ST. COWELL'S INSTITUTION - Parte II.
ESCRITO POR: #Lunática
Sabrina Crany: Demencia, Sindrome de Cotard
"Vamos, no estoy loca, ve mas allá de eso y te darás cuenta quien soy."
Un gran pasillo hacia frente a mi caminata, el lugar era totalmente blanco, con unas baldosas cristalinas, muchas puertas a los lados y vidrios que permitían que la luz natural del sol entrara con esplendor. Iba de forma saltarina y una gran sonrisa en mi rostro, todo era maravilloso. Algo llamo mi atención de la nada, una persona atravesando el pasillo perpendicular iba de forma rápida y a la vez bailable, salí corriendo tras la personas y no podía creer lo que estaba viendo.
-¿Michael Jackson?- vi a un señor de gorro y anteojos, asiendo pasos antiguos de la época, mientras canturreaba una canción a lo bajo.
-¿Si?-Respondió dejando de bailar y mirándome con los ojos desorbitados, a estas alturas nunca entendí si Michael era un negro teñido de blanco o un blanco que se creía negro, no perdía nada con preguntar. Algo brillante se me vino a la mente.
-¿Has visto a Hitler?- hice una mueca, asiendo que una de mis mejillas se moviera hacia arriba e incline mi cuello.
-Si, lo vi hace un par de minutos peleando con Abraham Lincoln, le diré que los buscas, ‘’ smooth criminal’’-siguió bailando con sus zapatos lustrados y su gorro pegado a su cabeza, y un rato después desapareció por otro pasillo.
Me fui saltando de un lado a otro, cuando simultáneamente me encuentro con otra persona, el Psicólogo Niall Horan, cruzo mi brazo con el de él de forma inmediata y me pongo a caminar junto a él con una dulce sonrisa.
-¿Cómo estas hoy Sabrina?-pregunto dulcemente, mientras sacaba un fichera y un bolígrafo.
-Muy bien, busco a Hitler, tengo una charla con él, pero Michael se encargara-dije como si fuera lo más normal del mundo, y así lo es.
-Te hare las preguntas del día ¿Qué te parece?- yo asentí de forma positiva, y el soltó una pequeña risa- Muy bien…
¿No has olvidado nada?- posee la mano en mi barbilla tratando de recordar, y si se me olvido algo.
-Se me a olvidado el numero de mi habitación- agache la cabeza- ¡Pero tengo mi cuaderno!-la levante y busque en mi bolso color crema un cuaderno color verde, y lo abri en la primera pagina y se lo puse en la cara al Psicólogo.
-‘’Hola, me llamo Sabrina Crany, tengo dieciséis años, no sé de dónde vengo, y según los doctores tengo demencia y
Síndrome de Cotard, mi habitación tiene una puerta de color azul ubicada en el tercer piso con las puertas rojas, en ella
tiene un número trece, el cual está conformado con un uno y un tres. ‘’- Termino de leer ya que había llegado a lo que necesitaba.
-Es cierto, puerta azul-golpee mi cabeza con la palma y fue muy bruto ya que después de un rato me sobe. El psicólogo tacho algo en su lista y escribió unas cosas, con eso que llaman lápiz.
-¿Tus amigos no te han dicho que hagas maldades verdad?- ya sabía a lo que se refería.
-Ya me disculpe por haber querido asesinar a Emmeline, Enrique XIII dijo que era una gran idea, pero no te preocupes me eh enojado con ese canalla, me conto que asesinaba a sus esposas- mi cara era de sorpresa, el siempre me contaba cosas de él, y de sus hermosas mujeres, y descubrir de que las mato, hizo que perdiera todo contacto con ese mendigo.
-Esta bien, solo no vuelvas a cometer esas cosas-Volvió a escribir algo en su hoja, y a marcar cosas.-Creo que es suficiente por hoy, ¿te parece?, ¿hazme el favor de ir por Vanni?- Yo asentí entusiasmada y salí corriendo en busca de ella, buscando y buscando como si fuera un tesoro oculto en lo más lejanos, en el camino me encontré con Amy Winehouse quien cantaba uno de sus éxitos. Busque y busque hasta que la vi salir corriendo, con lagrimas en los ojos ¿o eran orejas?, todavía no entendía bien que cosa era cual. Salí corriendo tras ella, hasta que se detuvo, apoye mi mano en su hombro para que se diera vuelta, vi sus ojos cristalizados, pero yo estoy loca, no podía hacer nada.
-Vanni, si no vas a la reunión del Director Crowell, se molestara-le pedí suplicante, no quería que nadie se metiera en problemas.
-Claro Sabrina- se limpio las lágrimas y la jale para que fuéramos al auditorio.
Ahí dentro estaban todos, creo que eramos ¿veintitri?o como sean esas cosas para contar nos sentamos en una de las primeras sillas y el Director Crowell dio el anuncio, tenía a su lado a un chico de pelo azabache con un lindo cutis.
-Bueno chicos, hoy se nos une una nueva persona, el es Zayn Malik. Espero que lo acojan bien- y justo con muchas palabras que me cuesta descifrar su significado, no había falta mencionar que estaban todos los que trabajan aquí, algunos se acercaron a saludarlo yo le propuse a Vanni ir.
-¿No iras a saludar?-le dije amablemente con mi siempre sonrisa en el rostro.
-Yo paso- me devolvió la sonrisa, ella era agradable, o era falsa, cualquiera de las dos, pero a mí me trataba bien.
-Vamos- la jale para que fuéramos a saludar, nos pusimos en frente del chico nuevo. Y Vanni parecía distraída.
-Vanni-ella reacciono-Saluda- le señale al chico
-Así- se volteo- soy Vanni a tu prisión por el resto de tus días- puso un tono cínico, pero yo reí haciendo que mi risa contagiara. Mientras nos reíamos pude notar que la chica se fue, pues cosa de ella.
-Sabrina Crany- extendí mi mano y el la tomo, tenía un calor diferente, y me asusto un poco.
-Zayn Malik-tomo mi mano y me sonrió.
Después de un rato la mayoría fuimos al jardín, yo jugaba con mis dedos de aquí para allá, no ponía atención a lo que estaba pasando, pero alguien me llamo.
-¡Sabrina!-Me voltee unas diez veces buscando de donde provenía la voz, hasta que la persona se puso al lado mío.
-¡Hitler! Al fin te encuentro- dije tontamente, llevaba alrededor de un par de días buscándolo.
-Yo también, ¿De qué querías hablar?- dijo este cursándose de brazos, hablábamos mientras seguíamos al grupo, hasta que una chica se nos acerco, Eilsel ¿o se llamaba Amanda?
-Sabrina, ¿Con quién hablas?-pronuncio una sonrisa de forma amigable buscando a la persona.
-Estaba hablando con Hitler eh….- me quede pensando cual era su nombre.
-Eilsel- puso una mueca molesta- Si, la segunda guerra mundial fue un caos por tu culpa, miro hacia donde estaba Hitler. El solo puso una mueca molesta.- ¿Tu no tenias un collar el otro día?- pregunto mirando mi cuello. Baje mi mirada y buscaba por todos lados y estaba me daba vueltas tratando de ver mi espalda.
-¿Así? No lo sabía- empecé a dar vueltas sobre mí misma.
Ella se fue con el grupo, mientras seguía platicando con Hitler al fin solos.
-Dime, ¿no se te ocurrió poner una bomba en Alemania y Holanda?, digo, así matabas dos pájaros de un tiro- reí tonta y nerviosamente.
-Si, fue algo tonto, pero ya no puedo hacer nada. Oye Sabrina, ¿quieres hacer algo entretenido?-dije con una sonrisa algo desquiciada.
-Claro- conteste con euforia saltando de un lado a otro.
-Mira, lo que tienes que hacer es quitarle esa corona de flores a ella, apunto a una chica que usaba bata blanca y le hacia trenzas a otra niña, ¿Julietta?, creo que los nombres no son lo mío.
-Aja-asentí mientras veía a la chica.
-Y tienes que culpar a Daniel. Así abra un escándalo- empezó a reír y yo también.
-¡Sí!, Suena divertido!- empecé a saltar y aplaudir. Seguimos caminando hasta que ya era hora de cenar, me comí la mitad de la cafetería en cinco minutos, y luego me fui a mi habitación, ‘’puerta azul, tercer piso número trece, un uno con un tres.’’ Comencé a recordar una y otra vez, hasta que la encontré y me introduje en ella, contenía una cama, paredes acolchadas, y un pequeño tragaluz, muy alto para mi altura. Saque el cuaderno que tenía en mi bolso, ya saben el de color verde. Y en la parte trasera escribi
Cuaderno de Sabrina:
Ingenuos, nunca se darán cuenta de que la verdadera locura esta en ellos, no en mi. Yo veo mas allá de la realidad, y algún día me vengare de estos imbéciles que osaron encerrarme.
_______________________________________Sabrina Crany: Demencia, Sindrome de Cotard
"Vamos, no estoy loca, ve mas allá de eso y te darás cuenta quien soy."
Un gran pasillo hacia frente a mi caminata, el lugar era totalmente blanco, con unas baldosas cristalinas, muchas puertas a los lados y vidrios que permitían que la luz natural del sol entrara con esplendor. Iba de forma saltarina y una gran sonrisa en mi rostro, todo era maravilloso. Algo llamo mi atención de la nada, una persona atravesando el pasillo perpendicular iba de forma rápida y a la vez bailable, salí corriendo tras la personas y no podía creer lo que estaba viendo.
-¿Michael Jackson?- vi a un señor de gorro y anteojos, asiendo pasos antiguos de la época, mientras canturreaba una canción a lo bajo.
-¿Si?-Respondió dejando de bailar y mirándome con los ojos desorbitados, a estas alturas nunca entendí si Michael era un negro teñido de blanco o un blanco que se creía negro, no perdía nada con preguntar. Algo brillante se me vino a la mente.
-¿Has visto a Hitler?- hice una mueca, asiendo que una de mis mejillas se moviera hacia arriba e incline mi cuello.
-Si, lo vi hace un par de minutos peleando con Abraham Lincoln, le diré que los buscas, ‘’ smooth criminal’’-siguió bailando con sus zapatos lustrados y su gorro pegado a su cabeza, y un rato después desapareció por otro pasillo.
Me fui saltando de un lado a otro, cuando simultáneamente me encuentro con otra persona, el Psicólogo Niall Horan, cruzo mi brazo con el de él de forma inmediata y me pongo a caminar junto a él con una dulce sonrisa.
-¿Cómo estas hoy Sabrina?-pregunto dulcemente, mientras sacaba un fichera y un bolígrafo.
-Muy bien, busco a Hitler, tengo una charla con él, pero Michael se encargara-dije como si fuera lo más normal del mundo, y así lo es.
