sarcasmo Mas Odioso Que jamas Habia Escuchado—Sientese—Indico Señalandole El Asiento Que Hacia Parte Del Juego De oficina, Con Perfecta Postura Y Algo De Nervios Hasta El Punto De Temblar, Se Sento— Muestreme Los brazos—Era Todo, Su Mundo Estaba Acabado, Una Cosa Era Que Sus Padres Lo Supieran-Que No Lo Hacian-, Y Otra Cosa Era Que La Directora Lo Supiera.
El Chaleco De Ese Colegio Cubria La Mayor Parte De su Cuerpo, Por Ende, Las Mangas, Miro A Su Amigo El Cual Asintio Lentamente, Y Se Quito La Chaqueta, Le Paso Brazo Por Brazo.
La Directora Al Ver Las Marcas Tan Profundas Y Continuas De La Estudiante Quedo Atonita, Sus Ojos se Abrieron Como Platos, Y Luego Nego Con La Cabeza
— Esta Niña No Puede Seguir Aqui—Dijo Para Si Misma Mientras Se Levantaba, Pero Ella, Ella Escucho Perfectamente Y Apenas Ella Salio De La Oficina Ella Se Levanto
— Te Odio—Le Dijo A Su ‘Gran Amigo’— Eres Una Mierda
— Esto Lo hice Por Tu Bien
— Bien es Que Me Expulsen De Un Colegio, Si Gracias Por La ayuda—Dijo
— Vanni, Te Vas A Hacer Una Herida Profunda Y Te haras Daño
— ¡A QUIEN LE IMPORTA!—Grito
— ¡A MI!—Valerie Se Llevo Las Manos Cubriendo Su Rostro Y Luego Lo Miro Con Ira Mientras Luchaba Para Que Sus Ojos No Soltaran Las Lagrimas Que Alli Tenia
— Voy A Terminar Suicidandome, Y No Sera Mas Que Tu— Lo Señalo— Culpa—Salio Corriendo De La Oficina Mientras Sus Lagrimas Resbalaban Por Su Rostro, Y Rapidamente Se Encerro En El Baño De Mujeres, Saco Su Celular Y Marco A Tay
— Tay, Te Necesito A Ti Y A Le—Dijo Entrecortada
— ¿Qué tienes? ¿Dónde Estas?
— En El Baño De Mujeres, Corre—Dijo Y Colgo’
— ¿No Piensas Despertar?—Dijo El Rubio Entrando Por La Puerta
— ¿Tengo Opcion?—Pregunto Aun Con Los Ojos Cerrados, No Lo Veia, Pero Sabia Que Habia Negado— Cinco Minutos—Replico Y Se Giro Dandole La Espalda
— Ya—Dijo Firme Y Salio De La Habitacion
Ella Largo Un Gruñido Y Se Levanto, Todo El Cuerpo Le Pesaba, Ganas no Le Sobraban de Mandar Todo A La Mierda Y Acostarse Denuevo, Algo Se Lo Impedia, Arrastro Su Cuerpo Hasta El Baño donde Se Lavo El Rostro Y Despues Se Dedico A Contemplar Su Cuerpo, Para Ella Estaba Demaciado Gorda e inmediatamente Se Le Vino A La Mente Todo Lo Que Comio La Noche Anterior, Aunque Fue Solo Una Ensalada Y Un Zumo De Naranja, Ella Sentia Que Habia sido Mas, Pero No Tenia Animos De Vomitar, No Aun Por Lo Menos, Despues De Una Rapida Ducha, Se Puso A Elegir Minusiosamente Su Atuendo, Cuidando Que No La Hiciera Ver Demaciado Gorda, Despues De Elegirse Por Unos Jeans Negros Y Una Blusa Blanca Simple Se Dedico a Su Cabello, Tardo Almenos 5 Minutos En Desenredarlo Y 10 Minutos En Decidir Como Tenerlo, Se Alto Una Coleta Alta Y Salio, Justo Alli Presenciaba Como Charlotte Heynie Se alejaba Del Cuarto De Daniel, ‘Otra Vez No’ Penso Y se Dirigio Hacia la Habitacion Del Rubio, Penso En Tocar Pero Se retracto
