#REGINA.
NOMBRE COMPLETO: Regina Sound Field
OCUPACIÓN: Doctora, especialidad en bipolaridad
FICHA COMPLETA AQUÍ
Estaba caminando por St. Cowell, leyendo el expediente de una pacienta -Emmeline Bryanette ….estrés, depresión y bipolaridad – leía en mi planilla el caso de Emmeline. Pobre, ya casi nadie le ve esperanzas, solo Edward, yo y algunos otros. Yo creo que si se curara, es muy buena y es muy positiva -cuando no esta depresiva-
-Sus parientes vienen de vez en cuando…. – continúe leyendo -A veces recuerda los abusos que sufrió en el colegio…- trague en seco -Colegio…-pensé. Y los recuerdos vinieron a mi mente.
*5 de Mayo de 2002
Caminaba por los pasillos de la odiosa escuela. Normalmente no me notaban pero hoy toda la atención estaba en mi. La gente me veía y después se secreteaba con sus amigos, al parecer ya se habían enterado de lo que sucedió ayer. Tiré mis libros al suelo y empecé a correr por los pasillos. Entre al baño corriendo y con las lagrimas apunto de caer, en el instante que entre todas las que estaban ahí salieron corriendo. Las lágrimas cayeron, era seguro, ya todos lo sabían. Me sentía la persona más tonta el mundo,
- ¿Porque hice eso? - me preguntaba desconsolada. -Pero es que, yo solo ataque a la Miss Sophia porque… porque… - buscaba alguna excusa para consolarme. Estaba triste, pero de repente un enojo se apodero de mi, me odiaba. Me odiaba por haber echo eso, por ser tan fea, por ser yo, por existir, por todo. Me levante de la equina del baño.
-Soy una basura, no sirvo para nada- me repetía enojada, mientras caminaba hacia el gran espejo que había tras los lavabos.
Con el puño de mi mano, di varios golpes al vidrio del baño, haciendo que se rompiera en miles de pedazos muy filosos. Tome uno con cuidado y con una esquina, empecé a hacerme pequeñas cortadas en mi brazo izquierdo, una, dos, tres, cinco, diez. Entre mas me hacia mas grandes y mas profundas eran las cortadas. La sangre caía por mi brazo. Pero me empezaron a aburrir esas cortadas, quería algo más unas simples cicatrices. Así que tome el vidrio, apunte con la esquina mas filosa y puntiaguda hacia mi estomago, pensaba clavármelo, pero antes de que pudiera hacerme mas daño, la psicóloga entro por la puerta del baño, al parecer se había enterado que vine aquí y seguramente ya sospechaba que estaba loca después del incidente que tuve con la Miss Sophia, donde ataque a esa maestra por que mi lápiz se rompió, luego me puse a llorar sin consuelo y después casi la mato de nuevo.
En el momento en que vi a la maestra, gire mi cabeza hacía mi brazo que estaba prácticamente desangrándose y empecé a llorar, ahora me odiaba a mi misma aun más. Después me desmaye.
Desperté con un dolor de cabeza horrible, abrí los ojos de poco en poco y me di cuenta que estaba en mi habitación. Mire mi brazo con la esperanza de que todo había sido un sueño y que apenas me levantaría para ir a la escuela. Mi brazo estaba vendado, lentamente empecé a quitar la venda y vi todas y cada una de las cortadas que me había echo. Cuando las vi, un grito salió de mi boca.
Mi mama entro a mi cuarto corriendo, sus ojos estaban rojos e hinchados al parecer de tanto llorar. Cuando vio que me había quitado la venda se acercó a mi y me la puso de nuevo.
-Hola mi amor, que bueno que ya despertaste-dijo con el tono de alegría y la sonrisa mas fingida en todo el mundo. Estaba a punto de preguntar que había sucedido, aunque sabía perfectamente lo que paso. Pero antes de que pudiera preguntar entro la psicóloga de la escuela, junto con otra señora. La señora se presento, se llamaba Melanie y era doctora. Me hicieron unas cuantas preguntas sobre lo de la maestra, lo ocurrido en el baño y mi actitud Al final me dijeron algo que no me hubiera gustado escuchar, era bipolar.
Después de eso deje de ir a clases en esa escuela, me metieron a una escuela “especial” con mas personas de mi clase, llamada Jergens. Ahí me explicaban sobre mi enfermedad, me enseñaban a controlarla y también me daban clases normales para no atrasarme, al final del día mi mama pasaba por mi y me llevaba a casa. Pasaron los años y me dejaron ir, obviamente no estaba completamente curada, porque la bipolaridad nunca se cura, pero era controlable mientras me tomara un medicamento. Cuando salí de la escuela, ya estaba lista para entrar a la universidad. Ya sabía que quería estudiar, quería ser doctora y ayudar a las personas que tenían mi misma enfermedad.
*
No me gustaba recordar eso, pero ¿Cómo quería olvidarme de eso, si estaba en un internado para gente con problemas y trataba pacientes todo el tiempo? Definitivamente nunca lo olvidaría.
Después de terminar de leer el expediente de Emmeline, revise mi horario.
- Nada hasta las nueve de la noche-pensé y después vi mi reloj que marcaba las siete cuarenta y cinco. ¿Qué iba a hacer todo este tiempo?
–Regina, Regina- dijo alguien detrás de mi. Gire y pude ver que era el Doctor William. –¿Tienes algo en tu horario ahora?-dijo como si me leyera la mente.
-No, ¿Por qué?-
-¡Que bueno!-dijo feliz- Es que a Eilsel le dio como… un “ataque” ¿Me podrías acompañar a verla?-
-Si claro-
-Genial, entonces vamos-William empezó a caminar y yo lo seguí. Llegamos a la oficina del doctor Joe. Tocamos antes de entrar y un “pase” se escucho del otro lado de la puerta. William se quedo en la puerta y se despidió de mi, pues tenía que ir.
- Regina- dijo sonriente –Que bueno que llegas, es que tengo un problemita con Eilsel-dijo Joe. Eilsel estaba en una orilla hablando sola y él estaba frente a ella.
-¿Qué sucedío?- pregunte.
-Estaba dándole terapia, cuando ella empezó a platicar con “Reslie”, “Reslie” le dijo que se fuera de la terapia, pero Eilsel no quería y empezaron a pelear- dijo –Ya intente todo para que dejen de “pelear” pero no me hace caso- dijo frustrado.
-Mmmm…Voy a intentar-dije acercándome lentamente a la esquina donde estaba Eilsel.
-Hola Eilsel-dije, estaba incada enfrente de ella. Eilsel ni se percato que estaba allí y siguió hablando con “Reslie”. Después de varios intentos fallidos de que me hiciera caso, me levante de donde estaba y fui con Joe.
-¿Ya le dijiste a Remington? Eilsel se lleva muy bien con el-dije al ver mi fracaso en ayudarla. Joe negó con la cabeza y una sonrisa triunfante apareció en su rostro. –Voy por el, quédate aquí-dijo, yo asentí y después el desapareció por la puerta. Vi mi reloj que marcaba las ocho cuarenta y cinco, en quince minutos tengo que estar de guardia en la sección roja. Volví mi mirada a Eilsel, que seguía igual a como estaba cuando llegue. Me acerque de nuevo y me senté alado de ella.