-Te hare las preguntas del día ¿Qué te parece?- yo asentí de forma positiva, y el soltó una pequeña risa- Muy bien…
¿No has olvidado nada?- posee la mano en mi barbilla tratando de recordar, y si se me olvido algo.
-Se me a olvidado el numero de mi habitación- agache la cabeza- ¡Pero tengo mi cuaderno!-la levante y busque en mi bolso color crema un cuaderno color verde, y lo abri en la primera pagina y se lo puse en la cara al Psicólogo.
-‘’Hola, me llamo Sabrina Crany, tengo dieciséis años, no sé de dónde vengo, y según los doctores tengo demencia y
Síndrome de Cotard, mi habitación tiene una puerta de color azul ubicada en el tercer piso con las puertas rojas, en ella
tiene un número trece, el cual está conformado con un uno y un tres. ‘’- Termino de leer ya que había llegado a lo que necesitaba.
-Es cierto, puerta azul-golpee mi cabeza con la palma y fue muy bruto ya que después de un rato me sobe. El psicólogo tacho algo en su lista y escribió unas cosas, con eso que llaman lápiz.
-¿Tus amigos no te han dicho que hagas maldades verdad?- ya sabía a lo que se refería.
-Ya me disculpe por haber querido asesinar a Emmeline, Enrique XIII dijo que era una gran idea, pero no te preocupes me eh enojado con ese canalla, me conto que asesinaba a sus esposas- mi cara era de sorpresa, el siempre me contaba cosas de él, y de sus hermosas mujeres, y descubrir de que las mato, hizo que perdiera todo contacto con ese mendigo.
-Esta bien, solo no vuelvas a cometer esas cosas-Volvió a escribir algo en su hoja, y a marcar cosas.-Creo que es suficiente por hoy, ¿te parece?, ¿hazme el favor de ir por Vanni?- Yo asentí entusiasmada y salí corriendo en busca de ella, buscando y buscando como si fuera un tesoro oculto en lo más lejanos, en el camino me encontré con Amy Winehouse quien cantaba uno de sus éxitos. Busque y busque hasta que la vi salir corriendo, con lagrimas en los ojos ¿o eran orejas?, todavía no entendía bien que cosa era cual. Salí corriendo tras ella, hasta que se detuvo, apoye mi mano en su hombro para que se diera vuelta, vi sus ojos cristalizados, pero yo estoy loca, no podía hacer nada.
-Vanni, si no vas a la reunión del Director Crowell, se molestara-le pedí suplicante, no quería que nadie se metiera en problemas.
-Claro Sabrina- se limpio las lágrimas y la jale para que fuéramos al auditorio.
Ahí dentro estaban todos, creo que eramos ¿veintitri?o como sean esas cosas para contar nos sentamos en una de las primeras sillas y el Director Crowell dio el anuncio, tenía a su lado a un chico de pelo azabache con un lindo cutis.
-Bueno chicos, hoy se nos une una nueva persona, el es Zayn Malik. Espero que lo acojan bien- y justo con muchas palabras que me cuesta descifrar su significado, no había falta mencionar que estaban todos los que trabajan aquí, algunos se acercaron a saludarlo yo le propuse a Vanni ir.
-¿No iras a saludar?-le dije amablemente con mi siempre sonrisa en el rostro.
-Yo paso- me devolvió la sonrisa, ella era agradable, o era falsa, cualquiera de las dos, pero a mí me trataba bien.
-Vamos- la jale para que fuéramos a saludar, nos pusimos en frente del chico nuevo. Y Vanni parecía distraída.
-Vanni-ella reacciono-Saluda- le señale al chico
-Así- se volteo- soy Vanni a tu prisión por el resto de tus días- puso un tono cínico, pero yo reí haciendo que mi risa contagiara. Mientras nos reíamos pude notar que la chica se fue, pues cosa de ella.
-Sabrina Crany- extendí mi mano y el la tomo, tenía un calor diferente, y me asusto un poco.
-Zayn Malik-tomo mi mano y me sonrió.
Después de un rato la mayoría fuimos al jardín, yo jugaba con mis dedos de aquí para allá, no ponía atención a lo que estaba pasando, pero alguien me llamo.
-¡Sabrina!-Me voltee unas diez veces buscando de donde provenía la voz, hasta que la persona se puso al lado mío.
-¡Hitler! Al fin te encuentro- dije tontamente, llevaba alrededor de un par de días buscándolo.
-Yo también, ¿De qué querías hablar?- dijo este cursándose de brazos, hablábamos mientras seguíamos al grupo, hasta que una chica se nos acerco, Eilsel ¿o se llamaba Amanda?
-Sabrina, ¿Con quién hablas?-pronuncio una sonrisa de forma amigable buscando a la persona.
-Estaba hablando con Hitler eh….- me quede pensando cual era su nombre.
-Eilsel- puso una mueca molesta- Si, la segunda guerra mundial fue un caos por tu culpa, miro hacia donde estaba Hitler. El solo puso una mueca molesta.- ¿Tu no tenias un collar el otro día?- pregunto mirando mi cuello. Baje mi mirada y buscaba por todos lados y estaba me daba vueltas tratando de ver mi espalda.
-¿Así? No lo sabía- empecé a dar vueltas sobre mí misma.
Ella se fue con el grupo, mientras seguía platicando con Hitler al fin solos.
-Dime, ¿no se te ocurrió poner una bomba en Alemania y Holanda?, digo, así matabas dos pájaros de un tiro- reí tonta y nerviosamente.
-Si, fue algo tonto, pero ya no puedo hacer nada. Oye Sabrina, ¿quieres hacer algo entretenido?-dije con una sonrisa algo desquiciada.
-Claro- conteste con euforia saltando de un lado a otro.
-Mira, lo que tienes que hacer es quitarle esa corona de flores a ella, apunto a una chica que usaba bata blanca y le hacia trenzas a otra niña, ¿Julietta?, creo que los nombres no son lo mío.
-Aja-asentí mientras veía a la chica.
-Y tienes que culpar a Daniel. Así abra un escándalo- empezó a reír y yo también.
-¡Sí!, Suena divertido!- empecé a saltar y aplaudir. Seguimos caminando hasta que ya era hora de cenar, me comí la mitad de la cafetería en cinco minutos, y luego me fui a mi habitación, ‘’puerta azul, tercer piso número trece, un uno con un tres.’’ Comencé a recordar una y otra vez, hasta que la encontré y me introduje en ella, contenía una cama, paredes acolchadas, y un pequeño tragaluz, muy alto para mi altura. Saque el cuaderno que tenía en mi bolso, ya saben el de color verde. Y en la parte trasera escribi
Cuaderno de Sabrina:
Ingenuos, nunca se darán cuenta de que la verdadera locura esta en ellos, no en mi. Yo veo mas allá de la realidad, y algún día me vengare de estos imbéciles que osaron encerrarme.
ESCRITO POR: Valeria
NOMBRE COMPLETO: Charlotte Grant
EDAD: 12
ENFERMEDAD (ES): Depresión, automutilación, deseos de morir, bulimia
CAPITULO 4: Mariposas.
CHARLOTTE.
Mi mirada se poso en unas mariposas que volaban libremente en el jardín. No hay nada que ame más que a las mariposas, pero solo a las mariposas de colores, las que son negras me dan miedo. Corrí en dirección de donde se encontraban las mariposas, comencé a dar vuelta con los brazos extendidos, simulando que era una mariposa en pleno vuelo. El Dr. Niall Horan me dijo que yo amaba tanto las mariposas, era porque me sentía prisionera de mis enfermedades y deseaba ser como una mariposa, una mariposa que vuela libre por el mundo.
De repente, mi pequeño y delgado cuerpo se encontraba en el piso, levante la mirada y me encontré con los ojos marrones de Kelsey.
-Lo siento- Dijo extendiendo su mano para ayudarme a levantar. -Venia distraída.
-No te preocupes, yo era la que estaba dando vueltas en medio del jardín- Dije un poco avergonzada.
Pude notar cómo se formaba una pequeña sonrisa en el rostro de Kelsey.
-Por cierto, el Dr. Cowell nos mando a reunir a todos en el taller recreativo.
-Gracias- Dije y Kelsey se fue.
Aquí todos son muy amables conmigo, no sé si es por el hecho de ser las más pequeña, o simplemente porque es mejor llevarte bien con todos, es muy probable que pases mucho tiempo conviviendo con ellos.
Sacudí algunas hojas que habían quedado en mi vestido y me dispuse a ir al taller recreativo. Al llegar, busque con la mirada a Charlotte entre todos los pacientes, pero no la encontré, por lo que supuse que no sabía que nos habían reunido, así que fui a buscarla.
Charlotte Heynie, probablemente la única amiga de verdad que he tenido en toda mi vida. Creo que nadie nunca comprenderá nuestra amistad, según la mayoría, solo estoy fascinada por la coincidencia de nombres, pero a pesar de su desorden narcisista, ella es una persona agradable, si tan solo las personas se tomaran el tiempo para ver más allá de la chica narcisista, comprenderían porque somos amigas.
Busque a Charlie por todo el establecimiento, hasta que la encontré en recepción, hecha un ovillo detrás de un basurero.
-¿Qué haces allí, Charlie? El Dr. Cowell nos reunió a todos en el taller recreativo, tienes que venir o se enojará contigo- Charlotte se levanto y tomo mi mano.
Cuando llegamos al taller recreativo, el Dr. Cowell se paro al frente de todos los pacientes, a su lado se encontraban el Dr. Niall Horan y William Stephenson, y detrás de ellos, un chico moreno de ojos marrones, quien supuse seria un paciente nuevo.
-Chicos, tengo el agrado de decirles que hoy se les unirá un nuevo compañero. Su nombre es Zayn Malik, se acaba de internar hoy así que sean amables.
Al parecer, no me equivoque.
Todos se agruparon alrededor del chico, quien nunca quitaba su sonrisa del rostro.
Observe la escena, hubiera ido a saludar, pero la verdad preferiría esperar a que Zayn no estuviera rodeado de tantas personas.
En un abrir y cerrar de ojos, Charlotte había salido corriendo del taller practico. Decidí seguirla, tal vez se había molestado o algo.
-¡Charlie! -le grite-. ¡Espérame!
Charlotte se detuvo y cuando llegue a su lado, me sonrió.
-¿Qué te sucede? Si no te conociera, diría que no te agradó para nada el nuevo- Le dije.
-Nadie me agrada, Charlotte. Nadie puede agradarme, salvo tú, por supuesto.
(…)
Charlotte se encontraba haciendo trenzas en mi cabello, el día estaba soleado y las mariposas que había visto anteriormente, aun se encontraban adornando el ambiente.