‘— Sabes Que No Debes Entrar A Su Habitacion— Le dijo Tratando de acosejarlo— La Conoces Y No Es La Primera Vez que Te Metes En Problemas Por Ella
— ¿POR QUÉ NO TE METES EN TUS ASUNTOS?— Le Grito, Y Ni Bien Habia Terminado de Decir Lo Que Dijo Y Ya Se Habia Arrepentido, Vio Como Los Ojos De La Castaña Que solo Buscaba ayudarlo Se Inundaron De Lagrimas Sin Embargo Esta Luchaba Para Que No Salieran— Valerie Yo…—Era Tarde, Por Decima Vez O Tal Vez Mas La Habia Lastimado, El No Controlaba Su Temperamento, Siempre Terminaba Hiriendola’
Dejo Caer La Mano Al Lado De Su Cuerpo Y Se Encamino Hacia El Jardin Ignorando El Desayuno Que debia Tomar, El Dia Estaba Esplendido, Claro Que Eso A Ella No Le imprtaba, Se Sento Bajo Un Arbol, Odiaba Lo que Los Rayos UV Le Hacian A Su Piel, Estiro Los Pies Y Se Dedico A Observar A un Punto Ciego, Habrian Pasado Tal Vez Una O Dos Horas, Alli Seguia, Inmovil como Una Estatua Y Observardo El Mismo Objeto, La Sangre No Le Venia Mas A Los Brazos Que La Sujetaban Y Podria Jurar que Tenian La Marcas Del Cesped En Su Palma
— Valerie—Dijo Aquella Voz Tan Gruesa que Ella Siempre Reconocia
— Daniel—Dijo Aun sin Mirarlo— Que Te Trae Por aqui—Dijo Desinteresada
— El Dr. Cowell Nos Llamo A Reunirnos— Algo Dentro de Ella Se Movio, Por Un Momento Tuvo La Esperanza De Que Viniera A Disculparse
— Si eso Es Todo Puedes irte, Y Decirle Que No Pienso Ir
— no, Eso No Era Todo—Se Coloco En Cunclillas Mirandola, Mientras Ella Le Dedico Una Mirada Cautelosa— Venia a Pedirte Disculpas, Lo Que Hice estubo Mal, Sabes Que esa Chica Me Saca De Casillas Y…—
— No Piensas Antes De Hablar—dijo Con Una Muy, Muy Ligera Sonrisa— Entiendo, sin Embargo No Pienso Ir A Ese Lugar
— ¿Por qué No?
— Ha De Ser Otro Loco Mas
— Te Apuesto A Que No
— Llevas Las De Perder—Sonrio —, Pero Acepto
El Se Enderezo Y Valerie Le Extendio La Mano Para Que La Ayudara, sin Embargo El noto algo Muy Distinto En Aquel Brazo
— ¿Son Marcas Nuevas?—Dijo Agriamente Y Ella Una Vez De Pie Le Retiro El Brazo
— No—dijo Fria Y Se Encamino
— ¿Cómo Que No?—Dijo Volviendola A El— ¡A Mi No Me Engañas!
— ¡SI LO SON! ¿A QUIEN LE IMPORTA?
— ¡A MI!— Un Amargo Deja Vu Le Volvio A La Cabeza, Ese Maldito Dia, Lo Odiaba, Odiaba A el Chico El Cual Respondia El nombre De Alexander, Lo Detestaba, Por El, Ella Habia dejado Todo, Sus Amigas, sus Padres, Su Familia, Aunque, La Ayudo Bastante, en ese Lugar No Hacian Si No criticarla Y Marginarla Y Sus Unicos Motivos Para Ir Eran Taylor Y Leah, Pero Estaba Mas Que Segura Que Ya La Habrian Olvidado. La Depresion Y La Nostalgia Se Apoderaron De Ella y Salio Corriendo Para Que No La Vieran Llorar, Detestaba eso, La Hacian Ver Inferior, Y Aunque Lo Fuera, Debia Ser Fuerte.