-Eilsel-dije tratando de llamar su atención, pero nada. –Eilsel-repetí. Y otra vez nada, seguía “peleando” con “Reslie”. Intente un par de veces mas sin obtener éxito, después entro Joe con Remington. Me pare de donde estaba. Revise mi reloj, ocho cincuenta y ocho, tendría que apurarme si quería llegar a tiempo. Me acerque a Joe y a Remington.
-No eh podido, sigue “peleando”-les dije a ambos. Tome mi planilla que había dejado encima de una mesita, me despedí y me fui.
Fui corriendo a los pasillos donde se encontraban los cuartos de los pacientes. Me toca hacer guardia en la zona roja hasta las doce, es decir tengo que estar cuidando a los pacientes hasta que acabe mi turno.
Dieron las doce de la noche y otro doctor vino a tomar mi lugar. Sal, me subí a mi Mercedes y fuí rumbo a mi departamento. Fui a mi habitación y me quede dormida
Sonó mi despertador, me levante, me bañe, me vestí y salí de mi departamento. Cuando llegue encontré a Louis que también venía llegado a St.Cowell.
-Hola Regina- dijo saludándome con un beso en la mejilla. Como era la única chica en el personal de St. Cowell -bueno no la única, también estaban las secretarias, pero ellas ya eran una viejitas amargadas- me llevaba con puros hombres doctores, enfermeros y bueno los pacientes y pacientas.
-Hola Louis- dije sonriente -¿Hoy a quien vas a tratar?- pregunte mientras me ponía mi bata blanca de doctora. El trato de hacer memoria, no recordaba bien a quien le tocaba tratar aunque ya llevaba tiempo aquí y el horario era el mismo todas las semanas, solo cambiaban cuando le pedíamos a alguien en especial que viniera a nuestra oficina o algo similar.
-Mmmm…. Creo que a Emmeline y a Lilian- dijo dudoso -¿A ti?-
- A Quinn y Charlotte, claro si se dejan tratar- Louis río ante mi comentario. Quinn y Charlotte eran de las pecientas mas “rebeldes”. Charlotee había mejorado mucho pero a veces se pone depresiva y es mas difícil así. Y bueno Quinn, rebelde hasta morir, a veces copera a veces no. -Y voy a darle una visita a Kelsey, ayer fui por ella para que comiera, pero me tuve que ir, entonces no se si vomito algo o no, así que hoy que tengo tiempo me fijare muy bien de que no vomite nada-
-Muy bien, bueno me despido, yo voy para acá- dijo señalando un pasillo hacia la izquierda, para luego dar la vuelta. Louis era con el que mas me llevaba de todos, soy mas grande que el, pero es muy gracioso y me caí muy bien.
Mientras caminaba hacia mi oficina pase alado de la del Dr .Joseph, al rato le voy a preguntar que paso con Eilsel. No, mejor le pregunto a Remington, porque Joe es algo raro, es bueno, amable y a la vez muy distante. De echo creo que eh hablado mas con el Dr.Cowell que con el. La única explicación es que es muy dedicado a su trabajo y no tenga ni tiempo para hablarme o simplemente le caigo mal. Ayer fue la primera vez -sin contar cuando llegue a St.Cowell- que hablo con el más de un “hola” y un “adiós”. A veces hablamos cuando me tiene que decir algo personalmente, si no prefiere mandar a alguien a que me lo diga.
Entre a mi oficina y empecé a arreglar algunas cosas en lo que Quinn llega a su terapia de hoy.
#JOE
NOMBRE COMPLETO:Joseph Jonas
OCUPACIÓN: Doctor, especialista en bipolaridad
FICHA COMPLETA AQUÍ
*Enero 7, 2010
-Tiene que estar cien por ciento comprometido con su trabajo, nada de juegos, ni bromas. Aquí lo mas importante son los pacientes, ellos pagan para que los ayudemos, si veo que hay algún problema lo correré de inmediato- dijo el Dr. Cowell, yo asentí.
-No puedes tener relaciones sentimentales, ni con pacientes, ni con personal de St.Cowell-continuo Simon con las reglas, yo volví a asentir –No quiero que haya problemas después, señor Joseph- dijo mirándome seriamente a los ojos.
-No para nada señor- conteste, ese día yo estaba muy nervioso. Era nuevo y no conocía a Simon. El se veía tan serio y daba tanto miedo, que hasta pensé salir corriendo. Y lo hubiera echo, en ese momento no sabia que esta ultima regla me traería tantos problemas.
-Bienvenido a St.Cowell, usted es un gran medico, que bueno que trabaje con nosotros-
-Gracias-
-Bueno, esta es la llave de su consultorio -dijo entregándomela- ya sabe las reglas y donde esta, trabaje bien-
-Si claro señor-dije para después salir de su oficina. St.Cowell se veía un lugar muy bueno para trabajar. Tenia un ambiente tranquilo y el personal no se veían malas personas –hablo de los médicos y enfermeros- pues las secretarias se veían tan… no se como, simplemente daban miedo.
*
Como mencione antes, las reglas no me molestaron –los primeros años- Soy una persona muy seria y comprometida con su trabajo, aparte de que no venía a buscar novia, venia por un buen empleo -en ese momento, claro- Pues con el paso del tiempo, me di cuenta que aunque St.Cowell es un gran lugar para trabajar, yo ya no tengo nada de vida social, me dedico en cuerpo y alma a los pacientes y bueno eso no me molestaba tanto, hasta que ella llego. Con una sonrisa hermosa, unos ojos preciosos, personalidad única, ella era perfecta. Llego 2 años después de que yo había llegado a St.Cowell. Llego para ser la primera doctora en todo St.Cowell. Creo que fui en único que se dio cuenta de eso, -al parecer porque la mayoría si se tomo enserio esa regla de “No pueden tener relaciones sentimentales, ni con pacientes, ni con personal de St.Cowell”- por que la tratan como uno mas.
Cuando llego, yo quise ser su amigo. Me presente amablemente y trate de hacerle platica, pero eso solo funciono para quedar mas enamorado de ella, por que aparte de ser hermosa, tiene una gran personalidad. Paso el tiempo y me di cuenta que ella era una gran chica, cada día me enamoraba mas. Pensé seriamente en salirme de St.Cowell e ir a trabajar a otro lugar, no soportaría verla todos los días y saber que nunca seremos más que amigos. Pero cuando estaba planeando todo -buscar otro empleo, mi renuncia, etc- me di cuenta que tampoco podría vivir sin ella, tal vez nunca seamos mas que amigos, pero por lo menos la veré todos los días que ella trabaje aquí. Así que me quede en St.Cowell. Traté de ser su amigo, pero no pude; así que preferí ser solamente un compañero de trabajo. Algunos piensan que soy muy cortante cuando le hablo, pero si platico mucho con ella, estoy seguro que algún día no me aguantare las ganas de decirle que siento algo.
Hoy no tenía mucho que hacer, un par de consultas y ya. Me levante, me arregle, salí de mi departamento, me subí a mi auto y fui a St.Cowell. Trate a algunos pacientes, hasta que todos tuvieron que ir al taller recreativo, donde los esperaba el Dr.Cowell. Arregle algunas cosas, trate a mas pacientes y por fin llego la hora del ultimo paciente.