-Charlotte, ¿sabes que tiene el chico nuevo? No parece enfermo- Me dijo Charlie, luego de que los demás pacientes salieran al jardín junto con el paciente nuevo.
-No tengo ni la más mínima idea, pero se ve simpático. Deberíamos ir a hablar con él y preguntárselo.
-Ve tú, no me quiero acercar a ese chico, no me inspira confianza- Me dijo Charlotte, acto seguido me levante para ir a darle la bienvenida al paciente nuevo. -Pero no le preguntes qué tiene, jamás preguntes eso… a nadie.
Y entendí porque me dijo eso, a mí tampoco me gustaría que me preguntaran que tipo de enfermedades padezco.
-Hola- Dije una vez que había llegado al lugar donde se encontraba Zayn.
-Hola. ¿Eres la Pequeña Charlotte, cierto?- Pregunto él, sonreí y asentí con la cabeza.
-Esa chica, la que está siempre a tu lado, ¿quién es?-Pregunto de pronto.
-Oh, Charlie…- Murmure, recordé que a ella no le agradaba para nada el chico nuevo, pero en realidad el parecía muy normal, además de buena persona. -Es mi amiga, pero te digo que no se lleva bien con nadie.
-¿En qué pasillo duerme tu amiga?
-¿Para qué quieres saber?- Pregunte cautelosa.
-Para saber si es peligrosa o no.
-Ah. Está en el verde.
Zayn se despidió y regrese a donde estaba previamente.
-¿Y?- Pregunto Charlotte cuando me senté a su lado.
-Parece una buena persona, lo que no entiendo es que hace en un lugar como este, es decir, ya lo viste, parece normal-Dije desconcertada.
-Tal vez, pero no sabemos qué clase de cosas hayan en su mente- Dijo Charlotte y asentí dándole la razón.
(…)
Me encontraba pintando con acuarelas, no era difícil adivinar que estaba pintando, una mariposa.
Mis dibujos se basan en eso, mariposas.
Una vez que mi pintura estuvo lista y se secara, me levante y fui en dirección a mi habitación, la 298, ubicada en el pasillo amarillo, puerta azul.
Entre a mi habitación, busque cinta adhesiva, pique un poco con los dientes y me dispuse a pegar mi pintura en la pared.
No es el primer dibujo que pego en la pared, tengo al menos 25 pegados, todos tratan de mariposas.
Algunas son rojas, otras anaranjadas, azules, verdes, rosadas, de todos los colores, en blanco y negro.
Efectivamente, mi habitación parece un jardín de mariposas.
_______________________________________NOMBRE COMPLETO: Charlotte Grant
EDAD: 12
ENFERMEDAD (ES): Depresión, automutilación, deseos de morir, bulimia
CAPITULO 4: Mariposas.
CHARLOTTE.
Mi mirada se poso en unas mariposas que volaban libremente en el jardín. No hay nada que ame más que a las mariposas, pero solo a las mariposas de colores, las que son negras me dan miedo. Corrí en dirección de donde se encontraban las mariposas, comencé a dar vuelta con los brazos extendidos, simulando que era una mariposa en pleno vuelo. El Dr. Niall Horan me dijo que yo amaba tanto las mariposas, era porque me sentía prisionera de mis enfermedades y deseaba ser como una mariposa, una mariposa que vuela libre por el mundo.
De repente, mi pequeño y delgado cuerpo se encontraba en el piso, levante la mirada y me encontré con los ojos marrones de Kelsey.
-Lo siento- Dijo extendiendo su mano para ayudarme a levantar. -Venia distraída.
-No te preocupes, yo era la que estaba dando vueltas en medio del jardín- Dije un poco avergonzada.
Pude notar cómo se formaba una pequeña sonrisa en el rostro de Kelsey.
-Por cierto, el Dr. Cowell nos mando a reunir a todos en el taller recreativo.
-Gracias- Dije y Kelsey se fue.
Aquí todos son muy amables conmigo, no sé si es por el hecho de ser las más pequeña, o simplemente porque es mejor llevarte bien con todos, es muy probable que pases mucho tiempo conviviendo con ellos.
Sacudí algunas hojas que habían quedado en mi vestido y me dispuse a ir al taller recreativo. Al llegar, busque con la mirada a Charlotte entre todos los pacientes, pero no la encontré, por lo que supuse que no sabía que nos habían reunido, así que fui a buscarla.
Charlotte Heynie, probablemente la única amiga de verdad que he tenido en toda mi vida. Creo que nadie nunca comprenderá nuestra amistad, según la mayoría, solo estoy fascinada por la coincidencia de nombres, pero a pesar de su desorden narcisista, ella es una persona agradable, si tan solo las personas se tomaran el tiempo para ver más allá de la chica narcisista, comprenderían porque somos amigas.
Busque a Charlie por todo el establecimiento, hasta que la encontré en recepción, hecha un ovillo detrás de un basurero.
-¿Qué haces allí, Charlie? El Dr. Cowell nos reunió a todos en el taller recreativo, tienes que venir o se enojará contigo- Charlotte se levanto y tomo mi mano.
Cuando llegamos al taller recreativo, el Dr. Cowell se paro al frente de todos los pacientes, a su lado se encontraban el Dr. Niall Horan y William Stephenson, y detrás de ellos, un chico moreno de ojos marrones, quien supuse seria un paciente nuevo.
-Chicos, tengo el agrado de decirles que hoy se les unirá un nuevo compañero. Su nombre es Zayn Malik, se acaba de internar hoy así que sean amables.
Al parecer, no me equivoque.
Todos se agruparon alrededor del chico, quien nunca quitaba su sonrisa del rostro.
Observe la escena, hubiera ido a saludar, pero la verdad preferiría esperar a que Zayn no estuviera rodeado de tantas personas.
En un abrir y cerrar de ojos, Charlotte había salido corriendo del taller practico. Decidí seguirla, tal vez se había molestado o algo.
-¡Charlie! -le grite-. ¡Espérame!
Charlotte se detuvo y cuando llegue a su lado, me sonrió.
-¿Qué te sucede? Si no te conociera, diría que no te agradó para nada el nuevo- Le dije.
-Nadie me agrada, Charlotte. Nadie puede agradarme, salvo tú, por supuesto.
(…)
Charlotte se encontraba haciendo trenzas en mi cabello, el día estaba soleado y las mariposas que había visto anteriormente, aun se encontraban adornando el ambiente.
-Charlotte, ¿sabes que tiene el chico nuevo? No parece enfermo- Me dijo Charlie, luego de que los demás pacientes salieran al jardín junto con el paciente nuevo.
-No tengo ni la más mínima idea, pero se ve simpático. Deberíamos ir a hablar con él y preguntárselo.
-Ve tú, no me quiero acercar a ese chico, no me inspira confianza- Me dijo Charlotte, acto seguido me levante para ir a darle la bienvenida al paciente nuevo. -Pero no le preguntes qué tiene, jamás preguntes eso… a nadie.
Y entendí porque me dijo eso, a mí tampoco me gustaría que me preguntaran que tipo de enfermedades padezco.
-Hola- Dije una vez que había llegado al lugar donde se encontraba Zayn.
-Hola. ¿Eres la Pequeña Charlotte, cierto?- Pregunto él, sonreí y asentí con la cabeza.
-Esa chica, la que está siempre a tu lado, ¿quién es?-Pregunto de pronto.
-Oh, Charlie…- Murmure, recordé que a ella no le agradaba para nada el chico nuevo, pero en realidad el parecía muy normal, además de buena persona. -Es mi amiga, pero te digo que no se lleva bien con nadie.
-¿En qué pasillo duerme tu amiga?
-¿Para qué quieres saber?- Pregunte cautelosa.
-Para saber si es peligrosa o no.
-Ah. Está en el verde.
Zayn se despidió y regrese a donde estaba previamente.
-¿Y?- Pregunto Charlotte cuando me senté a su lado.
-Parece una buena persona, lo que no entiendo es que hace en un lugar como este, es decir, ya lo viste, parece normal-Dije desconcertada.
-Tal vez, pero no sabemos qué clase de cosas hayan en su mente- Dijo Charlotte y asentí dándole la razón.
(…)
Me encontraba pintando con acuarelas, no era difícil adivinar que estaba pintando, una mariposa.
Mis dibujos se basan en eso, mariposas.
Una vez que mi pintura estuvo lista y se secara, me levante y fui en dirección a mi habitación, la 298, ubicada en el pasillo amarillo, puerta azul.
Entre a mi habitación, busque cinta adhesiva, pique un poco con los dientes y me dispuse a pegar mi pintura en la pared.
No es el primer dibujo que pego en la pared, tengo al menos 25 pegados, todos tratan de mariposas.
Algunas son rojas, otras anaranjadas, azules, verdes, rosadas, de todos los colores, en blanco y negro.
Efectivamente, mi habitación parece un jardín de mariposas.
Emmeline Bryanette Kendrik Lowe
Estrés (leve) Depresión (profunda) Bipolaridad (grave)
“Capítulo 6: El principio de lo que puede ser una eternidad”
Emmeline POV’s
Me despierto y abro los ojos, miro a mi alrededor y recuerdo en que horrible sitio estoy. Sé que estoy en el St. Cowells por mi bien, pero detesto esto, me encantaría salir huyendo de aquí, no me gusta nada sentirme presa de ningún sitio y odio todo esto. La mayor parte de las veces estoy triste, solitaria y melancólica, y al cabo de un segundo, sin ningún sentido, soy de lo más feliz y veo el cielo abierto y sé que me curaré. Esos ratos tan felices, no duran demasiado y se desvanecen tan rápido como llegaron. Otras veces me siento estresada y tengo la necesidad de hacer mis tareas con rapidez y precisión, sin olvidarme nada. Los médicos dicen que tengo depresión, estrés y bipolaridad. Yo creo que, son unos inútiles que no me ayudan en nada, lo único que hago en las terapias es hablar sobre mis sentimientos, y de como me encuentro en ese momento, y de como me encontré a lo largo del día. Es una verdadera pérdida de tiempo. Yo me quiero curar, pero ellos parecen empeñados en que hablar, es la mejor medicina, yo opino que se están riendo de mí. Me levanto y pongo las plantas de los pies desnudos en el suelo, busco con la mirada las zapatillas y el alma se me cae a los pies al no encontrarlas. Me siento terriblemente desgraciada y suspiro reteniendo las lágrimas. Busco debajo de mi cama y encuentro las dichosas zapatillas asquerosas que se resistían en comparecer. Me las pongo con un bufido y voy a buscar mi bata blanca, para ponérmela encima del camisón color rosado que normalmente llevo, a no ser, que esté demasiado sucio, en ese caso me pongo el camisón morado. No tengo demasiadas ganas en cambiarme de ropa, a no ser que sea domingo, cuando viene mi familia, si es que aparece. A veces, me quedo sola, esperando a que lleguen, y no vienen en todo el día. El único que me hace compañía, en esos humillantes momentos, es Edward. Cada vez que no vienen, me siento triste y noto un rencor subiéndome por la garganta, y en cambio, cuando vienen al domingo siguiente o al otro, olvido el rencor y los recibo a los tres con una sonrisa. Sonrisa que no sé de donde saco.