No Habia Nadie, A lo Mejor Todos Estarian En Esa Reunion, Ella se Cubrio el rostro y Comenzo A Sollozar Hasta Que Sintio Una Mano Fria En Su Brazo
— Valerie, Si No Vas A La Reunion El Dr. Cowell Se Molestara—Dijo Sabrina, Una Chica Rubia, Muy Agradable Aunque Algo timida E incluso Aveces, extraña
— Claro Sabrina—Dijo Limpiando Sus Lagrimas Disimuladamente— Vamos—dijo aclarando Un poco Su Graganta Y La Siguio
El Dr. Cowell se paró frente a todos los pacientes que guardaban silencio. Al lado del hombre le acompañaban el Dr. Niall Horan y William Stephenson, y detrás de ellos Un Chico Desconocido Por todos.
—Chicos, tengo el agrado de decirles que hoy se les unirá un nuevo compañero. Su nombre es Zayn Malik, se acaba de internar hoy así que sean amables, Y esas fueron todas las palabras de Cowell.
Valerie Sonrio Recordando Aquellas Palabras
'— Ha De Ser otro Loco Mas
— Te Apuesto A que No
— Llevas Las De Perder, Pero Acepto'
Lo Menos Que Podia Ser Era Ser Amable Con El, Pero Con solo Ver Como Llamaba La Atencion, Le Dio Fastidio y Se Alejo un Poco, Lo Penso Bastante, No Es De Las Que busca Compañía Ni Las Que le Gusta que Se La den
— ¿no Lo Vas A Saludar?—Dijo Amablemente Sabrina
— Yo Paso—Sonrio
— Vamos—Dijo Sabrina Y La Halo Del Brazo Arrastrandola Junto A El, Ella Solo Buscaba La Mirada De Daniel, El Cual Estaba-Como Siempre- Apartado De Todos
— Valerie—Dijo Sabrina— Saluda—
— Ah Si—Dijo Volviendo— Soy Valerie, Bienvenido A Tu Prision por El Resto de Los Dias— Dijo Con Un Tono cinico El solo Rio Y Al igual Que Sabrina, Aprovecho eso Y Se Escapo De Sabine Para ir Junto a Daniel
— Tu— Lo Señalo— Me Debes Algo—sonrio Y El Rio
— ¿Qué Quieres?
— Dejame Ver Que Tienes
— Deacuerdo—Sonrio Y se Dirigieron A Su Habitacion
Daniel
Desde Accesorios Como Anillos Y Pulseras, Aretes Y Llaveros, Todo Eso Tenia El, Guardado Por Supuesto
— Este—Dijo sacando Un Collar Delgado Y Plateado Con Un Dije En Forma de Corazon— ¿A Quien Se Lo Quitarias?
— No Lo Recuerd
— Espero Que No Sea Del Insituto, Conociendolas No Dudaran En Arrancarmelo—Daniel Rio— ¿Me Ayudas?— El Siemplemente Asintio Y Lo Tomo, Ella Se Coloco A Espaldas De El Y Recogio Su Cabello
— Listo—Dijo — Ahora aydame A Guardar Todo esto—Dijo Y Dirigio La Mirada A La Cama La Cual Elstaba Llena De Cosas
— Oye, Perdon Que Sea metida—Dijo Recogiendo Algunas Cosas— ¿Qué Te Dijo Charlotte Heynie Hoy?