-Eilsel Leandra Avlis…-leí mi horario. -Mmmm… Eilsel es una gran chica, cuando no esta hablando con “los demonios” –es decir, casi nunca- La eh tratado de ayudar, pero no mejora mucho- pensé, recordando las últimas terapias.
-Hola doctor Joseph-dijo Eilsel abriendo la puerta-Vine a mi consulta de hoy- dijo sonriente. –Perfecto-pensé –Viene con ganas de trabajar-
-Hola Eilsel- dije devolviéndole la sonrisa-¿Cómo estas hoy?-pregunte haciéndole un ademán para que se sentara en el sillón.
-Muy bien-
-Que bueno-dije buscando mi libreta para apuntar lo que Eilsel me dijera hoy.
NOMBRE COMPLETO: Regina Sound Field
OCUPACIÓN: Doctora, especialidad en bipolaridad
FICHA COMPLETA AQUÍ
Estaba caminando por St. Cowell, leyendo el expediente de una pacienta -Emmeline Bryanette ….estrés, depresión y bipolaridad – leía en mi planilla el caso de Emmeline. Pobre, ya casi nadie le ve esperanzas, solo Edward, yo y algunos otros. Yo creo que si se curara, es muy buena y es muy positiva -cuando no esta depresiva-
-Sus parientes vienen de vez en cuando…. – continúe leyendo -A veces recuerda los abusos que sufrió en el colegio…- trague en seco -Colegio…-pensé. Y los recuerdos vinieron a mi mente.
*5 de Mayo de 2002
Caminaba por los pasillos de la odiosa escuela. Normalmente no me notaban pero hoy toda la atención estaba en mi. La gente me veía y después se secreteaba con sus amigos, al parecer ya se habían enterado de lo que sucedió ayer. Tiré mis libros al suelo y empecé a correr por los pasillos. Entre al baño corriendo y con las lagrimas apunto de caer, en el instante que entre todas las que estaban ahí salieron corriendo. Las lágrimas cayeron, era seguro, ya todos lo sabían. Me sentía la persona más tonta el mundo,
- ¿Porque hice eso? - me preguntaba desconsolada. -Pero es que, yo solo ataque a la Miss Sophia porque… porque… - buscaba alguna excusa para consolarme. Estaba triste, pero de repente un enojo se apodero de mi, me odiaba. Me odiaba por haber echo eso, por ser tan fea, por ser yo, por existir, por todo. Me levante de la equina del baño.
-Soy una basura, no sirvo para nada- me repetía enojada, mientras caminaba hacia el gran espejo que había tras los lavabos.
Con el puño de mi mano, di varios golpes al vidrio del baño, haciendo que se rompiera en miles de pedazos muy filosos. Tome uno con cuidado y con una esquina, empecé a hacerme pequeñas cortadas en mi brazo izquierdo, una, dos, tres, cinco, diez. Entre mas me hacia mas grandes y mas profundas eran las cortadas. La sangre caía por mi brazo. Pero me empezaron a aburrir esas cortadas, quería algo más unas simples cicatrices. Así que tome el vidrio, apunte con la esquina mas filosa y puntiaguda hacia mi estomago, pensaba clavármelo, pero antes de que pudiera hacerme mas daño, la psicóloga entro por la puerta del baño, al parecer se había enterado que vine aquí y seguramente ya sospechaba que estaba loca después del incidente que tuve con la Miss Sophia, donde ataque a esa maestra por que mi lápiz se rompió, luego me puse a llorar sin consuelo y después casi la mato de nuevo.
En el momento en que vi a la maestra, gire mi cabeza hacía mi brazo que estaba prácticamente desangrándose y empecé a llorar, ahora me odiaba a mi misma aun más. Después me desmaye.
Desperté con un dolor de cabeza horrible, abrí los ojos de poco en poco y me di cuenta que estaba en mi habitación. Mire mi brazo con la esperanza de que todo había sido un sueño y que apenas me levantaría para ir a la escuela. Mi brazo estaba vendado, lentamente empecé a quitar la venda y vi todas y cada una de las cortadas que me había echo. Cuando las vi, un grito salió de mi boca.
Mi mama entro a mi cuarto corriendo, sus ojos estaban rojos e hinchados al parecer de tanto llorar. Cuando vio que me había quitado la venda se acercó a mi y me la puso de nuevo.
-Hola mi amor, que bueno que ya despertaste-dijo con el tono de alegría y la sonrisa mas fingida en todo el mundo. Estaba a punto de preguntar que había sucedido, aunque sabía perfectamente lo que paso. Pero antes de que pudiera preguntar entro la psicóloga de la escuela, junto con otra señora. La señora se presento, se llamaba Melanie y era doctora. Me hicieron unas cuantas preguntas sobre lo de la maestra, lo ocurrido en el baño y mi actitud Al final me dijeron algo que no me hubiera gustado escuchar, era bipolar.
Después de eso deje de ir a clases en esa escuela, me metieron a una escuela “especial” con mas personas de mi clase, llamada Jergens. Ahí me explicaban sobre mi enfermedad, me enseñaban a controlarla y también me daban clases normales para no atrasarme, al final del día mi mama pasaba por mi y me llevaba a casa. Pasaron los años y me dejaron ir, obviamente no estaba completamente curada, porque la bipolaridad nunca se cura, pero era controlable mientras me tomara un medicamento. Cuando salí de la escuela, ya estaba lista para entrar a la universidad. Ya sabía que quería estudiar, quería ser doctora y ayudar a las personas que tenían mi misma enfermedad.
*
No me gustaba recordar eso, pero ¿Cómo quería olvidarme de eso, si estaba en un internado para gente con problemas y trataba pacientes todo el tiempo? Definitivamente nunca lo olvidaría.
Después de terminar de leer el expediente de Emmeline, revise mi horario.
- Nada hasta las nueve de la noche-pensé y después vi mi reloj que marcaba las siete cuarenta y cinco. ¿Qué iba a hacer todo este tiempo?
–Regina, Regina- dijo alguien detrás de mi. Gire y pude ver que era el Doctor William. –¿Tienes algo en tu horario ahora?-dijo como si me leyera la mente.
-No, ¿Por qué?-
-¡Que bueno!-dijo feliz- Es que a Eilsel le dio como… un “ataque” ¿Me podrías acompañar a verla?-
-Si claro-
-Genial, entonces vamos-William empezó a caminar y yo lo seguí. Llegamos a la oficina del doctor Joe. Tocamos antes de entrar y un “pase” se escucho del otro lado de la puerta. William se quedo en la puerta y se despidió de mi, pues tenía que ir.
- Regina- dijo sonriente –Que bueno que llegas, es que tengo un problemita con Eilsel-dijo Joe. Eilsel estaba en una orilla hablando sola y él estaba frente a ella.
-¿Qué sucedío?- pregunte.
-Estaba dándole terapia, cuando ella empezó a platicar con “Reslie”, “Reslie” le dijo que se fuera de la terapia, pero Eilsel no quería y empezaron a pelear- dijo –Ya intente todo para que dejen de “pelear” pero no me hace caso- dijo frustrado.