Esta mañana no iré a desayunar, no me apetece, no tengo ganas de nada. Me voy al Jardín, el único lugar que me relaja un poco de todo este maldito lugar. Me siento en un banco, y dejo que la brisa me acaricie el cuerpo con sus frías caricias. Y cierro los ojos, adormeciéndome ligeramente, hasta que oigo dos voces, me giro y veo a las dos Charlotte’s. La mayor me da cierto miedo, es mejor mantenerse alejado de ella, he oído cosas… Que… Bueno… Pero a mi, no me parece tan mala, aunque si todos lo dicen, será por algo. La otra chica, es una niña que tiene aspecto muy dulce y parece buena chica. Me giro de nuevo, ignorando el resto del mundo y noto como alguien se sienta a mi lado, eso me sorprende, nunca nadie viene a estar conmigo, a nadie le caigo bien.
Miro y entiendo porque se sentó conmigo, es Edward, los médicos son los únicos que hablan conmigo, y Edward el que más.
-Emmeline… -me dice con dulzura, y una sonrisa- hace diez minutos que comenzó tu sesión…
Me golpeo la frente, sintiéndome estúpida, ¿Cómo se me ha podido olvidar? Supongo que tendrá que ver con eso de que no sé ni que hora es y tampoco estoy demasiado segura de que día es.
-Venga, ven conmigo. –me dice ofreciéndome su brazo. Que rechazo y le sigo, sin decir media palabra. No tengo ganas de hablar hoy, y ahora, tendré que pasarme los siguiente 50 minutos, con suerte, 45, hablando sobre mí y mis estúpidos y cambiantes sentimientos.
Caminamos por pasillos, hasta que entramos a una habitación. Nunca me fijo en los números, solamente, el de mi habitación. La número 306. Me recuesto en el diván de piel, color oscuro y el joven, coge un cuaderno de notas y un bolígrafo. Comienza con sus estúpidas preguntas.
-¿Qué tal tu día, Emmeline?
-Tan fantástico como siempre. –Respondo con ironía.
-Ya veo… -murmura mientras escribe con rapidez sobre la hoja blanca. Miro al otro lado, y veo a través de la ventana. Un pájaro se ha posado sobre la rama de un árbol cercano, sonrío, amo los pájaros, y les envidio a la vez, ellos sí son libres.- ¿En que piensas?
Me pregunta el médico con suavidad, seguramente, me habrá visto sonreír y le pareció raro.
-En los pájaros –señalo a la pequeña ave, color marrón claro y blanca. Al ver como abre su pico para entonar alguna nota, sonrío, irrevocablemente feliz, miro sonriente al joven de cabellos oscuros y hermosos ojos azules.- me gustan mucho.
-¡Que bien! –dice, parece feliz, aunque dudo que a él le interese demasiado como me siento, pero saber que estoy sola y que no le preocupo a nadie, por una extraña razón, ahora no me hace desdichada ni rompo en un llanto desconsolado como de costumbre. Me siento bien. –Esa es una muy buena señal. Así me gusta, y dime, ¿Qué más te gusta?
-Hmm… ¡Los helados de limón! EL limón ácido, el dulce no –él ríe y yo sonrió dulcemente, me siento un poco mejor al decir que me gusta, así que sigo. –la música, amo la música. Me gusta mucho los pájaros, por la razón de que son libres y cantan estupendamente. –Edward no para de escribir, parece entusiasmado y me sonríe, alentándome a que prosiga.- también… ¡Las historias de amor! Las novelas y los cuentos, siempre me ha gustado, y cuando me cure, escribiré un libro. Ya lo verás. Y te lo voy a dedicar por haberme cuidado.
El joven ríe con alegría.
-Eso es genial. Está muy bien que tengas expectativas así, entonces, ¿piensas que te vas a curar? –pregunta con un brillo en los ojos, que me enternece. Me pongo derecha en el diván, estar recostada no me gusta demasiado, me siento y entrelazo las piernas.
-¡Pues claro! Me voy a recuperar y saldré de aquí dentro. –entonces, miro a fuera y veo que ya no está mi pequeño amigo, y siento de nuevo, que me desmorono. Y recuerdo mis palabras y las siento estúpidas. Escucho la voz de Edward hablándome.
-¿Y cuando crees que será eso? ¿Tú crees que saldrás de aquí pronto? –le miro, miro el cuaderno de entre sus manos, ya tiene tres paginas escritas, tres pequeñas hojas rellenas de información con una letra pequeña e inteligible, la letra de “médico”.
-No… No voy a salir nunca de aquí… No me recuperaré… Es imposible… -entonces, veo como la sonrisa que le iluminaba las bonitas facciones de su cara, se desvanece y deja paso a una triste mirada que profundizan las pequeñas y poco profundas ojeras. Se le ve terriblemente decepcionado. Evito su mirada y vuelvo a recostarme.
-Bueno… No digas eso, no quiero oírte decir eso… No debes pensar así.. Saldrás de aquí, te vas a recuperar y escribirás…
-¡No! ¡No me mientas! –Grito desesperada en medio de un torrente de lágrimas que han comenzado a salir de mis verdes ojos- ¡No quiero escuchar más mentiras! –exclamo sin dejar de llorar. Me cubro la cara con las manos y las húmedas gotitas, resbalan por mis manos y mis mejillas, produciendo una desagradable sensación de estar mojada.
-No te miento, Emmeline, te vas a poner buena… Lo sé… -dice con suavidad y dulzura, sé que intenta darme ánimos, pero para mi solo me está engatusando. Le miro con la mirada algo borrosa, cuando le veo nítidamente le miro con desprecio y le dijo.
-Eres el único que lo dices.
-¿Quién te dijo lo contrario? –inquiere él.
-Nadie, pero por favor, estoy loca, no ciega, ni sorda ni tampoco soy tonta. –dijo con rencor.
-Nadie te dijo que lo fueras…
-¡Me tratan como a tal! –Grito exasperada- ¡Como si no viera que eres el único médico en toda esta maldita institución que no me cree loca sin remedio! Y ahora, si me disculpas, no quiero oír más tonterías.
Me levanto y me voy hacia la puerta, antes oigo como me llama.
-¡Emmeline! –no hago caso y cierro la puerta de un portazo. Me voy corriendo, muy enfadada por el pasillo, subo plantas, ignorando los comentarios de las enfermeras y los médicos. Entonces, veo a lo lejos a una saltarina chica, Sabrina una chica que normalmente habla sola, pero la admiro, ella es feliz, la esquivo y sigo por otro pasillo. Cuando me canso de correr, me acurruco en un rincón de un pasillo, no sé cual es ni me interesa. Entonces, me ataca la culpabilidad. Edward es el único que siente algo de afecto por mi aquí dentro, y yo, la e fastidiado y estoy mas sola que nunca, bueno, que nunca no. E estado en situaciones peores. Las lágrimas reaparecen, recordando todos los abusos en el colegio, y lo mal que me e comportado con la única persona de toda la faz de la tierra, que todavía mantiene la fe y la esperanza en mí. Fe y esperanzas que supongo que habrá perdido ya. Sin motivo aparente las imágenes de todo cuanto pasé en el colegio me vienen a la mente.
Flashback
Terminadas las clases, ya éramos libres y ese estado de libertad se había desencadenado hacia dos minutos o tres, al tocar el timbre. Ahora me encontraba recogiendo mis pertinencias de la taquilla, mientras estaba colocando los libros, bolígrafos, cuadernos y demás oigo unas risas y unos pasos acercándose. Mientras cierro la puertecilla metálica color crema, con el candado dorado que tienen todas, veo que se ha formado una especie de corro uniforme a mí alrededor. Miro con curiosidad a la gente que me rodea, miro interrogativamente a la gente que conozco, que comparte clases conmigo o con las que hablo a veces. Nadie hace ningún gesto, y de entre la multitud sale una chica. Tiene el cabello lacio y oscuro, es muy bonita, pero algo en su sonrisa malvada, hace que no me sienta del todo segura. Esta chica es la más popular del instituto, se llama Frankie Graham, me mira con desprecio y me espeta.
-¿A dónde crees que vas?
-Yo… Yo…
-¡Miren! ¡Pero si tenemos un bebé balbuceador! –se oyen múltiples risas, es más, todos los presentes, estallan en risas crueles, que la chica acalla con un gesto seco, hecho con la mano derecha.
-¿Sabes hablar, “querida”, o quieres que te arranquemos las palabras con pinzas? –dice en un tono burlón, parece estar pasándoselo de miedo. Me siento horrible, yo no hice nada, no entiendo porque me vinieron a molestar. A lo lejos, en el fondo del grupo veo a Johanna, la única que podría considerarse mi amiga, cuando la miro suplicante aparta la mirada.
-Eh… Yo… -sigo sin saber que decir, y se oyen de nuevo esas horribles risas, ella se acerca y siento miedo, entonces, coge mi mochila y la estampa en el suelo. Más risas, que me traspasan cada milímetro de la piel como si millones de cuchillos se clavaran en mi cuerpo. Noto las lágrimas en mis ojos, pero las retengo. La chica me ve con los ojos cristalizados y ríe estridentemente.
-¡Oh! ¡Pero no llores “querida”! –todos ríen mas fuerte, y vuelvo a mirar suplicante en dirección a Johanna, pero me arrepiento de haberlo hecho, ella, ahora está riendo tan divertida como los demás. –Nadie acudirá en tu ayuda. –susurra malvadamente, antes de empujarme al suelo. Me doy fuertemente en la dura superficie y siento todavía más dolor, un dolor físico que no es comparable al otro dolor que siento dentro de mí.
-¡Ahora sí, tienes motivos para llorar! ¡Eres patética! –dice entre risas, veo como lágrimas de tanto reír amenazan por salir de sus perfectos y frívolos ojos marrones. Todos vuelven a reír, y lo ultimo que recuerdo es salir corriendo con la mochila rota entre los brazos, y la sensación de humedad que sentía en las mejillas, en el cuello, en el pecho y en un costado de la cabeza, que me sangraba después de haber chocado con una taquilla, al empujarme en mi huida.
Fin del flashback
Mientras me abrazo las piernas con los brazos, y lloro sin control, y totalmente desconsolada. Oigo la voz de otra chica, hablándome.
-¿Emmeline? –miro, y veo a Anna, una chica que también padece bipolaridad. Siempre ha sido de mi agrado. -¿Por qué lloras?