— Tome Su Corona De Flores—Dijo— Mi culpa No Es Que Ella la Deje En lugares Tan Llamativos
— Como Sea—Dijo Cerrando El Pequeño Baul Con Todas Las Cosas Dentro— Al menos Te La Quitaste De encima—El La Observo por Unos Minutos Sin Decir Nada
— Valerie…. ¿Vomitaste Hoy?—Valerie Nego Con La Cabeza Mientras aun Tenia El Baul Entre manos— ¿Segura?—dijo Entrecerrando Los ojos Y Ella volvio A Negar— ¿Me Lo Jura Srta. Valerie Johnson?— Valerie rio Y Asintio— ¿Y Porque estas Tan Delgada? ¿Qué Desayunaste?— Ella Esquivo La Mirada De Daniel, ¡Claro! Eso Faltaba, La Muy Hermosa (sientan El sarcasmo) No Habia Desayunado— Ahora Mismo, Vamos A Comer algo
— Ve tu, No Tengo Hambre—Dijo Y Se Sento En La Cama dejando El Baul De Lado
— No, Vamos Los Dos
— No—Daniel La Miro Fulminante
— No Me obligues A Llevarte A Las Malas
— Esta Bien—Dijo Resignada— Pero que No Sea Mucho— Daniel Rio Levemente, Si Claro, Y en La Luna Crecen Flores
— Tu Solo Camina— Dijo Y Se Dirigio A La Puerta Seguido De Ella
Ella, Aquella Castaña Que El Primer Dia Le Llamo Tanto La Atencion. Todos Querian Estar Con el, Enseñarle El Lugar, Pero Ella, Ella Estaba En El fondo Preocupada Mas Bien Por El Dia Tan Nublado, Su Delgadez La Asombro Completamente, Y Si, Ahora esta Menos delgada, Espera que no sea Por El, Ya Que si Algun dia Se Va-Lo cual Aun No Es Muy Probable-, Ella Se Pondria Peor, Depender De Alguien Para Curarte, Es Como Deber Un Favor, Asi De Horrible, sin Embargo Le Cogio Cariño Y Hasta importancia, Con Todos El Es Una estatua Menos Ella, Con Ella Es Un Gran Amigo, Y Siempre La Escucha, Aveces Hasta Le Canta Con La Guitarra, eso Lo Hace solo Cuando Estan Al Aire Libre Y Solos, Pero Su Temperamento es Algo Que No Puede Controlar, Y Menos con Ella, Aun Le Sorprende Que Ella Tenga Tanta paciencia con El.
NOMBRE COMPLETO: Valerie Johson
EDAD: 19
ENFERMEDAD (ES): Depresión y Bulimia
NOMBRE COMPLETO: Daniel Smith
EDAD: 19
ENFERMEDAD (ES): Cleptomania
Capitulo 2: Ese Dia...
Valerie
Aquella Mañana Le Traia Demaciada Nostalgia A La Castaña, No Podia Creerlo, Aun Le Dolia Y Ya Habia Pasado Un año, Para ella Fue Ayer, Para El Resto Fue Hace Ya Demaciado Para que Le Siga Guardara Rencor Y Aunque No Lo Hacia, Le Dolia.
‘— Valerie—Dijo El Moreno Algo Agitado Por El Hecho de Haber Corrido Para Encontrarla— Te Necesitan En Direccion— La Joven Palidecio Completamente, direccion, Odiaba Ese Lugar, Siempre Que Iba, Nada Bueno La Esperaba
— Pero… no Hice Nada—Dijo
— Solo Me Pidieron que Te Llamara—Esconderse, no era Un Opcion, Nada Bueno Terminaba de eso
— Tay, Le, Ya Vengo—Dijo Sonriendole A Sus UNICAS Amigas Y Siguio Al Moreno Hasta Aquella Espantosa Oficina, Al Entrar Sintio Como El aire Acondicionado Entro A Sus Pulmones Y Le Causo Que Tociera
— Srta. Johnson, Que Sopresa—Dijo con El Sarcasmo Mas Odioso Que jamas Habia Escuchado—Sientese—Indico Señalandole El Asiento Que Hacia Parte Del Juego De oficina, Con Perfecta Postura Y Algo De Nervios Hasta El Punto De Temblar, Se Sento— Muestreme Los brazos—Era Todo, Su Mundo Estaba Acabado, Una Cosa Era Que Sus Padres Lo Supieran-Que No Lo Hacian-, Y Otra Cosa Era Que La Directora Lo Supiera.
El Chaleco De Ese Colegio Cubria La Mayor Parte De su Cuerpo, Por Ende, Las Mangas, Miro A Su Amigo El Cual Asintio Lentamente, Y Se Quito La Chaqueta, Le Paso Brazo Por Brazo.