-Mmmm…Voy a intentar-dije acercándome lentamente a la esquina donde estaba Eilsel.
-Hola Eilsel-dije, estaba incada enfrente de ella. Eilsel ni se percato que estaba allí y siguió hablando con “Reslie”. Después de varios intentos fallidos de que me hiciera caso, me levante de donde estaba y fui con Joe.
-¿Ya le dijiste a Remington? Eilsel se lleva muy bien con el-dije al ver mi fracaso en ayudarla. Joe negó con la cabeza y una sonrisa triunfante apareció en su rostro. –Voy por el, quédate aquí-dijo, yo asentí y después el desapareció por la puerta. Vi mi reloj que marcaba las ocho cuarenta y cinco, en quince minutos tengo que estar de guardia en la sección roja. Volví mi mirada a Eilsel, que seguía igual a como estaba cuando llegue. Me acerque de nuevo y me senté alado de ella.
-Eilsel-dije tratando de llamar su atención, pero nada. –Eilsel-repetí. Y otra vez nada, seguía “peleando” con “Reslie”. Intente un par de veces mas sin obtener éxito, después entro Joe con Remington. Me pare de donde estaba. Revise mi reloj, ocho cincuenta y ocho, tendría que apurarme si quería llegar a tiempo. Me acerque a Joe y a Remington.
-No eh podido, sigue “peleando”-les dije a ambos. Tome mi planilla que había dejado encima de una mesita, me despedí y me fui.
Fui corriendo a los pasillos donde se encontraban los cuartos de los pacientes. Me toca hacer guardia en la zona roja hasta las doce, es decir tengo que estar cuidando a los pacientes hasta que acabe mi turno.
Dieron las doce de la noche y otro doctor vino a tomar mi lugar. Sal, me subí a mi Mercedes y fuí rumbo a mi departamento. Fui a mi habitación y me quede dormida
Sonó mi despertador, me levante, me bañe, me vestí y salí de mi departamento. Cuando llegue encontré a Louis que también venía llegado a St.Cowell.
-Hola Regina- dijo saludándome con un beso en la mejilla. Como era la única chica en el personal de St. Cowell -bueno no la única, también estaban las secretarias, pero ellas ya eran una viejitas amargadas- me llevaba con puros hombres doctores, enfermeros y bueno los pacientes y pacientas.
-Hola Louis- dije sonriente -¿Hoy a quien vas a tratar?- pregunte mientras me ponía mi bata blanca de doctora. El trato de hacer memoria, no recordaba bien a quien le tocaba tratar aunque ya llevaba tiempo aquí y el horario era el mismo todas las semanas, solo cambiaban cuando le pedíamos a alguien en especial que viniera a nuestra oficina o algo similar.
-Mmmm…. Creo que a Emmeline y a Lilian- dijo dudoso -¿A ti?-
- A Quinn y Charlotte, claro si se dejan tratar- Louis río ante mi comentario. Quinn y Charlotte eran de las pecientas mas “rebeldes”. Charlotee había mejorado mucho pero a veces se pone depresiva y es mas difícil así. Y bueno Quinn, rebelde hasta morir, a veces copera a veces no. -Y voy a darle una visita a Kelsey, ayer fui por ella para que comiera, pero me tuve que ir, entonces no se si vomito algo o no, así que hoy que tengo tiempo me fijare muy bien de que no vomite nada-
-Muy bien, bueno me despido, yo voy para acá- dijo señalando un pasillo hacia la izquierda, para luego dar la vuelta. Louis era con el que mas me llevaba de todos, soy mas grande que el, pero es muy gracioso y me caí muy bien.
Mientras caminaba hacia mi oficina pase alado de la del Dr .Joseph, al rato le voy a preguntar que paso con Eilsel. No, mejor le pregunto a Remington, porque Joe es algo raro, es bueno, amable y a la vez muy distante. De echo creo que eh hablado mas con el Dr.Cowell que con el. La única explicación es que es muy dedicado a su trabajo y no tenga ni tiempo para hablarme o simplemente le caigo mal. Ayer fue la primera vez -sin contar cuando llegue a St.Cowell- que hablo con el más de un “hola” y un “adiós”. A veces hablamos cuando me tiene que decir algo personalmente, si no prefiere mandar a alguien a que me lo diga.
Entre a mi oficina y empecé a arreglar algunas cosas en lo que Quinn llega a su terapia de hoy.
#JOE
NOMBRE COMPLETO:Joseph Jonas
OCUPACIÓN: Doctor, especialista en bipolaridad
FICHA COMPLETA AQUÍ
*Enero 7, 2010
-Tiene que estar cien por ciento comprometido con su trabajo, nada de juegos, ni bromas. Aquí lo mas importante son los pacientes, ellos pagan para que los ayudemos, si veo que hay algún problema lo correré de inmediato- dijo el Dr. Cowell, yo asentí.
-No puedes tener relaciones sentimentales, ni con pacientes, ni con personal de St.Cowell-continuo Simon con las reglas, yo volví a asentir –No quiero que haya problemas después, señor Joseph- dijo mirándome seriamente a los ojos.
-No para nada señor- conteste, ese día yo estaba muy nervioso. Era nuevo y no conocía a Simon. El se veía tan serio y daba tanto miedo, que hasta pensé salir corriendo. Y lo hubiera echo, en ese momento no sabia que esta ultima regla me traería tantos problemas.
-Bienvenido a St.Cowell, usted es un gran medico, que bueno que trabaje con nosotros-
-Gracias-
-Bueno, esta es la llave de su consultorio -dijo entregándomela- ya sabe las reglas y donde esta, trabaje bien-
-Si claro señor-dije para después salir de su oficina. St.Cowell se veía un lugar muy bueno para trabajar. Tenia un ambiente tranquilo y el personal no se veían malas personas –hablo de los médicos y enfermeros- pues las secretarias se veían tan… no se como, simplemente daban miedo.
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Como mencione antes, las reglas no me molestaron –los primeros años- Soy una persona muy seria y comprometida con su trabajo, aparte de que no venía a buscar novia, venia por un buen empleo -en ese momento, claro- Pues con el paso del tiempo, me di cuenta que aunque St.Cowell es un gran lugar para trabajar, yo ya no tengo nada de vida social, me dedico en cuerpo y alma a los pacientes y bueno eso no me molestaba tanto, hasta que ella llego. Con una sonrisa hermosa, unos ojos preciosos, personalidad única, ella era perfecta. Llego 2 años después de que yo había llegado a St.Cowell. Llego para ser la primera doctora en todo St.Cowell. Creo que fui en único que se dio cuenta de eso, -al parecer porque la mayoría si se tomo enserio esa regla de “No pueden tener relaciones sentimentales, ni con pacientes, ni con personal de St.Cowell”- por que la tratan como uno mas.