Me seco las lágrimas con el dorso de la mano tembloroso y le sonrío con dulzura.
-No… no es nada… -ella me mira con curiosidad, y dice.
-Bueno… EL Dr. Cowell nos llama. Tenemos que asistir a una reunión todos.-asiento y me levanto, noto que las rodillas no quieren soportar mi peso y ceden un poco bajo mi peso. Aun así, sigo a la bella Anna por inobrables pasillos hasta una puerta. Entramos y nos sentamos en donde podemos. Al cabo de poco tiempo, cuando estamos todos, me fijo en quien se ha sentado a mi lado, o yo me e sentado a su lado, no lo recuerdo. Es una chica también guapa llamada Destiny, también me parece agradable. Ella al notar mi mirada sobre ella me mira y yo le sonrío, antes de volver a dirigir la mirada al hombre. Que anuncia.
—Chicos, tengo el agrado de decirles que hoy se les unirá un nuevo compañero. Su nombre es Zayn Malik, se acaba de internar hoy así que sean amables.
Un chico de cabellos y ojos morenos, sonríe. No me parece que esté demasiado enfermo, y si lo está, nadie lo diría. Tiene una muy bonita sonrisa, noto que no para de dirigir la mirada a Charlotte, la mayor, la narcisista que nos mira con superioridad, pero que en realidad está quebrada, no la pequeña y dulce a la que le gustan las mariposas.
Eilsel, es la primera en hablarle. Cuando la gente comienza a salir, yo les imito y salgo por la puerta, decidida a irme a cualquier parte. Cuando choco con una chica de cabellos claros y mirada de ojos azules, la chica se llama Dominique. Le sonrío avergonzada.
-Lo siento, no era mi intención. –ella le quita importancia al hecho yo le sonrío de nuevo y me voy siguiendo mi camino. Cuando estoy a punto de entrar a mi habitación, me fijo en una pensativa Marie que se dirige a su habitación, que es cercana a la mía. Me mira y yo entro a mi habitación. Que contiene una placa con mi nombre y mis tres enfermedades, antes de entrar siempre la miro para recordar porque estoy aquí. Al entrar me siento en una silla cerca de la ventana y miro a fuera. Hace un hermoso día, pero no quiero salir, no sé por que… Noto que algo… Algo… Se me está escapando… Y no sé el que…
Abro los ojos asustada, ¡ya lo recuerdo! ¡Se me escapa la cordura! ¡Necesito curarme! Me levanto horrorizada y salgo corriendo al pasillo, en busca de Edward o de cualquier otro médico. Necesito que me ayuden, quiero recuperarme, estoy harta de estar loca.
En el camino me tropiezo con una doctora, que está hablando con otro médico. Son Niall y Regina.
-¡Ayúdenme por favor! –les pido. Ellos me miran extrañados.
-¿Qué ocurre Emmeline? –me pregunta la joven, con suavidad, noto como las lágrimas resbalan de nuevo por mis mejillas, estoy harta de estar loca, de estar mal, de llorar, de todo.
-¡Ayuda! ¡Me e vuelto loca! –dijo exasperada- Por favor… No quiero estarlo más… Quiero recuperarme… Quiero salir de aquí… -mis rodillas ceden, y caigo al suelo de rodillas, sin dejar de llorar. EL médico me ayudo a levantarme.
-Vamos Emmeline… Te pondrás bien… -noto como la vista se me emborrona, y siento que la razón se me va, entonces, lo último que escucho es la voz lejana del joven, llamándome- ¿Emmeline?
Me desvanezco y lo último que recuerdo son las risas de hace tantos años en ese instituto que tan malos recuerdos me trae…
Edward POV’s
El día comienza con un cleptómano y una chica narcisista que están en medio de una disputa. Daniel, se ve que le a robado algún objeto a Charlotte, y yo les e incitado a hablarlo en vez de recurrir a la violencia. Parece que sale bien, ya que, Daniel le devuelve su objeto a Charlotte pero no le pide disculpas.
—Hablaré con él para que se disculpe- sentencio, pero ella me lo impide y se va con su recuperada corona de flores hacia el jardín. Enarco una ceja, esta chica es a veces algo extraña incluso con su enfermedad.
No pienso más en eso y me voy a mi siguiente terapia, con Emmeline. Entro a la consulta y espero. Cuando se pasa la hora ya de más de cinco minutos me levanto, a veces se le olvida o evita las terapias. Pero se mas o menos donde encontrarla. Salgo de la habitación en su búsqueda, regristrando algunos pasillos, su habitación y al final, la encuentro en el jardín. Sonrío contento de haberla encontrado y me dirijo a ella, a lo lejos veo a las dos Charlotte’s, me alegra que la mayor sienta afecto por alguien, es un gran logro. Me siento al lado de la rubia, que mantenía sus ojos verdes cerrados, no se esperaba que nadie se siente junto a ella, se le nota enseguida, ya que, se sobresalta. Abre los ojos y me mira, nunca e podido negarme a mi mismo que es una chica realmente bonita, aunque ella no se aprecie demasiado, y cuando dijo demasiado, dijo nada.
-Emmeline… dijo con dulzura, y una sonrisa- hace diez minutos que comenzó tu sesión…
Se golpea la frente, seguramente, no entiende por que se le olvido. Yo la verdad no veo que sea un caso perdido, como alejan casi todos los demás médicos y enfermeras. Yo le veo una salvación a esta dulce chica.
-Venga, ven conmigo. –le ofrezco mi brazo que rechaza, comienzo a caminar y oigo sus ligeras pisadas sobre el suelo. En estos momentos, está depresiva. Es fácil saber en que estado se encuentra un paciente bipolar, lo difícil es tratarlo.
Entramos a la consulta, que minutos antes e abandonado, y ella se recuesta en el diván mientras yo cojo un cuaderno de notas y un bolígrafo. Comienzo con las preguntas rutinarias.
-¿Qué tal tu día, Emmeline?
-Tan fantástico como siempre. –Responde con ironía.
-Ya veo… -murmuro mientras escribo con rapidez sobre el papel. Anoto su estado, y el que sospecho que a tenido desde que se a levantado. Entonces veo que está absorta mirando por la ventana, y me salto las preguntas estándares, debido a la curiosidad. La verdad es que me extraña bastante verla sonreír, tiene una bonita sonrisa que normalmente oculta tras una mirada triste.- ¿En que piensas?
-En los pájaros –señala a una pequeña ave, color marrón claro y blanca. El pájaro canta, y ella sonríe, me alegro de encontrar algo que me habrá un poco más el camino hacia dentro de ella, me mira sonriente y dice en tono soñador.- me gustan mucho.
-¡Que bien! –dijo relamente contento y feliz de que a ella le guste algo, intento estirar un poco más la cuerda y le pregunto más, quiero saber más cosas que le pasen por la cabeza. –Esa es una muy buena señal. Así me gusta, y dime, ¿Qué más te gusta?
-Hmm… ¡Los helados de limón! EL limón ácido, el dulce no –me río y ella sonrie dulcemente, en realidad puede ser una chica muy alegre y divertida, solamente, lo malo es que normalmente está depresiva– la música, amo la música. Me gusta mucho los pájaros, por la razón de que son libres y cantan estupendamente. –no paro de escribir, estoy entusiasmado y le sonrío, alentándola a que siga.- también… ¡Las historias de amor! Las novelas y los cuentos, siempre me ha gustado, y cuando me cure, escribiré un libro. Ya lo verás. Y te lo voy a dedicar por haberme cuidado.
Me río con alegría, al final, encontramos su verdadera vocación oculta, bajo esa capa de tristeza que deja que la cubra.
-Eso es genial. Está muy bien que tengas expectativas así, entonces, ¿piensas que te vas a curar? –pregunto con un brillo en los ojos, yo ya sabia que se iba a curar, y si ella lo ve posible será mas fácil, se pone derecha en el diván.
-¡Pues claro! Me voy a recuperar y saldré de aquí dentro. –dice convencida, ahora sí que me siento verdaderamente feliz, tenía razón, se va a poner bien.
-¿Y cuando crees que será eso? ¿Tú crees que saldrás de aquí pronto? –me aventuró a preguntarle. Entonces, al mirarme veo que su sonrisa se a extinguido, y mis expectativas de que esté mejor capacitada para salir, se desvanecen.
-No… No voy a salir nunca de aquí… No me recuperaré… Es imposible… -me siento bastante mal, y dejo de sonreír, ella me evita la mirada.
-Bueno… No digas eso, no quiero oírte decir eso… No debes pensar así.. Saldrás de aquí, te vas a recuperar y escribirás… -dijo convencido, intentando transmitirle algo de mi positividad a ella.
-¡No! ¡No me mientas! –grita triste, comeinza a llorar, y siento como si mi corazón se rompiera en pedazos al ver como de sus ojos verdes, emanan lágrimas sin cesar, como dos grifos abiertos en el cuenta gotas incesante- ¡No quiero escuchar más mentiras! –exclama sin dejar de llorar, se cubre la cara con las manos.
-No te miento, Emmeline, te vas a poner buena… Lo sé… -dijo con voz dulce y suave, intentando que confíe en su recuperación, que confié en ella y entonces, me mira con frialdad.
-Eres el único que lo dices.
-¿Quién te dijo lo contrario? –estoy convencido de que nadie se lo dijera, aunque lo piensen.
-Nadie, pero por favor, estoy loca, no ciega, ni sorda ni tampoco soy tonta. –dice con rencor.
-Nadie te dijo que lo fueras…
-¡Me tratan como a tal! –Grita exasperada- ¡Como si no viera que eres el único médico en toda esta maldita institución que no me cree loca sin remedio! Y ahora, si me disculpas, no quiero oír más tonterías.
Se levanta y se va a la puerta, me pongo de pie y la llamo, intentando detenerla.
-¡Emmeline! –cierra la puerta de un sonoro golpe y no deja que termine la frase. Suspiro abatido y me dejo caer en mi silla. Me cubro la cara con las manos y pienso en que debo seguir creyendo que se va a recuperar, me necesita, y yo tengo la extraña necesidad de protegerla y ayudarla en todo. No puedo evitar sentir un cariño especial por ella.
Salgo a fuera, y me encuentro con Remington, un estudiante en practicas, muy capaz y que me cae muy bien.
-Hola. –saludo, el me mira y me sonríe.
-¡Hola! ¿Ya te enteraste?
-¿De que? –pregunto con curiosidad, mientras cierro mi cuaderno y lo guardo en la bata blanca que traigo puesta.
-Del nuevo paciente, Zayn Malik, se ve que es adicto al sexo. Ahora mismo le están presentando a los demás.
-¡Oh! No lo sabia, bueno, eso es genial, ¡así hará amigos! –el chico ríe.