La Directora Al Ver Las Marcas Tan Profundas Y Continuas De La Estudiante Quedo Atonita, Sus Ojos se Abrieron Como Platos, Y Luego Nego Con La Cabeza
— Esta Niña No Puede Seguir Aqui—Dijo Para Si Misma Mientras Se Levantaba, Pero Ella, Ella Escucho Perfectamente Y Apenas Ella Salio De La Oficina Ella Se Levanto
— Te Odio—Le Dijo A Su ‘Gran Amigo’— Eres Una Mierda
— Esto Lo hice Por Tu Bien
— Bien es Que Me Expulsen De Un Colegio, Si Gracias Por La ayuda—Dijo
— Vanni, Te Vas A Hacer Una Herida Profunda Y Te haras Daño
— ¡A QUIEN LE IMPORTA!—Grito
— ¡A MI!—Valerie Se Llevo Las Manos Cubriendo Su Rostro Y Luego Lo Miro Con Ira Mientras Luchaba Para Que Sus Ojos No Soltaran Las Lagrimas Que Alli Tenia
— Voy A Terminar Suicidandome, Y No Sera Mas Que Tu— Lo Señalo— Culpa—Salio Corriendo De La Oficina Mientras Sus Lagrimas Resbalaban Por Su Rostro, Y Rapidamente Se Encerro En El Baño De Mujeres, Saco Su Celular Y Marco A Tay
— Tay, Te Necesito A Ti Y A Le—Dijo Entrecortada
— ¿Qué tienes? ¿Dónde Estas?
— En El Baño De Mujeres, Corre—Dijo Y Colgo’
— ¿No Piensas Despertar?—Dijo El Rubio Entrando Por La Puerta
— ¿Tengo Opcion?—Pregunto Aun Con Los Ojos Cerrados, No Lo Veia, Pero Sabia Que Habia Negado— Cinco Minutos—Replico Y Se Giro Dandole La Espalda
— Ya—Dijo Firme Y Salio De La Habitacion
Ella Largo Un Gruñido Y Se Levanto, Todo El Cuerpo Le Pesaba, Ganas no Le Sobraban de Mandar Todo A La Mierda Y Acostarse Denuevo, Algo Se Lo Impedia, Arrastro Su Cuerpo Hasta El Baño donde Se Lavo El Rostro Y Despues Se Dedico A Contemplar Su Cuerpo, Para Ella Estaba Demaciado Gorda e inmediatamente Se Le Vino A La Mente Todo Lo Que Comio La Noche Anterior, Aunque Fue Solo Una Ensalada Y Un Zumo De Naranja, Ella Sentia Que Habia sido Mas, Pero No Tenia Animos De Vomitar, No Aun Por Lo Menos, Despues De Una Rapida Ducha, Se Puso A Elegir Minusiosamente Su Atuendo, Cuidando Que No La Hiciera Ver Demaciado Gorda, Despues De Elegirse Por Unos Jeans Negros Y Una Blusa Blanca Simple Se Dedico a Su Cabello, Tardo Almenos 5 Minutos En Desenredarlo Y 10 Minutos En Decidir Como Tenerlo, Se Alto Una Coleta Alta Y Salio, Justo Alli Presenciaba Como Charlotte Heynie Se alejaba Del Cuarto De Daniel, ‘Otra Vez No’ Penso Y se Dirigio Hacia la Habitacion Del Rubio, Penso En Tocar Pero Se retracto
‘— Sabes Que No Debes Entrar A Su Habitacion— Le dijo Tratando de acosejarlo— La Conoces Y No Es La Primera Vez que Te Metes En Problemas Por Ella
— ¿POR QUÉ NO TE METES EN TUS ASUNTOS?— Le Grito, Y Ni Bien Habia Terminado de Decir Lo Que Dijo Y Ya Se Habia Arrepentido, Vio Como Los Ojos De La Castaña Que solo Buscaba ayudarlo Se Inundaron De Lagrimas Sin Embargo Esta Luchaba Para Que No Salieran— Valerie Yo…—Era Tarde, Por Decima Vez O Tal Vez Mas La Habia Lastimado, El No Controlaba Su Temperamento, Siempre Terminaba Hiriendola’
Dejo Caer La Mano Al Lado De Su Cuerpo Y Se Encamino Hacia El Jardin Ignorando El Desayuno Que debia Tomar, El Dia Estaba Esplendido, Claro Que Eso A Ella No Le imprtaba, Se Sento Bajo Un Arbol, Odiaba Lo que Los Rayos UV Le Hacian A Su Piel, Estiro Los Pies Y Se Dedico A Observar A un Punto Ciego, Habrian Pasado Tal Vez Una O Dos Horas, Alli Seguia, Inmovil como Una Estatua Y Observardo El Mismo Objeto, La Sangre No Le Venia Mas A Los Brazos Que La Sujetaban Y Podria Jurar que Tenian La Marcas Del Cesped En Su Palma
— Valerie—Dijo Aquella Voz Tan Gruesa que Ella Siempre Reconocia
— Daniel—Dijo Aun sin Mirarlo— Que Te Trae Por aqui—Dijo Desinteresada
— El Dr. Cowell Nos Llamo A Reunirnos— Algo Dentro de Ella Se Movio, Por Un Momento Tuvo La Esperanza De Que Viniera A Disculparse
— Si eso Es Todo Puedes irte, Y Decirle Que No Pienso Ir
— no, Eso No Era Todo—Se Coloco En Cunclillas Mirandola, Mientras Ella Le Dedico Una Mirada Cautelosa— Venia a Pedirte Disculpas, Lo Que Hice estubo Mal, Sabes Que esa Chica Me Saca De Casillas Y…—
— No Piensas Antes De Hablar—dijo Con Una Muy, Muy Ligera Sonrisa— Entiendo, sin Embargo No Pienso Ir A Ese Lugar
— ¿Por qué No?