Cuando llego, yo quise ser su amigo. Me presente amablemente y trate de hacerle platica, pero eso solo funciono para quedar mas enamorado de ella, por que aparte de ser hermosa, tiene una gran personalidad. Paso el tiempo y me di cuenta que ella era una gran chica, cada día me enamoraba mas. Pensé seriamente en salirme de St.Cowell e ir a trabajar a otro lugar, no soportaría verla todos los días y saber que nunca seremos más que amigos. Pero cuando estaba planeando todo -buscar otro empleo, mi renuncia, etc- me di cuenta que tampoco podría vivir sin ella, tal vez nunca seamos mas que amigos, pero por lo menos la veré todos los días que ella trabaje aquí. Así que me quede en St.Cowell. Traté de ser su amigo, pero no pude; así que preferí ser solamente un compañero de trabajo. Algunos piensan que soy muy cortante cuando le hablo, pero si platico mucho con ella, estoy seguro que algún día no me aguantare las ganas de decirle que siento algo.
Hoy no tenía mucho que hacer, un par de consultas y ya. Me levante, me arregle, salí de mi departamento, me subí a mi auto y fui a St.Cowell. Trate a algunos pacientes, hasta que todos tuvieron que ir al taller recreativo, donde los esperaba el Dr.Cowell. Arregle algunas cosas, trate a mas pacientes y por fin llego la hora del ultimo paciente.
-Eilsel Leandra Avlis…-leí mi horario. -Mmmm… Eilsel es una gran chica, cuando no esta hablando con “los demonios” –es decir, casi nunca- La eh tratado de ayudar, pero no mejora mucho- pensé, recordando las últimas terapias.
-Hola doctor Joseph-dijo Eilsel abriendo la puerta-Vine a mi consulta de hoy- dijo sonriente. –Perfecto-pensé –Viene con ganas de trabajar-
-Hola Eilsel- dije devolviéndole la sonrisa-¿Cómo estas hoy?-pregunte haciéndole un ademán para que se sentara en el sillón.
-Muy bien-
-Que bueno-dije buscando mi libreta para apuntar lo que Eilsel me dijera hoy.
La terapia iba excelente, podría decir que la mejor que hemos tenido. Eilsel estaba cooperando mucho y hasta ahorita no habíamos tenido aparición de sus tantas personalidades. Pero cuando todo parece perfecto, siempre sucede algo malo. No habían aparecido las personalidades de Eilsel. Hasta que apareció “Reslie” y empezaron a pelear. Por lo que puede ver, peleaban por que “Reslie” le decía a Eilsel que se fuera de la terapia, pero Eilsel no quería, así que se paro y empezó a aventar cosas, después se tiro en una esquina a seguir peleando. Trate de que dejara de “pelear”, pero no me hacia caso. Al escuchar el ruido y los gritos que Eilsel daba de vez en cuando, el Dr. William vino. Me trato de ayudar, pero al igual que yo no tuvo éxito. Así que William decidió ir a buscar a Regina para que nos ayudara. Después de un tiempo volvió con Regina y se fue. Ella trato de ayudar y después de varios intentos fallidos, se paro y dijo que llamará a Remington. Él era con el que mejor se llevaba Eilsel así que igual y podría ayudarme. Fui por el y Regina se quedo con Eilsel. Encontré a Remington, quien no dudo en ayudarme, el sentía mucha lastima por Eilsel y siempre que podía la ayudaba. Volví con Remington y Regina se tuvo que ir.
Remington se acercó a Eilsel y se sentó alado de ella.
_______________________________________Remington se acercó a Eilsel y se sentó alado de ella.
Un bello joven de ojos zafiro, cabellos negros y apariencia varonil, bajó de un lujoso Mercedes negro estacionado a un costado del St.Cowells. Habló con el guardia de la entrada, presentándose como el nuevo médico, informándole que tenía una reunión con Simon Cowell, el director del hospital. Amablemente, el guardia le dio las indicaciones para llegar a la oficina y, enseguida, dirigió sus pasos hacia el interior del recinto.
En su andar por los pasillos, las enfermeras y secretarias, más bien, las mujeres en general, se daban vuelta a mirarle con ojos maravillados, para luego, murmurar sobre él a sus espaldas. Su belleza extravagante, su buen porte y elegancia y, su fina caballerosidad las dejó literalmente locas.
El muchacho sonrió orgulloso de sí mismo, aumentando su ego a índices inimaginables, sintiéndose satisfecho por la impresión causada en las mujeres del lugar. Él a donde sea que fuese, arrasaba entre las féminas con su cautivante aire varonil y singular encanto; pero cuando te internabas en su mundo descubrías a un ser totalmente distinto. Cuando su careta caía, despertaba el monstruo frío y cruel que llevaba por dentro, por eso, aunque era un médico exitoso y renombrado, era un hombre solitario y de muy mal genio. Su nombre… William Stephenson, alias Will.
Tras subir por unas escaleras, llegó a la oficina del director del hospital. La secretaria al verle, se apresuró en comunicarle al director de su llegada, haciéndolo pasar de forma casi inmediata. El muchacho ingresó al despacho saludando cortésmente y, así tomó asiento frente al escritorio del hombre.
―¡Me alegra que haya decidido aceptar el trabajo, Señor Stephenson!
―Debo decir que lo pensé bastante, no podía rechazar vuestra invitación ni menos dejar la consulta a la deriva. Pero espero poder dividir mi tiempo en ambas cosas— explicó cruzándose de brazos.
―Recibí muchas recomendaciones sobre usted, así que espero lo mejor de su trabajo profesional. Voy necesitar que ponga mucho entusiasmo a esto. Le advierto que los casos que deseo que vea no son para nada sencillos y, hay un caso en especial que quiero que revise. Ya no sé a quien más recurrir. — El moreno miró con interés al hombre, prestándole su total atención—. He contratado a tantos psiquiatras para que ayuden a este paciente y todo ha sido en vano; usted es mi última esperanza. — El hombre suspiró apesadumbrado.
―Ya me lo habían comentado… Había escuchado algunos rumores, pero no comprendo que tan difícil puede ser… Por lo que leí en el informe que me envió, sólo se trata de un trastorno esquizoafectivo…— reflexionó con tono preocupado.
―Puede que eso suene fácil, pero le advierto que todos los colegas que han trabajado en este caso, han renunciado de forma imprevista…— dijo el director con aire sombrío.
―No comprendo, Director Cowell…
―Se volvieron locos, literalmente―soltó con ironía―. Salieron corriendo de aquí, diciendo que jamás volverían a pisar un hospital psiquiátrico o que dejarían de ejercer su profesión… El último médico que intentó tratarlo duró una semana…— El rubio miró al director con cara de "esto es una broma", pero notó rápidamente que el hombre hablaba muy en serio—. Puede comenzar a trabajar ahora mismo. Mañana ya empezará con los demás casos. Le pediré a su asistente que le entregue la ficha del paciente y lo lleve hasta ella— dijo poniéndose de pie para invitarlo a salir de la oficina, dejando al joven médico al borde de la duda: ¿tan peligrosa era su nueva paciente o sólo era una especie de broma de mal gusto?
―De acuerdo.
El muchacho se levantó y lo siguió a través de la puerta, por unos pasillos angostos a la sala de médicos, donde estaba su casillero y el resto de los hombres y mujeres que allí trabajaban. Entre la gente que había, Will pudo distinguir a una muchacha rubia con delantal blanco, que buscaba en un estante las fichas de los pacientes, suponiendo, en seguida, que esa doctora era de su misma especialidad.