-Sí, le ayudará a su rehabilitación.
-Eso seguro. –sonrio ligeramente triste por lo sucedido antes.
-Oye, ¿y ahora a quien te toca pasar lista? –suspiro.
-A Nicoletta… Ahora me dirigía a su habitación, pero ya sabes… Es complicado…
-Sí, te entiendo. Bueno, ¡suerte!
-Gracias. –nos despedimos y yo me voy en dirección a la habitación especial de la chica. Cuando estoy delante toco, y no obtengo respuesta, toco de nuevo y oigo a alguien bufar.
-Con permiso… -abro la –puerta y me deslizo dentro- Buenos días Nicoletta…
La joven, bonita también, me mira. Veo que está acunando su peluche, suspiro.
-¿Qué tal estas hoy?
-Bien. Los dos estamos bien. –dice con una sonrisa maternal, mirando al peluche, suspiro.
-Nicoletta… ¿Ya desayunaste hoy?
-No estoy demasiado segura, pero si le di de comer. Y ahora, ya puedes irte. –dice con frialdad.
-No puedo irme todavía, Nicoletta…
-Pues yo quiero que te largues. –dice sin levantar la mirada de su peluche.
-Nicoletta… Colabora un poco… Tienes que ponerte buena…
-No. Vete. Fuera. –me dice con una mirada que parece de fuego. Suspiro y me levanto.
-Volveré, y lo sabes. –ella bufa y yo salgo de su habitación. Esta chica no se deja ayudar, pero no me voy a rendir y haré que se recupere, cueste lo que cueste.
Mientras me encamino a la consulta me encuentro a Niall. Otro medico y amigo mio.
-Hola. –me saluda al verme, le sonrío.
-Hola.
-¿Vienes de ir a ver a Nicoletta? –le miro sorprendido.
-Sí, ¿Cómo lo sabes?
-Tienes cara de abatido. –dice con tranquilidad, sonrío y le dijo.
-Bueno, ya se recuperará. Estoy seguro. –le miro un momento y recuerdo lo sucedido esta mañana, y le explico lo de Daniel y Charlotte, se que le interesa, ya que, les trata como pacientes a los dos.
-Gracias, por decirme.
-De nada. Bueno, adiós.
-Adiós, hasta luego.
Me voy a mi despacho, hoy tengo un día de mucho papeleo. Me siento en mi escritorio y comienzo a rellenar las hojas.
Ya son mas de las seis de la tarde, y todavía no e terminado, en todo el día no e hecho más que papeleo. Cuando alguien toca a mi puerta y entra Regina.
-Edward, esto te interesará, es Emmeline… -me levanto algo asustado.
-¿Qué le ocurrió?
-Tú ven, te lo explico por el camino. –la sigo por pasillos mientras ella me cuenta, que Emmeline se cruzó en el camino de Niall y ella, muy asustada, pidiendo ayuda.
-Está más que claro, que tuvo un arrebato de cordura. –la cara se me ilumina, tan loca no esta.
-¿Y como está ahora ella?
-Se desmayó y Niall la llevo a su habitación, -me asusto un poco, pero deduzco que no está grave- él se tuvo que ir y ahora está Louis con ella.
-Bien… Bien… Gracias por decirme.
-No fue nada, yo también tengo que irme. Adiós y suerte.
-Adiós. –me voy rápidamente a la habitación numero 306, la habitación destinada a Emmeline. Entro y veo que Louis la está revisando.
-Hola, ¿Qué tal está? –el chico se gira a mirarme, con una sonrisa.
-Está bien, solo tuvo un desmayo, nada importante, no te preocupes.
-Gracias. Si quieres, me quedo yo con ella…
-¡Oh! ¡Claro, claro! –me sonríe y se dirige a la puerta, también me cae genial este chico- Cuídala bien.
Y después de dejar caer esa enigmática recomendación sale y cierra la puerta suavemente. Me siento al lado de su cama, en una silla. Que normalmente nadie ocupa. Siempre me a alegrado saber que tiene una ventana en su habitación, y ahora todavía mas que sé que le gustan los pájaros. Sonrío y miro como duerme. Parece un ángel, nadie diría que no está completamente cuerda. Y yo tengo la esperanza –le retiro un mechón de cabello rubio y ondulado de la frente- de que se pondrá bien… Todo el mundo tiene la oportunidad de recuperarse… Y ella, tiene todo el derecho del mundo… Suspiro y observo como la noche comienza a caer desde el horizonte, ya oscuro.
Estrés (leve) Depresión (profunda) Bipolaridad (grave)
“Capítulo 6: El principio de lo que puede ser una eternidad”
Emmeline POV’s
Me despierto y abro los ojos, miro a mi alrededor y recuerdo en que horrible sitio estoy. Sé que estoy en el St. Cowells por mi bien, pero detesto esto, me encantaría salir huyendo de aquí, no me gusta nada sentirme presa de ningún sitio y odio todo esto. La mayor parte de las veces estoy triste, solitaria y melancólica, y al cabo de un segundo, sin ningún sentido, soy de lo más feliz y veo el cielo abierto y sé que me curaré. Esos ratos tan felices, no duran demasiado y se desvanecen tan rápido como llegaron. Otras veces me siento estresada y tengo la necesidad de hacer mis tareas con rapidez y precisión, sin olvidarme nada. Los médicos dicen que tengo depresión, estrés y bipolaridad. Yo creo que, son unos inútiles que no me ayudan en nada, lo único que hago en las terapias es hablar sobre mis sentimientos, y de como me encuentro en ese momento, y de como me encontré a lo largo del día. Es una verdadera pérdida de tiempo. Yo me quiero curar, pero ellos parecen empeñados en que hablar, es la mejor medicina, yo opino que se están riendo de mí. Me levanto y pongo las plantas de los pies desnudos en el suelo, busco con la mirada las zapatillas y el alma se me cae a los pies al no encontrarlas. Me siento terriblemente desgraciada y suspiro reteniendo las lágrimas. Busco debajo de mi cama y encuentro las dichosas zapatillas asquerosas que se resistían en comparecer. Me las pongo con un bufido y voy a buscar mi bata blanca, para ponérmela encima del camisón color rosado que normalmente llevo, a no ser, que esté demasiado sucio, en ese caso me pongo el camisón morado. No tengo demasiadas ganas en cambiarme de ropa, a no ser que sea domingo, cuando viene mi familia, si es que aparece. A veces, me quedo sola, esperando a que lleguen, y no vienen en todo el día. El único que me hace compañía, en esos humillantes momentos, es Edward. Cada vez que no vienen, me siento triste y noto un rencor subiéndome por la garganta, y en cambio, cuando vienen al domingo siguiente o al otro, olvido el rencor y los recibo a los tres con una sonrisa. Sonrisa que no sé de donde saco.
Esta mañana no iré a desayunar, no me apetece, no tengo ganas de nada. Me voy al Jardín, el único lugar que me relaja un poco de todo este maldito lugar. Me siento en un banco, y dejo que la brisa me acaricie el cuerpo con sus frías caricias. Y cierro los ojos, adormeciéndome ligeramente, hasta que oigo dos voces, me giro y veo a las dos Charlotte’s. La mayor me da cierto miedo, es mejor mantenerse alejado de ella, he oído cosas… Que… Bueno… Pero a mi, no me parece tan mala, aunque si todos lo dicen, será por algo. La otra chica, es una niña que tiene aspecto muy dulce y parece buena chica. Me giro de nuevo, ignorando el resto del mundo y noto como alguien se sienta a mi lado, eso me sorprende, nunca nadie viene a estar conmigo, a nadie le caigo bien.
Miro y entiendo porque se sentó conmigo, es Edward, los médicos son los únicos que hablan conmigo, y Edward el que más.
-Emmeline… -me dice con dulzura, y una sonrisa- hace diez minutos que comenzó tu sesión…
Me golpeo la frente, sintiéndome estúpida, ¿Cómo se me ha podido olvidar? Supongo que tendrá que ver con eso de que no sé ni que hora es y tampoco estoy demasiado segura de que día es.
-Venga, ven conmigo. –me dice ofreciéndome su brazo. Que rechazo y le sigo, sin decir media palabra. No tengo ganas de hablar hoy, y ahora, tendré que pasarme los siguiente 50 minutos, con suerte, 45, hablando sobre mí y mis estúpidos y cambiantes sentimientos.
Caminamos por pasillos, hasta que entramos a una habitación. Nunca me fijo en los números, solamente, el de mi habitación. La número 306. Me recuesto en el diván de piel, color oscuro y el joven, coge un cuaderno de notas y un bolígrafo. Comienza con sus estúpidas preguntas.
-¿Qué tal tu día, Emmeline?
-Tan fantástico como siempre. –Respondo con ironía.
-Ya veo… -murmura mientras escribe con rapidez sobre la hoja blanca. Miro al otro lado, y veo a través de la ventana. Un pájaro se ha posado sobre la rama de un árbol cercano, sonrío, amo los pájaros, y les envidio a la vez, ellos sí son libres.- ¿En que piensas?
Me pregunta el médico con suavidad, seguramente, me habrá visto sonreír y le pareció raro.
-En los pájaros –señalo a la pequeña ave, color marrón claro y blanca. Al ver como abre su pico para entonar alguna nota, sonrío, irrevocablemente feliz, miro sonriente al joven de cabellos oscuros y hermosos ojos azules.- me gustan mucho.
-¡Que bien! –dice, parece feliz, aunque dudo que a él le interese demasiado como me siento, pero saber que estoy sola y que no le preocupo a nadie, por una extraña razón, ahora no me hace desdichada ni rompo en un llanto desconsolado como de costumbre. Me siento bien. –Esa es una muy buena señal. Así me gusta, y dime, ¿Qué más te gusta?
-Hmm… ¡Los helados de limón! EL limón ácido, el dulce no –él ríe y yo sonrió dulcemente, me siento un poco mejor al decir que me gusta, así que sigo. –la música, amo la música. Me gusta mucho los pájaros, por la razón de que son libres y cantan estupendamente. –Edward no para de escribir, parece entusiasmado y me sonríe, alentándome a que prosiga.- también… ¡Las historias de amor! Las novelas y los cuentos, siempre me ha gustado, y cuando me cure, escribiré un libro. Ya lo verás. Y te lo voy a dedicar por haberme cuidado.
El joven ríe con alegría.
-Eso es genial. Está muy bien que tengas expectativas así, entonces, ¿piensas que te vas a curar? –pregunta con un brillo en los ojos, que me enternece. Me pongo derecha en el diván, estar recostada no me gusta demasiado, me siento y entrelazo las piernas.
-¡Pues claro! Me voy a recuperar y saldré de aquí dentro. –entonces, miro a fuera y veo que ya no está mi pequeño amigo, y siento de nuevo, que me desmorono. Y recuerdo mis palabras y las siento estúpidas. Escucho la voz de Edward hablándome.