— Ha De Ser Otro Loco Mas
— Te Apuesto A Que No
— Llevas Las De Perder—Sonrio —, Pero Acepto
El Se Enderezo Y Valerie Le Extendio La Mano Para Que La Ayudara, sin Embargo El noto algo Muy Distinto En Aquel Brazo
— ¿Son Marcas Nuevas?—Dijo Agriamente Y Ella Una Vez De Pie Le Retiro El Brazo
— No—dijo Fria Y Se Encamino
— ¿Cómo Que No?—Dijo Volviendola A El— ¡A Mi No Me Engañas!
— ¡SI LO SON! ¿A QUIEN LE IMPORTA?
— ¡A MI!— Un Amargo Deja Vu Le Volvio A La Cabeza, Ese Maldito Dia, Lo Odiaba, Odiaba A el Chico El Cual Respondia El nombre De Alexander, Lo Detestaba, Por El, Ella Habia dejado Todo, Sus Amigas, sus Padres, Su Familia, Aunque, La Ayudo Bastante, en ese Lugar No Hacian Si No criticarla Y Marginarla Y Sus Unicos Motivos Para Ir Eran Taylor Y Leah, Pero Estaba Mas Que Segura Que Ya La Habrian Olvidado. La Depresion Y La Nostalgia Se Apoderaron De Ella y Salio Corriendo Para Que No La Vieran Llorar, Detestaba eso, La Hacian Ver Inferior, Y Aunque Lo Fuera, Debia Ser Fuerte.
No Habia Nadie, A lo Mejor Todos Estarian En Esa Reunion, Ella se Cubrio el rostro y Comenzo A Sollozar Hasta Que Sintio Una Mano Fria En Su Brazo
— Valerie, Si No Vas A La Reunion El Dr. Cowell Se Molestara—Dijo Sabrina, Una Chica Rubia, Muy Agradable Aunque Algo timida E incluso Aveces, extraña
— Claro Sabrina—Dijo Limpiando Sus Lagrimas Disimuladamente— Vamos—dijo aclarando Un poco Su Graganta Y La Siguio
El Dr. Cowell se paró frente a todos los pacientes que guardaban silencio. Al lado del hombre le acompañaban el Dr. Niall Horan y William Stephenson, y detrás de ellos Un Chico Desconocido Por todos.
—Chicos, tengo el agrado de decirles que hoy se les unirá un nuevo compañero. Su nombre es Zayn Malik, se acaba de internar hoy así que sean amables, Y esas fueron todas las palabras de Cowell.
Valerie Sonrio Recordando Aquellas Palabras
'— Ha De Ser otro Loco Mas
— Te Apuesto A que No
— Llevas Las De Perder, Pero Acepto'
Lo Menos Que Podia Ser Era Ser Amable Con El, Pero Con solo Ver Como Llamaba La Atencion, Le Dio Fastidio y Se Alejo un Poco, Lo Penso Bastante, No Es De Las Que busca Compañía Ni Las Que le Gusta que Se La den
— ¿no Lo Vas A Saludar?—Dijo Amablemente Sabrina
— Yo Paso—Sonrio
— Vamos—Dijo Sabrina Y La Halo Del Brazo Arrastrandola Junto A El, Ella Solo Buscaba La Mirada De Daniel, El Cual Estaba-Como Siempre- Apartado De Todos
— Valerie—Dijo Sabrina— Saluda—
— Ah Si—Dijo Volviendo— Soy Valerie, Bienvenido A Tu Prision por El Resto de Los Dias— Dijo Con Un Tono cinico El solo Rio Y Al igual Que Sabrina, Aprovecho eso Y Se Escapo De Sabine Para ir Junto a Daniel
— Tu— Lo Señalo— Me Debes Algo—sonrio Y El Rio
— ¿Qué Quieres?