El hombre mayor llamó a la joven que Will miraba, su nombre era Regina, la que volteó a mirar buscando el origen de la voz que pronunciaba su nombre, a la vez que arrojaba al suelo varios papeles. Will se acercó a ella para ayudarla.
―¿Usted debe ser William Stephenson?— Yuki asintió—.Estaba buscando la ficha de tu nueva paciente y no la encontraba por ningún lado, pero ya la tengo. — La mujer le entregó el papel, mientras el moreno dejaba sobre la mesa las hojas que habían caído.
―¿Serás mi compañera, verdad?— preguntó desinteresado ojeando el expediente.
―¡Sí! Espero que tenga mejor suerte que el médico anterior que estuvo con Nicoletta.
―No te preocupes… Sé hacer bien mi trabajo…— Regina miró al nuevo de pies a cabeza. Se notaba que el muchacho tenía dinero, su apariencia en sí decía que venía de una muy buena familia, además era guapo y elegante, un verdadero adonis, pero por alguna razón, se mostraba frío y distante—. Déjame leer la ficha y cuando termine te busco para que me lleves con la paciente, no sé muy bien dónde queda.
―¡Vale! Iré a hacer otras cosas por mientras. Si me necesitas estaré en el jardín. — Will asintió sin ánimos y, luego de varios minutos mirando a la nada, por fin quedó absolutamente solo en la sala.
Ficha Médica Nº 126
Nombre : Nicoletta Williamsom.
Fecha de nacimiento : 16 de abril
Edad : 19 años
Sexo : Femenino.
Años interno : 3 años
Diagnóstico : Trastorno Esquizoafectivo
Descripción: Las causas de su enfermedad mental son completamente desconocidas. Presenta cuadros psicóticos, actitudes bipolares altamente depresivas y, proyecta una imagen materna sobre un peluche que tiene consigo. Por alguna razón ha impedido la aplicación de los tratamientos, por lo que se encuentra aislado y se le prohíbe estrictamente el contacto con otros pacientes. Se desconoce su antipatía hacia los médicos tratantes.
Will continuó ojeando el expediente, aún preguntándose qué tan peligroso y difícil sería curar a su paciente esquizofrénica, más si se trataba de una enfermedad que había tratado con éxito en varias oportunidades. Confiaba plenamente en sus conocimientos y en su profesionalismo, estando seguro que sus colegas anteriores no eran más que una manada de incompetentes. Cerró el documento confiado y con él salió del salón rumbo al jardín en busca de Regina.
Cuando llegó a ella, la divisó cerca de una fuente de agua junto a varios internos, haciendo juegos sin sentido para entretenerlos y así evitar que se pelearan. El médico llegó junto a ella con paso cauteloso, no deseaba interrumpirla pero, curiosamente, estaba muy ansioso por conocer a Nicoletta, a pesar de todas las advertencias. Regina vio al rubio acercarse, saliendo a su encuentro en seguida, no sin antes encargarle a otro muchacho que cuidara de los enfermos.
―¿Está listo?— consultó con tono ingenuo al doctor, el que sólo asintió—. ¡Bien! ¡Sígueme!— le ordenó mientras caminaba en dirección al edificio del hospital.
Caminaron por un ancho pasillo hasta llegar a las escaleras, subiendo una por una hasta el tercer piso. Todo el lugar olía a hospital, todo pintado y ornamentado con un blanco radiante. El pasillo estaba despejado, no era como los hospitales normales, pues no habían mesas ni camillas ni carros de aluminio con utensilios médicos, sólo se observaban puertas y más puertas a ambos lados del pasillo, todas del mismo color de las murallas: blanco.
Avanzaron hasta la cuarta puerta del lado izquierdo. Regina sacó las llaves de uno de los bolsillos de su delantal y, antes de abrir, dejó que el médico mirara a través de la ventanilla de la puerta. Will se acercó al vidrio y escudriñó con la mirada cada rincón de la habitación acolchada: allí estaba su paciente, sentada en un rincón del lugar, abrazando algo que Will identificó como el peluche mencionado en el expediente.
Regina abrió la puerta, pidiéndole al doctor que esperara un momento antes de entrar, para primero, asegurarse de que "Nicca" estuviera de ánimo para recibirlo. Ingresó de forma sigilosa para no llamar la atención de la chica, quien apenas sintió la puerta abrirse, pero que sí notó la presencia de la enfermera. Alzó la mirada con parsimonia y contempló por unos momentos a la mujer que se le acercaba.
―¡¿Nicca?— llamó simulando calma. La rubia la ignoró bajando la mirada—. Tu nuevo médico está aquí. ¿Le haré pasar, de acuerdo?— No recibió respuesta. Regina suspiró y volvió junto a Will.
―Me ignoró rotundamente— susurró Regina —. Pero no parece estar de mal humor. Tenga cuidado— le dijo en tono preocupado.
―No te preocupes. Sé tratar con este tipo de personas…
―De todas maneras, le dejó unos calmantes— le extendió una jeringa y un frasquito etiquetado junto a las llaves—. ¡Suerte!— Will sonrió calmado y guardando los objetos, ingresó al cuarto con cautela cerrando la puerta tras sí con llave.
"Aquí viene el nuevo", pensó la rubia sin quitarle la vista de encima a su peluche. "Pobre, no sabe lo que le espera… haré que se arrepienta de haber aceptado el trabajo", Nicca continuó hablando para sus adentros moviendo las manitas del peluche, sin tomar en cuenta que su nuevo médico estaba sentado frente a ella, observándole detenidamente. Cuando comenzó a sentirse incómoda con la penetrante mirada del moreno, se atrevió a dirigirle la palabra.
―¡¿Qué miras?— dijo por fin con cierta insolencia, esperando algún tipo de reacción por parte del doctor, a quien aún no se atrevía a mirar.
Will no respondió, de hecho sólo se había dedicado a mirarle y no había puesto atención a sus palabras. Por lo que veía, Nicca demostraba menos edad de la que tenía, en realidad parecía una niña; sus cabellos eran brillantemente rubios y estaban esparcidos desordenadamente por su cabeza. Por lo que podía apreciar era bastante delgada y al parecer no muy alta, tenía un aspecto bastante aniñado y sus ojos aún no podía verlos. Esto lo hizo sentirse inquieto, surgiendo en él la necesidad de poder contemplar los ojos de su paciente.
―¿Te llamas Nicca, no?— La chica le ignoró, acercando el peluche a su boca para susurrarle. Will miró extrañado la acción, parecía que su paciente hablaba con el conejo de peluche.
―A mamá no le agradas…— dijo al fin levantando la vista, encontrándose con la belleza del moreno.
Tanto Will como Nicoletta se quedaron pasmados observando al otro, como si hubiesen encontrado un tesoro invaluable. El médico contempló extasiado las profundas orbes violáceas que adornaban el rostro de la muchacha, sintiéndose, por un momento, volar entre las nubes gracias a la extraña belleza de la rubia, la cual de forma inesperada había cautivado sus sentidos.
Nicca, en cambio, observó los ojos azules del moreno y deseó perderse en ellos, pensado para sí que jamás en su vida había visto algo que se le equiparase. "Es guapo… parece un ángel", pensó la chica para sus adentros.