-¿Y cuando crees que será eso? ¿Tú crees que saldrás de aquí pronto? –le miro, miro el cuaderno de entre sus manos, ya tiene tres paginas escritas, tres pequeñas hojas rellenas de información con una letra pequeña e inteligible, la letra de “médico”.
-No… No voy a salir nunca de aquí… No me recuperaré… Es imposible… -entonces, veo como la sonrisa que le iluminaba las bonitas facciones de su cara, se desvanece y deja paso a una triste mirada que profundizan las pequeñas y poco profundas ojeras. Se le ve terriblemente decepcionado. Evito su mirada y vuelvo a recostarme.
-Bueno… No digas eso, no quiero oírte decir eso… No debes pensar así.. Saldrás de aquí, te vas a recuperar y escribirás…
-¡No! ¡No me mientas! –Grito desesperada en medio de un torrente de lágrimas que han comenzado a salir de mis verdes ojos- ¡No quiero escuchar más mentiras! –exclamo sin dejar de llorar. Me cubro la cara con las manos y las húmedas gotitas, resbalan por mis manos y mis mejillas, produciendo una desagradable sensación de estar mojada.
-No te miento, Emmeline, te vas a poner buena… Lo sé… -dice con suavidad y dulzura, sé que intenta darme ánimos, pero para mi solo me está engatusando. Le miro con la mirada algo borrosa, cuando le veo nítidamente le miro con desprecio y le dijo.
-Eres el único que lo dices.
-¿Quién te dijo lo contrario? –inquiere él.
-Nadie, pero por favor, estoy loca, no ciega, ni sorda ni tampoco soy tonta. –dijo con rencor.
-Nadie te dijo que lo fueras…
-¡Me tratan como a tal! –Grito exasperada- ¡Como si no viera que eres el único médico en toda esta maldita institución que no me cree loca sin remedio! Y ahora, si me disculpas, no quiero oír más tonterías.
Me levanto y me voy hacia la puerta, antes oigo como me llama.
-¡Emmeline! –no hago caso y cierro la puerta de un portazo. Me voy corriendo, muy enfadada por el pasillo, subo plantas, ignorando los comentarios de las enfermeras y los médicos. Entonces, veo a lo lejos a una saltarina chica, Sabrina una chica que normalmente habla sola, pero la admiro, ella es feliz, la esquivo y sigo por otro pasillo. Cuando me canso de correr, me acurruco en un rincón de un pasillo, no sé cual es ni me interesa. Entonces, me ataca la culpabilidad. Edward es el único que siente algo de afecto por mi aquí dentro, y yo, la e fastidiado y estoy mas sola que nunca, bueno, que nunca no. E estado en situaciones peores. Las lágrimas reaparecen, recordando todos los abusos en el colegio, y lo mal que me e comportado con la única persona de toda la faz de la tierra, que todavía mantiene la fe y la esperanza en mí. Fe y esperanzas que supongo que habrá perdido ya. Sin motivo aparente las imágenes de todo cuanto pasé en el colegio me vienen a la mente.
Flashback
Terminadas las clases, ya éramos libres y ese estado de libertad se había desencadenado hacia dos minutos o tres, al tocar el timbre. Ahora me encontraba recogiendo mis pertinencias de la taquilla, mientras estaba colocando los libros, bolígrafos, cuadernos y demás oigo unas risas y unos pasos acercándose. Mientras cierro la puertecilla metálica color crema, con el candado dorado que tienen todas, veo que se ha formado una especie de corro uniforme a mí alrededor. Miro con curiosidad a la gente que me rodea, miro interrogativamente a la gente que conozco, que comparte clases conmigo o con las que hablo a veces. Nadie hace ningún gesto, y de entre la multitud sale una chica. Tiene el cabello lacio y oscuro, es muy bonita, pero algo en su sonrisa malvada, hace que no me sienta del todo segura. Esta chica es la más popular del instituto, se llama Frankie Graham, me mira con desprecio y me espeta.
-¿A dónde crees que vas?
-Yo… Yo…
-¡Miren! ¡Pero si tenemos un bebé balbuceador! –se oyen múltiples risas, es más, todos los presentes, estallan en risas crueles, que la chica acalla con un gesto seco, hecho con la mano derecha.
-¿Sabes hablar, “querida”, o quieres que te arranquemos las palabras con pinzas? –dice en un tono burlón, parece estar pasándoselo de miedo. Me siento horrible, yo no hice nada, no entiendo porque me vinieron a molestar. A lo lejos, en el fondo del grupo veo a Johanna, la única que podría considerarse mi amiga, cuando la miro suplicante aparta la mirada.
-Eh… Yo… -sigo sin saber que decir, y se oyen de nuevo esas horribles risas, ella se acerca y siento miedo, entonces, coge mi mochila y la estampa en el suelo. Más risas, que me traspasan cada milímetro de la piel como si millones de cuchillos se clavaran en mi cuerpo. Noto las lágrimas en mis ojos, pero las retengo. La chica me ve con los ojos cristalizados y ríe estridentemente.
-¡Oh! ¡Pero no llores “querida”! –todos ríen mas fuerte, y vuelvo a mirar suplicante en dirección a Johanna, pero me arrepiento de haberlo hecho, ella, ahora está riendo tan divertida como los demás. –Nadie acudirá en tu ayuda. –susurra malvadamente, antes de empujarme al suelo. Me doy fuertemente en la dura superficie y siento todavía más dolor, un dolor físico que no es comparable al otro dolor que siento dentro de mí.
-¡Ahora sí, tienes motivos para llorar! ¡Eres patética! –dice entre risas, veo como lágrimas de tanto reír amenazan por salir de sus perfectos y frívolos ojos marrones. Todos vuelven a reír, y lo ultimo que recuerdo es salir corriendo con la mochila rota entre los brazos, y la sensación de humedad que sentía en las mejillas, en el cuello, en el pecho y en un costado de la cabeza, que me sangraba después de haber chocado con una taquilla, al empujarme en mi huida.
Fin del flashback
Mientras me abrazo las piernas con los brazos, y lloro sin control, y totalmente desconsolada. Oigo la voz de otra chica, hablándome.
-¿Emmeline? –miro, y veo a Anna, una chica que también padece bipolaridad. Siempre ha sido de mi agrado. -¿Por qué lloras?
Me seco las lágrimas con el dorso de la mano tembloroso y le sonrío con dulzura.
-No… no es nada… -ella me mira con curiosidad, y dice.
-Bueno… EL Dr. Cowell nos llama. Tenemos que asistir a una reunión todos.-asiento y me levanto, noto que las rodillas no quieren soportar mi peso y ceden un poco bajo mi peso. Aun así, sigo a la bella Anna por inobrables pasillos hasta una puerta. Entramos y nos sentamos en donde podemos. Al cabo de poco tiempo, cuando estamos todos, me fijo en quien se ha sentado a mi lado, o yo me e sentado a su lado, no lo recuerdo. Es una chica también guapa llamada Destiny, también me parece agradable. Ella al notar mi mirada sobre ella me mira y yo le sonrío, antes de volver a dirigir la mirada al hombre. Que anuncia.
—Chicos, tengo el agrado de decirles que hoy se les unirá un nuevo compañero. Su nombre es Zayn Malik, se acaba de internar hoy así que sean amables.
Un chico de cabellos y ojos morenos, sonríe. No me parece que esté demasiado enfermo, y si lo está, nadie lo diría. Tiene una muy bonita sonrisa, noto que no para de dirigir la mirada a Charlotte, la mayor, la narcisista que nos mira con superioridad, pero que en realidad está quebrada, no la pequeña y dulce a la que le gustan las mariposas.
Eilsel, es la primera en hablarle. Cuando la gente comienza a salir, yo les imito y salgo por la puerta, decidida a irme a cualquier parte. Cuando choco con una chica de cabellos claros y mirada de ojos azules, la chica se llama Dominique. Le sonrío avergonzada.
-Lo siento, no era mi intención. –ella le quita importancia al hecho yo le sonrío de nuevo y me voy siguiendo mi camino. Cuando estoy a punto de entrar a mi habitación, me fijo en una pensativa Marie que se dirige a su habitación, que es cercana a la mía. Me mira y yo entro a mi habitación. Que contiene una placa con mi nombre y mis tres enfermedades, antes de entrar siempre la miro para recordar porque estoy aquí. Al entrar me siento en una silla cerca de la ventana y miro a fuera. Hace un hermoso día, pero no quiero salir, no sé por que… Noto que algo… Algo… Se me está escapando… Y no sé el que…
Abro los ojos asustada, ¡ya lo recuerdo! ¡Se me escapa la cordura! ¡Necesito curarme! Me levanto horrorizada y salgo corriendo al pasillo, en busca de Edward o de cualquier otro médico. Necesito que me ayuden, quiero recuperarme, estoy harta de estar loca.
En el camino me tropiezo con una doctora, que está hablando con otro médico. Son Niall y Regina.
-¡Ayúdenme por favor! –les pido. Ellos me miran extrañados.
-¿Qué ocurre Emmeline? –me pregunta la joven, con suavidad, noto como las lágrimas resbalan de nuevo por mis mejillas, estoy harta de estar loca, de estar mal, de llorar, de todo.
-¡Ayuda! ¡Me e vuelto loca! –dijo exasperada- Por favor… No quiero estarlo más… Quiero recuperarme… Quiero salir de aquí… -mis rodillas ceden, y caigo al suelo de rodillas, sin dejar de llorar. EL médico me ayudo a levantarme.
-Vamos Emmeline… Te pondrás bien… -noto como la vista se me emborrona, y siento que la razón se me va, entonces, lo último que escucho es la voz lejana del joven, llamándome- ¿Emmeline?
Me desvanezco y lo último que recuerdo son las risas de hace tantos años en ese instituto que tan malos recuerdos me trae…
Edward POV’s
El día comienza con un cleptómano y una chica narcisista que están en medio de una disputa. Daniel, se ve que le a robado algún objeto a Charlotte, y yo les e incitado a hablarlo en vez de recurrir a la violencia. Parece que sale bien, ya que, Daniel le devuelve su objeto a Charlotte pero no le pide disculpas.
—Hablaré con él para que se disculpe- sentencio, pero ella me lo impide y se va con su recuperada corona de flores hacia el jardín. Enarco una ceja, esta chica es a veces algo extraña incluso con su enfermedad.