— Dejame Ver Que Tienes
— Deacuerdo—Sonrio Y se Dirigieron A Su Habitacion
Daniel
Desde Accesorios Como Anillos Y Pulseras, Aretes Y Llaveros, Todo Eso Tenia El, Guardado Por Supuesto
— Este—Dijo sacando Un Collar Delgado Y Plateado Con Un Dije En Forma de Corazon— ¿A Quien Se Lo Quitarias?
— No Lo Recuerd
— Espero Que No Sea Del Insituto, Conociendolas No Dudaran En Arrancarmelo—Daniel Rio— ¿Me Ayudas?— El Siemplemente Asintio Y Lo Tomo, Ella Se Coloco A Espaldas De El Y Recogio Su Cabello
— Listo—Dijo — Ahora aydame A Guardar Todo esto—Dijo Y Dirigio La Mirada A La Cama La Cual Elstaba Llena De Cosas
— Oye, Perdon Que Sea metida—Dijo Recogiendo Algunas Cosas— ¿Qué Te Dijo Charlotte Heynie Hoy?
— Tome Su Corona De Flores—Dijo— Mi culpa No Es Que Ella la Deje En lugares Tan Llamativos
— Como Sea—Dijo Cerrando El Pequeño Baul Con Todas Las Cosas Dentro— Al menos Te La Quitaste De encima—El La Observo por Unos Minutos Sin Decir Nada
— Valerie…. ¿Vomitaste Hoy?—Valerie Nego Con La Cabeza Mientras aun Tenia El Baul Entre manos— ¿Segura?—dijo Entrecerrando Los ojos Y Ella volvio A Negar— ¿Me Lo Jura Srta. Valerie Johnson?— Valerie rio Y Asintio— ¿Y Porque estas Tan Delgada? ¿Qué Desayunaste?— Ella Esquivo La Mirada De Daniel, ¡Claro! Eso Faltaba, La Muy Hermosa (sientan El sarcasmo) No Habia Desayunado— Ahora Mismo, Vamos A Comer algo
— Ve tu, No Tengo Hambre—Dijo Y Se Sento En La Cama dejando El Baul De Lado
— No, Vamos Los Dos
— No—Daniel La Miro Fulminante
— No Me obligues A Llevarte A Las Malas
— Esta Bien—Dijo Resignada— Pero que No Sea Mucho— Daniel Rio Levemente, Si Claro, Y en La Luna Crecen Flores
— Tu Solo Camina— Dijo Y Se Dirigio A La Puerta Seguido De Ella
Ella, Aquella Castaña Que El Primer Dia Le Llamo Tanto La Atencion. Todos Querian Estar Con el, Enseñarle El Lugar, Pero Ella, Ella Estaba En El fondo Preocupada Mas Bien Por El Dia Tan Nublado, Su Delgadez La Asombro Completamente, Y Si, Ahora esta Menos delgada, Espera que no sea Por El, Ya Que si Algun dia Se Va-Lo cual Aun No Es Muy Probable-, Ella Se Pondria Peor, Depender De Alguien Para Curarte, Es Como Deber Un Favor, Asi De Horrible, sin Embargo Le Cogio Cariño Y Hasta importancia, Con Todos El Es Una estatua Menos Ella, Con Ella Es Un Gran Amigo, Y Siempre La Escucha, Aveces Hasta Le Canta Con La Guitarra, eso Lo Hace solo Cuando Estan Al Aire Libre Y Solos, Pero Su Temperamento es Algo Que No Puede Controlar, Y Menos con Ella, Aun Le Sorprende Que Ella Tenga Tanta paciencia con El.


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