―¿Quién es mamá?— preguntó confundido poniendo los pies en la tierra, otra vez. Nicca volvió en sí y, a modo de respuesta, indicó al peluche en sus manos—. ¿"Eso" es tu mamá?— Will indicó el conejo rosado.
―No le digas "eso". ¡Es mi mamá!— le recriminó.
―Pero es un peluche… un conejo de peluche— dijo con ironía, esperando ver la reacción de la muchacha.
―¿Eres tonto?— inquirió con plena confianza en lo que diría—. ¡¿No ves que no es un peluche? Es mi mamá, no la insultes. Además, a ella no le agradas y a mí tampoco. — El médico sonrió ante la explicación de la chica, aunque, ciertamente, le causó risa el hecho de tratarlo de tonto por no darse cuenta que era su mamá y no un peluche, se había contenido las ganas de reír a carcajadas, pero ya estaba acostumbrado a los disparates que hablaban los enfermos mentales.
―¿Y por qué no le agrado si ni siquiera me conoce?— preguntó tratando de entrar en el juego
―Porque cree que eres igual de inepto que los demás médicos.
―Dile que en eso se equivoca… no soy ningún inepto. — Nicca le miró con desconfianza—. Seré el último médico que te controle. Te lo aseguro…— La rubia no respondió. Miró al conejo por unos instantes mientras pensaba en la posibilidad de hacerle tragar sus palabras al moreno. Hasta ese momento nadie había podido curarle y él no sería la excepción.
―¿Quieres ser mi amigo?— preguntó con cierta inocencia—. Nicca nunca ha tenido un amigo… sólo tiene a Mamá. — Sus palabras tomaron por sorpresa al médico—. No me gusta estar sola…— Will notó como unas pequeñas lágrimas caían por los bellos amatistas de Nicca. Hace algunos momentos no era más que un cría engreída y ahora lloraba casi como Magdalena. No se sorprendió por ello, después de todo, la chica era bipolar y al parecer padecía algún tipo de trastorno de personalidad.
―No hay problema si empezamos siendo amigos. — Will sonrió cordialmente mientras tomaba a la chica en brazos, quien hecha un ovillo, se acurrucó en su pecho como un gatito. "Que tonto", pensó Nicca refiriéndose al moreno, escondiendo su cara entre el blanco delantal del mayor.
―¿Puedo decirte hermano?
―¿Eh?— Will le miró un tanto descolocado por la pregunta
―Es que yo…— Nicca bajó la cabeza apenado tratando de encontrar una explicación para su pregunta.
―Está bien, no es necesario que des explicaciones… Entre más nos familiaricemos será mejor para ambos.
―Ya veo… entonces, ahora serás mi hermanito— exclamó llenó de alegría, apartándose del regazo del rubio a la vez que repetía una y otra vez su nuevo "nombre" en distintos tonos para ver cómo sonaba mejor—. ¡Hermanito! ¡Hermanito! ¡ito! ¡ito! ¡Hermanito! ¡Hermanito! ¡ito! ¡ito!
―Ya basta— pidió con calma llevándose una mano a la cabeza.
―¡Hermanito! ¡Hermanito! ¡ito! ¡ito!— canturreaba felizmente mientras se movía de lado a lado, sentada con las piernas cruzadas y con Mamá tirada junto a ella. Will miró el conejo y lo tomó acariciándolo con cierta ternura.
―¡Nicca, Mamá dice que te calles!— probó callarla nuevamente y esta vez obtuvo resultados, pues la chica se detuvo al instante y en un abrir y cerrar de ojos le arrebató el peluche y se acurrucó con él en la esquina más lejana al moreno.
Will miró la acción de Nicca con plena extrañeza. Respiró hondo y sin decir nada más salió de la habitación por unos momentos. Necesitaba tomar un poco de aire y analizar su primer encuentro con la supuesta "conflictiva" paciente...
Sin embargo, todo indicaba que su estadía en el hospital iba a ser una muy larga temporada...
―¿Mamá?— llamó bajito mirando al peluche—. Él no parece mala persona... y es guapo... ¿Crees que debemos darle una oportunidad?— Miró al conejo expectante a la espera de una respuesta, para después continuar— Tienes razón, lo pondremos a prueba...
Tras salir de la habitación caminó lo más rápido que pudo hacia la cafetería: necesitaba un café y un cigarro urgente. En el camino, trataba de analizar el extraño comportamiento de la rubia, llegando a la conclusión de que su enfermedad mental era más complicada de lo que pensaba, aunque sólo se trataba de la primera impresión y, por supuesto, Will no tenía idea de todas las sorpresas que se llevaría con el paso del tiempo.
Al llegar a la cafetería, pidió a la camarera que atendía que le sirviera un café bien cargado y sin azúcar, mientras él esperaba con un cigarro. Pronto le entregaron el brebaje y así, con su café, se dio un pequeño descanso después de ese "extraño" encuentro con Nicca.
"Espero no terminar loco", se dijo para sí después de un rato de reflexión, en donde se preguntaba una y otra vez porqué había decidido ser médico psiquiatra. Sorbió un poco de café disfrutando su suave aroma, buscando disipar las dudas de su cabeza, mientras sus pulmones se deleitaban con el tóxico humo de sus amados cigarrillos mentolados. Estaba en eso, ignorando al mundo, cuando apareció Ulliel en la cafetería, mostrándose alarmado y un tanto desesperado; más bien, afligido. Como león furioso, caminó rápidamente hacia el rubio, con el ceño fruncido y un aura irritada, deteniéndose frente a él con los brazos cruzados a la altura del pecho.
―¡¿Qué le hiciste a Williamsom?— dijo con voz grave.
―Nada que yo sepa— mintió con tranquilidad bebiendo las últimas gotas de café.
―¡Te vengo a informar que Williamsom ha tenido un ataque de histeria y tuvimos que doparla mientras tú estás tranquilamente tomando café! ¿No se supone que eres su médico?— Will alzó una ceja en señal de incomprensión. Si recordaba bien, cuando salió de la habitación, la ruba se había aislado en un rincón junto al peluche y ni siquiera se inmutó cuando le dejó. Entonces, ¿qué le había pasado?
Sin hacer comentarios, dejó la taza sobre la mesa y apagó el cigarro, se levantó con plena tranquilidad y se dirigió hacia la salida rumbo a la habitación de la niñata. Necesitaba saber qué mierda le había pasado, por lo menos para tener una idea de qué hacer cuando la rubia despertara. El estado mental de su paciente lo tenía intranquilo, estaba claro que su tarea de "curarle" no sería nada fácil, a menos que descubriera el origen del problema. Por el momento, sólo tenía claro que la chica necesitaba compañía y algo de cariño.
Tras avanzar por los largos pasillos desiertos, llegó a la sala. Allí estaba Nicca acostada en el suelo abrazando su peluche siendo tapada con una manta que le cubría poco más de la mitad del cuerpo. La observó por unos instantes desde afuera y, luego, se decidió a entrar.
Abrió la puerta con mucho sigilo y, así mismo, la cerró, acercándose lentamente hacia Williamsom. Una vez a su lado, tomó asiento muy cerca de ella y se quedó contemplándole estupefacto.
Realmente, Nicca era una muchacha bastante guapa. Tenía un rostro hermosamente angelical mientras dormía, notándose desde lejos, que sólo se trataba de una niña inocente e ingenua. Pero ¿qué le había llevado a ese estado tan deplorable?