No pienso más en eso y me voy a mi siguiente terapia, con Emmeline. Entro a la consulta y espero. Cuando se pasa la hora ya de más de cinco minutos me levanto, a veces se le olvida o evita las terapias. Pero se mas o menos donde encontrarla. Salgo de la habitación en su búsqueda, regristrando algunos pasillos, su habitación y al final, la encuentro en el jardín. Sonrío contento de haberla encontrado y me dirijo a ella, a lo lejos veo a las dos Charlotte’s, me alegra que la mayor sienta afecto por alguien, es un gran logro. Me siento al lado de la rubia, que mantenía sus ojos verdes cerrados, no se esperaba que nadie se siente junto a ella, se le nota enseguida, ya que, se sobresalta. Abre los ojos y me mira, nunca e podido negarme a mi mismo que es una chica realmente bonita, aunque ella no se aprecie demasiado, y cuando dijo demasiado, dijo nada.
-Emmeline… dijo con dulzura, y una sonrisa- hace diez minutos que comenzó tu sesión…
Se golpea la frente, seguramente, no entiende por que se le olvido. Yo la verdad no veo que sea un caso perdido, como alejan casi todos los demás médicos y enfermeras. Yo le veo una salvación a esta dulce chica.
-Venga, ven conmigo. –le ofrezco mi brazo que rechaza, comienzo a caminar y oigo sus ligeras pisadas sobre el suelo. En estos momentos, está depresiva. Es fácil saber en que estado se encuentra un paciente bipolar, lo difícil es tratarlo.
Entramos a la consulta, que minutos antes e abandonado, y ella se recuesta en el diván mientras yo cojo un cuaderno de notas y un bolígrafo. Comienzo con las preguntas rutinarias.
-¿Qué tal tu día, Emmeline?
-Tan fantástico como siempre. –Responde con ironía.
-Ya veo… -murmuro mientras escribo con rapidez sobre el papel. Anoto su estado, y el que sospecho que a tenido desde que se a levantado. Entonces veo que está absorta mirando por la ventana, y me salto las preguntas estándares, debido a la curiosidad. La verdad es que me extraña bastante verla sonreír, tiene una bonita sonrisa que normalmente oculta tras una mirada triste.- ¿En que piensas?
-En los pájaros –señala a una pequeña ave, color marrón claro y blanca. El pájaro canta, y ella sonríe, me alegro de encontrar algo que me habrá un poco más el camino hacia dentro de ella, me mira sonriente y dice en tono soñador.- me gustan mucho.
-¡Que bien! –dijo relamente contento y feliz de que a ella le guste algo, intento estirar un poco más la cuerda y le pregunto más, quiero saber más cosas que le pasen por la cabeza. –Esa es una muy buena señal. Así me gusta, y dime, ¿Qué más te gusta?
-Hmm… ¡Los helados de limón! EL limón ácido, el dulce no –me río y ella sonrie dulcemente, en realidad puede ser una chica muy alegre y divertida, solamente, lo malo es que normalmente está depresiva– la música, amo la música. Me gusta mucho los pájaros, por la razón de que son libres y cantan estupendamente. –no paro de escribir, estoy entusiasmado y le sonrío, alentándola a que siga.- también… ¡Las historias de amor! Las novelas y los cuentos, siempre me ha gustado, y cuando me cure, escribiré un libro. Ya lo verás. Y te lo voy a dedicar por haberme cuidado.
Me río con alegría, al final, encontramos su verdadera vocación oculta, bajo esa capa de tristeza que deja que la cubra.
-Eso es genial. Está muy bien que tengas expectativas así, entonces, ¿piensas que te vas a curar? –pregunto con un brillo en los ojos, yo ya sabia que se iba a curar, y si ella lo ve posible será mas fácil, se pone derecha en el diván.
-¡Pues claro! Me voy a recuperar y saldré de aquí dentro. –dice convencida, ahora sí que me siento verdaderamente feliz, tenía razón, se va a poner bien.
-¿Y cuando crees que será eso? ¿Tú crees que saldrás de aquí pronto? –me aventuró a preguntarle. Entonces, al mirarme veo que su sonrisa se a extinguido, y mis expectativas de que esté mejor capacitada para salir, se desvanecen.
-No… No voy a salir nunca de aquí… No me recuperaré… Es imposible… -me siento bastante mal, y dejo de sonreír, ella me evita la mirada.
-Bueno… No digas eso, no quiero oírte decir eso… No debes pensar así.. Saldrás de aquí, te vas a recuperar y escribirás… -dijo convencido, intentando transmitirle algo de mi positividad a ella.
-¡No! ¡No me mientas! –grita triste, comeinza a llorar, y siento como si mi corazón se rompiera en pedazos al ver como de sus ojos verdes, emanan lágrimas sin cesar, como dos grifos abiertos en el cuenta gotas incesante- ¡No quiero escuchar más mentiras! –exclama sin dejar de llorar, se cubre la cara con las manos.
-No te miento, Emmeline, te vas a poner buena… Lo sé… -dijo con voz dulce y suave, intentando que confíe en su recuperación, que confié en ella y entonces, me mira con frialdad.
-Eres el único que lo dices.
-¿Quién te dijo lo contrario? –estoy convencido de que nadie se lo dijera, aunque lo piensen.
-Nadie, pero por favor, estoy loca, no ciega, ni sorda ni tampoco soy tonta. –dice con rencor.
-Nadie te dijo que lo fueras…
-¡Me tratan como a tal! –Grita exasperada- ¡Como si no viera que eres el único médico en toda esta maldita institución que no me cree loca sin remedio! Y ahora, si me disculpas, no quiero oír más tonterías.
Se levanta y se va a la puerta, me pongo de pie y la llamo, intentando detenerla.
-¡Emmeline! –cierra la puerta de un sonoro golpe y no deja que termine la frase. Suspiro abatido y me dejo caer en mi silla. Me cubro la cara con las manos y pienso en que debo seguir creyendo que se va a recuperar, me necesita, y yo tengo la extraña necesidad de protegerla y ayudarla en todo. No puedo evitar sentir un cariño especial por ella.
Salgo a fuera, y me encuentro con Remington, un estudiante en practicas, muy capaz y que me cae muy bien.
-Hola. –saludo, el me mira y me sonríe.
-¡Hola! ¿Ya te enteraste?
-¿De que? –pregunto con curiosidad, mientras cierro mi cuaderno y lo guardo en la bata blanca que traigo puesta.
-Del nuevo paciente, Zayn Malik, se ve que es adicto al sexo. Ahora mismo le están presentando a los demás.
-¡Oh! No lo sabia, bueno, eso es genial, ¡así hará amigos! –el chico ríe.
-Sí, le ayudará a su rehabilitación.
-Eso seguro. –sonrio ligeramente triste por lo sucedido antes.
-Oye, ¿y ahora a quien te toca pasar lista? –suspiro.
-A Nicoletta… Ahora me dirigía a su habitación, pero ya sabes… Es complicado…
-Sí, te entiendo. Bueno, ¡suerte!
-Gracias. –nos despedimos y yo me voy en dirección a la habitación especial de la chica. Cuando estoy delante toco, y no obtengo respuesta, toco de nuevo y oigo a alguien bufar.
-Con permiso… -abro la –puerta y me deslizo dentro- Buenos días Nicoletta…
La joven, bonita también, me mira. Veo que está acunando su peluche, suspiro.
-¿Qué tal estas hoy?
-Bien. Los dos estamos bien. –dice con una sonrisa maternal, mirando al peluche, suspiro.
-Nicoletta… ¿Ya desayunaste hoy?
-No estoy demasiado segura, pero si le di de comer. Y ahora, ya puedes irte. –dice con frialdad.
-No puedo irme todavía, Nicoletta…
-Pues yo quiero que te largues. –dice sin levantar la mirada de su peluche.
-Nicoletta… Colabora un poco… Tienes que ponerte buena…
-No. Vete. Fuera. –me dice con una mirada que parece de fuego. Suspiro y me levanto.
-Volveré, y lo sabes. –ella bufa y yo salgo de su habitación. Esta chica no se deja ayudar, pero no me voy a rendir y haré que se recupere, cueste lo que cueste.
Mientras me encamino a la consulta me encuentro a Niall. Otro medico y amigo mio.
-Hola. –me saluda al verme, le sonrío.
-Hola.
-¿Vienes de ir a ver a Nicoletta? –le miro sorprendido.
-Sí, ¿Cómo lo sabes?
-Tienes cara de abatido. –dice con tranquilidad, sonrío y le dijo.
-Bueno, ya se recuperará. Estoy seguro. –le miro un momento y recuerdo lo sucedido esta mañana, y le explico lo de Daniel y Charlotte, se que le interesa, ya que, les trata como pacientes a los dos.
-Gracias, por decirme.
-De nada. Bueno, adiós.
-Adiós, hasta luego.
Me voy a mi despacho, hoy tengo un día de mucho papeleo. Me siento en mi escritorio y comienzo a rellenar las hojas.
Ya son mas de las seis de la tarde, y todavía no e terminado, en todo el día no e hecho más que papeleo. Cuando alguien toca a mi puerta y entra Regina.
-Edward, esto te interesará, es Emmeline… -me levanto algo asustado.
-¿Qué le ocurrió?
-Tú ven, te lo explico por el camino. –la sigo por pasillos mientras ella me cuenta, que Emmeline se cruzó en el camino de Niall y ella, muy asustada, pidiendo ayuda.
-Está más que claro, que tuvo un arrebato de cordura. –la cara se me ilumina, tan loca no esta.
-¿Y como está ahora ella?
-Se desmayó y Niall la llevo a su habitación, -me asusto un poco, pero deduzco que no está grave- él se tuvo que ir y ahora está Louis con ella.
-Bien… Bien… Gracias por decirme.
-No fue nada, yo también tengo que irme. Adiós y suerte.
-Adiós. –me voy rápidamente a la habitación numero 306, la habitación destinada a Emmeline. Entro y veo que Louis la está revisando.
-Hola, ¿Qué tal está? –el chico se gira a mirarme, con una sonrisa.
-Está bien, solo tuvo un desmayo, nada importante, no te preocupes.
-Gracias. Si quieres, me quedo yo con ella…
-¡Oh! ¡Claro, claro! –me sonríe y se dirige a la puerta, también me cae genial este chico- Cuídala bien.
Y después de dejar caer esa enigmática recomendación sale y cierra la puerta suavemente. Me siento al lado de su cama, en una silla. Que normalmente nadie ocupa. Siempre me a alegrado saber que tiene una ventana en su habitación, y ahora todavía mas que sé que le gustan los pájaros. Sonrío y miro como duerme. Parece un ángel, nadie diría que no está completamente cuerda. Y yo tengo la esperanza –le retiro un mechón de cabello rubio y ondulado de la frente- de que se pondrá bien… Todo el mundo tiene la oportunidad de recuperarse… Y ella, tiene todo el derecho del mundo… Suspiro y observo como la noche comienza a caer desde el horizonte, ya oscuro.



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