Acarició suavemente los cabellos rubios mientras trataba de responder esa pregunta, resignado a esperar pacientemente a que la verdad saliera a la luz. Se quedó impávido por varios minutos contemplando el rostro de Nicca, perdiendo la noción del tiempo.
Luego de un rato, miró el reloj impaciente calculando el tiempo que la rubia dormiría de acuerdo a la dosis dada, lo que daba como resultado unas dos horas o menos. Se levantó decidido para salir de ahí, pensando en que debería preparar unos cuantos exámenes para ver el deterioro mental de Williamsom. También tenía que revisar los expedientes de sus demás pacientes.
Volvió a la sala de médicos con relativa calma, haciéndosele difícil mantenerse tranquilo, sabiendo que aquella chica padecía un extraño trastorno con una causa inexplicable y, que además no tenía cura aparente.
Buscó su bolso en el casillero que le habían indicado a su llegada y de allí sacó su portátil, con el fin de hacer un pequeño registro de su primera impresión de Nicoletta al cabo de su primer encuentro. Esto era una rutina que solía hacer con todos sus pacientes.
En un documento Word registraba día a día los sucesos ocurridos con los enfermos que trataba, dando su impresión al respecto con el fin de sacar conclusiones una vez avanzado el tratamiento.
Anotó los datos del expediente de Nicca y, más abajo, redactó sin omitir detalles el primer encuentro, poniendo especial énfasis en las actitudes de ésta, agregando cuidadosamente cada una de sus opiniones y conclusiones, mientras escudriñaba en los rincones más profundos de sus conocimientos para hacer, en un primer momento, un breve psicoanálisis de la mente de la rubia.
Revisó los archivos en los que tenía varios test y pruebas psicológicas que seguramente le servirían más adelante, y una vez que releyó su "versión de los hechos", concluyó que Nicoletta necesitaba –por ahora- alguien que le escuchara y con quien pudiese hablar sin problemas. Nicca necesitaba alguien que lo quisiera, le demostrara cariño y le comprendiera.
En eso estaba cuando su compañera, Regina, ingresó a la sala. Ella, con su aire juvenil y entusiasta, llegaba para informarle que Nicca estaba consciente y aparentemente dócil, agregando que la paciente se había dado el lujo de corretear y saltar por el cuarto feliz de la vida, como si nunca hubiese tenido una crisis mental. Will suspiró pesadamente y, con algo de cansancio, miró de reojo el reloj en la pantalla: habían pasado casi tres horas desde que comenzó a escribir el expediente. ¡Qué rápido pasaba el tiempo en ese lugar! En dos horas más podría ir a casa y descansar.
Cerró la computadora sin hablar y tras guardarla, decidió ver a Nicca por última vez antes de irse a casa. Dejó a Sound en la sala y se encaminó por si sólo hasta la habitación, encontrándose con la rubia en un rincón, hablando animadamente con el peluche, mientras se reía a ratos con mucho ánimo.
Para no interrumpir, Will abrió la puerta sigilosamente esperando no llamar la atención de la chica, lo que fue imposible, puesto que apenas giró la perilla Nicca ya había notado su presencia. Cuando ingresó, buscó a Nicoletta en el rincón y se encontró con las bellas perlas amatistas que le miraban fijamente sin mostrar emociones.
Will se quedó inmóvil por unos instantes, atento a cualquier movimiento que ella pudiera realizar. Se sentía incómodo con esos ojos profundos y penetrantes escudriñando descaradamente su persona, teniendo la impresión de que aquellos ojos eran capaces de ver en los más profundo de su ser. Se quedó hipnotizado mirando a la muchacha, pero algo le hizo volver a pisar tierra. Cuando salió de su trance, estaba tirado en el suelo con Nicca encima.
―¡Hermanito!— La rubia se había abalanzado sobre él sin previo aviso, tumbándolo al suelo de golpe. Menos mal que la habitación entera estaba acolchada, de lo contrario, el golpe habría dolido bastante.
―Nicca, me estás aplastando. — La chica se hizo a un lado para que el moreno pudiera levantarse, sentándose con las piernas cruzadas —. ¿Cómo te sientes?— Will se incorporó imitándola, quedando sentado frente a ella.
―¡Feliiiiz!— exclamó con una hermosa sonrisa en los labios mientras se balanceaba de un lado a otro.
―¿Por qué? ¿Se puede saber?— preguntó simulando interés.
―Mmm… ¡Nop!— contestó con voz aniñada—. Es un secreto entre mamá y yo— canturreó, sacándole la lengua al doctor.
―Bueno, si no quieres decirme no importa. Pero de ahora en adelante tendrás que confiar en mí y contarme todo lo que te pasa o sientas sin omitir nada, de lo contrario no podré ayudarte. ¿De acuerdo?— Nicca asintió animadamente, sonriéndole.
―¿Nee, Hermaniro? ¿Cómo te llamas? ¿Tienes diminutivo?— preguntó apenada juntando juguetonamente sus dedos índices, mientras se recriminaba por ser tan olvidadiza y no haber hecho esas pregunta antes.
―William Stephenson, pero dime Will. Mi madre algunas veces me llama Snow, porque soy muy paliducho.—dijo él con una gran sonrisa
―¿Nieve? ¿Por qué nieve?— Puso cara de no entender, pero antes de que el moreno intentara darle una explicación, ella abrazó sus rodillas y se largó a llorar desconsolada—. Nicca no conoce la nieve…— dijo entre sollozos escondiendo su rostro a más no poder entre sus rodillas, apretando de paso, al peluche que descansaba sobre su abdomen.
Will se sintió algo incómodo con la rara confesión que claramente no venía al caso. Era cierto que su apodo significaba nieve y que le habían puesto así debido a su belleza y frialdad, pero no pensó que ese diminutivo maternal fuera a causarle a la rubia semejante crisis de llanto. Tal vez, el encierro prolongado y la falta de contacto con otras personas, hacían de Nicoletta una persona tremendamente sensible y de carácter volátil.
―Nicca siempre está encerrada aquí… ¿Por qué no puedo salir?… Mamá no entiende por qué no puedo salir… Es injusto— sollozó con la voz quebrada, abrazando sus piernas lo más que podía.
―Si te portas bien, te llevaré a conocer la nieve y te dejaré salir— dijo el médico, buscando con ello detener el llanto de su paciente. Nicoletta dejó de llorar sorpresivamente, limpió sus lágrimas con las mangas de su camisa de dormir y miró a su doctor con ojitos de cachorrito.
―¿Lo prometes?— le preguntó a Will, con aire esperanzado, quedándose expectante para ver que el chico asintiera en forma silenciosa. Will se acercó a Nicoletta un poco más para acariciar sus rubios cabellos y desparramarlos juguetonamente, logrando que ella le dedicara una amplia y hermosa sonrisa.
Sin embargo, a pesar de que Nicca se mostrará dócil y amigable, su mente le repetía a gritos su más grande objetivo… "Te haré la vida imposible, William Stephenson. De aquí no saldrás como llegaste…Tu reputación y tu vida están en mis manos", pensaba para así, mientras se dejaba acariciar…


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